La Justicia de Brasil decretó un alto el fuego en la feroz lucha por la destitución de Dilma Rousseff al suspender por una semana el inicio del proceso, pero la maniobra alarga el trámite y puede desgastar aún más a la mandataria. “El juego se paró y el gobierno terminó con una importante victoria”, dijo ayer Sibá Machado, líder del bloque de diputados del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) de Rousseff.
Los inversores, en cambio, no piensan igual. La Bolsa de San Pablo cerró en alza de 3,75%, alentada por lo que varios operadores interpretan como una posibilidad de un desgaste de Rousseff si el procedimiento de destitución se prolonga, después de que la Corte Suprema decidió suspenderlo durante una semana.
El gobierno quiere zanjar el asunto a su favor lo antes posible, eliminando el receso de verano en el Congreso y evitando así que crezca la insatisfacción popular en las calles contra la mandataria, cuya popularidad es de apenas 10%. El mercado considera que Rousseff ya no tiene capacidad política para enfrentar la mayor recesión en décadas, y ya apuesta a un nuevo gobierno encabezado por el vicepresidente Michel Temer, de quien la presidenta está distanciada.
Apoyo del mercado a Temer
“El mercado está manifestando su apoyo a la destitución porque entiende que con la salida de Rousseff y la asunción de Temer habría cambios”, dijo Alex Agostini, economista jefe de la calificadora brasileña Austin Rating.
Ayer fue otro día de malas noticias económicas para el gobierno: la inflación de los últimos 12 meses cerrados en noviembre fue de 10,48%, alcanzando los dos dígitos por primera vez en 12 años y la mayor desde 2003.
A solo 11 meses de haber ganado su segundo mandato Rousseff sobrevive en medio a la recesión y escándalos de corrupción que llevaron a la cárcel a decenas de políticos oficialistas y de la coalición, banqueros y empresarios.
La mandataria ya sido blanco de protestas callejeras y para este domingo están programadas manifestaciones en decenas de ciudades del país a favor de su destitución, promovidas en las redes sociales por grupos que se dicen hartos de la corrupción y las penurias económicas.
La presidenta no ha sido alcanzada directamente por los escándalos de corrupción.
El pedido de destitución presentado en su contra por tres abogados le acusa de haber maquillado las cuentas públicas en 2014 y 2015 y de haber ordenado aumentos de gastos que requerían permiso previo del Congreso.
Rousseff niega la acusación, considera improcedente el impeachment y dice que está siendo blanco de un "golpe".
La mandataria está distanciada de su vicepresidente Temer, líder del PMDB, que en una carta enviada el martes le reprochó haberlo convertido en "vicepresidente decorativo" y de no tenerle confianza.
La señal de fractura entre ambos tuvo su correlato cuando diputados del poderoso PMDB de Temer se sumaron a una lista opositora que conquistó por voto secreto 39 de los 65 cargos en una comisión de diputados que propondrá al plenario archivar o proseguir el juicio político.