La Iglesia Católica celebró este miércoles cincuenta años de la histórica declaración “Nostra Aetate”, que cambió la relación con los judíos tras siglos de antijudaísmo y acusaciones de ser el pueblo deicida.
La Iglesia Católica celebró este miércoles cincuenta años de la histórica declaración “Nostra Aetate”, que cambió la relación con los judíos tras siglos de antijudaísmo y acusaciones de ser el pueblo deicida.
El papa Francisco dedicó la tradicional audiencia general en la plaza de San Pedro a recordar ese documento clave para la historia de las religiones, aprobado al término del Concilio Vaticano II, el 28 de octubre de 1965 y promulgado por Pablo VI.
“El mundo nos mira a nosotros, creyentes, y nos pide un diálogo interreligioso abierto y respetuoso”, reconoció Francisco ante los 150 líderes de comunidades judías de todo el mundo que asistieron a la audiencia en representación de más de 14 millones de judíos repartidos en todo el planeta.
Ante ellos, Francisco hizo un llamamiento “a colaborar” para acabar con el hambre, la miseria, la crisis ambiental y la violencia, “en particular la cometida en nombre de Dios”, dijo.
"Fue un milagro"
En total 2.221 obispos, patriarcas y cardenales de todo el mundo adoptaron hace medio siglo el innovador documento, promovido por Juan XXIII, quien en 1959 decidió eliminar la referencia a los “pérfidos judíos” de la liturgia del Viernes Santo, dando inicio a un proceso para revisar las enseñanzas católicas sobre el judaísmo y los judíos. “Lo que ocurrió en 1965 con la declaración fue un milagro”, reconoció Ronald Lauder, presidente del World Jewish Congress, en una conferencia de prensa celebrada en Roma.
Lauder, quien fue recibido por el papa con el que conversó por media hora, subrayó que “las relaciones entre católicos y judíos, a todos los niveles, jamás habían atravesado una fase tan buena”.
El Concilio Vaticano II (1962-65) no sólo produjo un revolucionario “aggiornamento” (actualización) de la Iglesia, reconciliándola con el mundo contemporáneo, sino que cambió totalmente la perspectiva con respecto al pueblo judío y a Israel.
Ese proceso culminó con el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Israel y la Santa Sede y la histórica primera visita de un Papa a una sinagoga desde los tiempos de San Pedro, con Juan Pablo II en 1986.
En esa visita, el Papa polaco pronunció una frase histórica, llamando a los hebreos “nuestros hermanos mayores”.
Si bien los párrafos más largos y más importantes de “Nostra Aetate” se refieren a los judíos, la declaración establece nuevas bases con los musulmanes, los budistas, los hindúes y demás creyentes de otras religiones no cristianas.
“De enemigos y extraños nos convertimos en amigos y hermanos”, comentó Francisco, quien citó también a los seguidores del Islam.