La caída del Muro de Berlín es uno de los acontecimientos de política internacional más trascendentales desde 1945, de gran impacto mediático y simbólico. Pero fundamentalmente significó dos cosas: el ocaso de una forma de interpretar el mundo y el fin de un período de relativa estabilidad, y el comienzo de uno muy turbulento.
Entre los días 9 y 10 de noviembre de 1989 desaparece una comprensión simplista del mundo, maniquea y binaria; dos visiones del hombre y de la sociedad diametralmente diferentes, representada por los bloques capitalista (EEUU) y comunista (URSS) enfrentados en un bipolarismo rígido (Guerra Fría).
Ese hito marcó el fin de las coordenadas mentales que nos servían para ubicar cada cosa en su lugar. Significó, por lo que vendría, que la variable ideológica no era la única explicación del mundo. El mundo se volvió más confuso.
Se creyó que era el “fin de la Historia”, porque la humanidad había llegado a la adultez con el triunfo definitivo de la democracia y el capitalismo*. Nada más errado.
Es el fin de un período de relativa estabilidad**. La dinámica del enfrentamiento entre los bloques, que ordenaba el mundo, tenía sus válvulas de escape de las tensiones acumuladas, en la periferia del mundo y por terceros Estados. El centro del sistema -América del Norte, Europa y el espacio soviético- era relativamente estable. Hoy casi todo el mundo es un escenario de conflicto.
Su influencia fue positiva en el ámbito europeo. Liquidó el orden de postguerra y fue determinante para la reunificación alemana. Permitió la incorporación de la Europa del Este a “Occidente” (ampliación de OTAN, EU, etc).
Pero derrumbó los intentos reformistas de Gorbachov, de un “socialismo de rostro humano”, de la Perestroika y la Glasnost y determinó el fin de la URSS (1991).
La euforia inicial, que permitió un breve unipolarismo de los EE.UU., duró poco; quizá hasta el atentado de las Torres Gemelas (11/09/2001). Fue claro que no habría un “nuevo siglo norteamericano”
Pronto emergieron en todo el orbe poderosas fuerzas contenidas: el nacionalismo, la religión, la etnia, el fundamentalismo, etc. Se produjo un fenómeno de proliferación estatal y de arsenales nucleares. Se empezó a hablar de “guerra preventiva” y de “guerras de baja intensidad”, etc.
Determinó a la China comunista, que ya había reprimido las protestas democráticas (Tiananmen) a encarar urgentes reformas capitalistas.
Fue un acontecimiento prometedor, que conmovió el mundo de las ideas y la vida material, que generó muchas expectativas no cumplidas. Hoy el mundo es más conflictivo y confuso. Por ello, decimos de la euforia a la decepción.
*Así el politólogo norteamericano, Francis Fukuyama, según su famoso ensayo El fin de la Historia y el último hombre (1989). Se refería a la "Historia" como proceso único, evolutivo y coherente (Hegel) y la satisfacción de las necesidades humanas por medio de la ciencia.
**Decimos estabilidad a nivel sistémico, que no pacífico. Hubo tres grandes guerras "ideológicas" (Corea, Vietnam, Afganistán) y graves crisis (el aislamiento de Berlín y la crisis de los misiles en Cuba). Aún persiste el conflicto del Oriente Medio.
Rodolfo Vacarezza
Licenciado en Relaciones Internacionales