18 de enero de 2026 - 00:34

Junín coronó a Mara Valentina Lizana Muñoz como su reina de la Vendimia en una noche memorable

“El Milagro que Florece”, un espectáculo de gran despliegue artístico y emotivo, celebró la Vendimia con una puesta que combinó tecnología, tradición e identidad. La velada culminó con la actuación del histórico Dyango.

La noche vendimial de Junín no fue una más. Desde el primer acorde hasta el último aplauso, el departamento vivió una celebración que se desplegó como una crónica viva de su propia historia, marcada por el trabajo, la fe y la transformación de un territorio que supo hacer del desierto un jardín. En ese marco, Junín eligió a Mara Valentina Lizana Muñoz, de 20 años y representante de Ciudad, como su reina de la Vendimia y reafirmó, una vez más, su lugar protagónico dentro del calendario cultural de Mendoza.

La candidata de Alto Verde, Candela Caballero, fue electa virreina, mientras que Julieta Agustina Cónsoli, de Ingeniero Giagnoni, resultó electa reina del Encuentro de las Naciones.

El espectáculo central, titulado “El Milagro que Florece”, llevó el sello inconfundible de Pedro Marabini, quien desde hace años viene consolidando a la Vendimia de Junín como la segunda más importante de la provincia, solo por detrás del Acto Central. Incluso, para muchos, lo que ocurre en este escenario del Este mendocino no solo acompaña la tradición, sino que marca tendencias y abre caminos narrativos y estéticos que luego se replican en otras celebraciones.

Con una puesta en escena imponente, que integró recursos tecnológicos inmersivos con símbolos profundamente arraigados en la cultura local, la obra narró el pacto de sudor de generaciones enteras: hombres y mujeres que, con esfuerzo cotidiano, transformaron la aridez en fruto y el silencio del desierto en un jardín fértil. Todo comenzó en la penumbra de un escritorio, donde un Poeta —figura central del relato— buscaba palabras que parecían no llegar. La responsabilidad lo abrumaba: cómo contar 90 años de Vendimia sin repetir lo ya dicho, cómo encontrar algo nuevo en una historia tan narrada.

Fue entonces cuando irrumpió el Viento, ese viajero eterno de los viñedos cuyanos, para recordarle que la memoria de un pueblo no es un recuerdo quieto, sino un fuego que se renueva en cada cosecha. Desde ese diálogo íntimo se abrió el relato y el escenario se transformó en un lienzo vivo que fue llevando al público al corazón mismo de la greda, allí donde el desierto dormido despertó con el milagro de una sola gota de agua.

Las pantallas y la danza guiaron la mirada hacia los pueblos originarios, el coraje de la patria gaucha y la gesta libertadora. Bajo la sombra simbólica del histórico Molino y la Posta del Retamo, la figura de San Martín apareció no solo como prócer, sino como parte de un suelo que le dio impulso para liberar un continente. Ese mismo impulso se fortaleció con la llegada de los inmigrantes, representados en escena por valijas que no solo contenían ropa, sino semillas de una fe inquebrantable y el idioma universal del trabajo.

junín 1

La historia, sin embargo, no eludió las dificultades. El Poeta narró la lucha incansable contra las adversidades: el azote de la piedra, el silencio azul de la helada, los tiempos de incertidumbre que pusieron a prueba el temple de un pueblo que nunca dejó de intentarlo. Cada cuadro reforzó la idea de que nada fue sencillo, pero que ante cada obstáculo emergió la unidad como respuesta. La oración a la Virgen de la Carrodilla, cargada de emoción, sintetizó esa mezcla de angustia y esperanza que acompaña cada vendimia.

Con más de 300 artistas en escena, músicos y bailarines en vivo, el tramo final fue una explosión de identidad. El Junín actual se mostró como un oasis vibrante, donde trabajo, paisaje y comunidad celebraron lo construido. La vendimia se honró con música, danza y vino compartido, hasta convertirse en un latido colectivo. El Viento, ya sin irrupciones dramáticas, pasó a ser brisa y caricia, paisaje y pertenencia. Donde hubo desierto, quedó claro, hoy hay jardín.

En ese clima de emoción y orgullo, llegó el momento más esperado: la elección de la nueva reina departamental de la Vendimia. La presentación de las candidatas se integró al relato como parte de una historia mayor, con una estética de vino y oro que elevó el tono de la noche a una verdadera gala histórica. No fue un acto aislado, sino la continuidad de un ritual que une pasado, presente y futuro.

El cierre de la velada estuvo a la altura de lo vivido. La actuación de Dyango, histórico referente de la música romántica, le puso voz a la nostalgia y al aplauso sostenido de un público que no quería que la noche terminara. Su presencia coronó una fiesta que había transitado por la épica, la memoria y la celebración popular.

“El Milagro que Florece” dejó en claro que Junín es un jardín forjado por la voluntad colectiva. Un pueblo que abraza su sacrificio para transformarlo en fiesta, que hace del esfuerzo cotidiano una celebración compartida y que confirma, vendimia tras vendimia, que la unión y la esperanza siguen siendo las únicas tintas capaces de escribir el futuro.

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