Los diez internos del Penal Cordillera eran controlados por 35 gendarmes y vivían en cinco cabañas en medio de áreas verdes, con baño privado, agua caliente, cancha de tenis, churrasqueras, bastante luz natural y equipadas con electrodomésticos.
Los diez internos del Penal Cordillera eran controlados por 35 gendarmes y vivían en cinco cabañas en medio de áreas verdes, con baño privado, agua caliente, cancha de tenis, churrasqueras, bastante luz natural y equipadas con electrodomésticos.
Recibían dietas diferenciadas dependiendo de sus requerimientos de salud, tenían acceso a música, radio, televisión, y contacto permanente con sus familias, según un reciente informe de la fiscal judicial de la Corte de Apelaciones de Santiago, María Loreto Gutiérrez.
La situación de los reos militares contrasta con la del resto de la población penal chilena, de 53.000 reclusos, con una tasa de hacinamiento que supera el 70%.
Según cifras del Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior, a septiembre de 2011, en Chile había 40 generales procesados o condenados de todas las ramas castrenses, 82 coroneles, 42 mayores y 338 suboficiales.