Fue un luchador apasionado y de gran coraje hasta el último instante de su vida. Ciertamente, ha marcado una etapa de la política de su país y de la región.
Fue un luchador apasionado y de gran coraje hasta el último instante de su vida. Ciertamente, ha marcado una etapa de la política de su país y de la región.
Fue producto de una profunda crisis de representación de la democracia venezolana y expresó e interpretó a los sectores más humildes y marginados de Venezuela.
Lamentablemente, no aprovechó suficientemente los grandes recursos que la producción de hidrocarburos en Venezuela puso a su disposición para impulsar una transformación productiva, que modernizara e integrara a su país, generando una inclusión social sustentable en el tiempo y más allá de su gestión y la de su fuerza política.
Tuvo un gran protagonismo global pero no pudo extender su influencia en la región.
Deja como herencia el afecto de un sector muy importante de su país y una organización importante de su fuerza política.
Marcó un sucesor en el vicepresidente Maduro y dejó Fuerzas Armadas que, al menos en sus cúpulas, tienen un compromiso político e ideológico más cercano al liderazgo del Presidente Chávez y su Socialismo del Siglo XXI que de la Democracia Venezolana como un Sistema Republicano y de balance de poderes.
Es de esperar que, sin perder la vocación por los más humildes, Venezuela marche hacia un funcionamiento político menos polarizado.
Son muchas las incógnitas que quedan sobre el tiempo que vendrá. Espero que la racionalidad, el pluralismo democrático y el respeto mutuo garanticen un proceso pacífico y fraterno en la sucesión política e institucional del liderazgo de Hugo Chávez.