2 de febrero de 2014 - 12:15

Una inédita polarización electoral en Costa Rica

Votarán unos 4,3 millones de costarricenses, quienes contarán en la oferta electoral con un inesperado candidato de izquierda.

Costa Rica

va a elecciones generales hoy bajo una polarización sin precedentes entre la derecha y la izquierda, pero con una cuota elevada de indecisos que podría llevar a una segunda vuelta con sorpresas.

El ex alcalde capitalino Johnny Araya, del gobernante

Partido Liberación Nacional

(PLN, derecha), y el joven diputado José María Villalta, del

Frente Amplio

(FA, izquierda), libran una cerrada disputa en la que uno u otro aparecen arriba o en empate virtual, según la encuesta.

Pero pisándoles los talones están el historiador Luis Guillermo Solís, del Partido Acción Ciudadana (PAC, centro) y el empresario Otto Guevara, del Movimiento Libertario (derecha).

Un caudal de indecisos, que en vísperas de la votación ronda el 30%, y lo dividido de las preferencias hacen muy probable una segunda ronda el 6 de abril si ninguno logra al menos el 40% de los votos, entre dos de esos cuatro candidatos, según las sondeos.

Unos tres millones de costarricenses están llamados a elegir al relevo de la presidenta Laura Chinchilla y a renovar el Congreso -57 diputados-, para gobernar por cuatro años este pequeño país centroamericano de 4,3 millones de habitantes, reconocido por su arraigo democrático.

En un país tradicionalmente conservador, la sensación de estos comicios fue el ascenso vertiginoso de la izquierda, al punto de amenazar a los partidos mayoritarios, sobre todo al PLN, que junto con el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC, conservador) dominó hasta hace poco la política costarricense por más de medio siglo.

Villalta, un abogado de 36 años que se dio a conocer en protestas en favor del ambiente y contra la corrupción, saltó de ser el único diputado del FA a candidato con opción de triunfo.

"Esto en Costa Rica es la cosa más atípica que jamás pudimos imaginar.

Villalta es el rostro de la protesta, el muchacho que le escupe la cara al poder en una sociedad molesta y desencantada. Es la razón de su crecimiento exponencial", afirmó el analista Víctor Ramírez.

Durante la campaña, Villalta fue blanco de acusaciones de sus adversarios, principalmente de Araya, que lo tildaron de "comunista" y de querer para Costa Rica la Venezuela de Hugo Chávez.

"Me dicen comunista porque no me pueden decir corrupto", se defiende Villalta, quien dijo no querer copiar modelos sino impulsar el "socialismo a la tica", de justicia social en democracia y con respeto a las libertades.

El nuevo presidente, que asumirá el 8 de mayo, debe encarar una economía asfixiada por un déficit fiscal del 5,4% del Producto Interno Bruto (PIB), un seguro social -pilar del sistema democrático costarricense- en crisis y el colapso de obras de infraestructura, como las carreteras.

Esta vez, más que nunca, el ambiente electoral se trasladó de las calles a las redes sociales.

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