30 de julio de 2015 - 00:00

Ignoran Francia y anhelan Gran Bretaña

Miles de inmigrantes viven hacinados en Calais, en el norte de Francia, sólo para dar el peligroso salto a Gran Bretaña atraídos por la lengua o las mayores probabilidades de encontrar trabajo.

“Lo británico significa libertad. Tenía una tienda de computadoras en Siria y quiero hacer lo mismo en Gran Bretaña”, dijo Bilal, un sirio de 29 años que lleva 17 días en Calais tratando, “cada noche”, de atravesar el túnel bajo el canal de la Mancha.

En vez de cruzar uno a uno, los inmigrantes se lanzan en grupos de miles a atravesar el túnel encaramados en trenes de carga y camiones. Es una travesía peligrosa: 9 personas han muerto en los dos últimos meses.

“La presión a la que estamos sometidos cada noche supera la que un operador puede razonablemente afrontar, y reclama una reacción apropiada de los Estados” de Francia y Gran Bretaña, dijo la empresa en un comunicado.

Tras haber alcanzado la Unión Europea por el Mediterráneo o la frontera este, los inmigrantes pueden desplazarse tranquilamente por los países del bloque que suscribieron el acuerdo de Schengen, que permite la libre circulación de personas.

Al llegar a Calais, el punto del norte de Francia mejor comunicado con Gran Bretaña, quedan bloqueados porque los británicos no se adhirieron a este acuerdo de sus socios europeos y todavía tienen controles fronterizos.

Aunque Gran Bretaña no es el primer receptor de demandas de asilo europeo -recibió 31.000 en 2014, una sexta parte que Alemania, primer país del mundo en solicitudes, según Eurostat-, su economía se ha convertido en un imán.

Se espera que su crecimiento sea de 2,6% este año, por 1,2% en Francia, y su desempleo es la mitad del de su vecino del sur (5,6% versus 10%). Además, parece más proclive a aprobar las demandas de asilo. En 2014 dio el visto bueno al 39%, por un 22% en Francia.

El idioma tiene un gran peso. Los inmigrantes quieren estar rápidamente en medida de integrarse para realizar los trámites y encontrar trabajo, y los principales países de origen de los demandantes -Eritrea, Paquistán y Siria- son buenos conocedores de esta lengua.

Philippe Mignolet, alcalde adjunto de Calais, dijo que hay un factor más importante que todos esos, “una política de inmigración británica que es grotesca, por no decir hipócrita”. “Los británicos dicen ‘no queremos inmigración’, pero no ponen ningún medio para combatir el trabajo en negro. Hay dos millones de personas que trabajan en negro en Gran Bretaña”, argumentó.

Hugo Tristram, encargado de los refugiados en la Cruz Roja británica, dijo que “los motivos de cada individuo son diferentes”.

“Uno de los grandes factores es la lengua, a menudo la gente tiene el inglés como segunda lengua y quieren ir a un país cuya lengua ya conozcan”, explicó, poniendo como ejemplo que lo mismo ocurre en Francia con sus antiguas colonias. Y luego, añade, están las leyendas, falsas, de que hay más ayudas sociales en Gran Bretaña, o de que el hecho de que este país no exija documentos de identidad sea más fácil camuflarse como inmigrante irregular.

Finalmente, Tristram cree que el problema de Calais se exagera. "La última cifra de inmigrantes esperando era de 5.000 personas", explicó.
Zoe Gardener, portavoz de Asylum Aid, una organización no gubernamental que ayuda a los demandantes de asilo, coincidió con Tristram: "No es exactamente toda África golpeando a nuestra puerta", dijo.

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