22 de noviembre de 2013 - 00:33

Una herencia de ideales pero de logros limitados

John F. Kennedy dejó una herencia política plena de esperanza e ideales todavía vivos, pero los historiadores destacan que detrás del poder seductor del personaje, el balance presidencial es magro.

Medio siglo después del magnicidio, la imagen dejada por este joven presidente lleno de vida, ícono político y cultural en una época en la que el país apenas salía de la angustia de la posguerra, es nueva y minuciosamente analizada.

En la elección de 1960, JFK se había impuesto como el profeta del cambio y para la generación del baby-boom que él inspiró, su presidencia encarna un período de grandes esperanzas, súbitamente destruida.

Kennedy no se convirtió en un viejo encanecido. Se mantuvo como el símbolo de la juventud perpetua y una promesa jamás opacada.

Para muchos continúa siendo el héroe valeroso de la Segunda Guerra Mundial, atlético y de sonrisa seductora, padre de familia y mujeriego, casado con la quintaesencia del glamour, o incluso el líder que evita a último momento una guerra nuclear durante la crisis de los misiles en Cuba.

Casi todos los presidentes estadounidenses que lo sucedieron invocaron su legado, destacando su retórica y seducción. Las teorías conspirativas, las revelaciones sobre sus célebres aventuras amorosas o sobre su frágil salud, cuando transpiraba energía, ayudaron a forjar su leyenda.

Otros historiadores valoran su legado en forma más crítica, separando sus realizaciones de esta imagen seductora que se empeñó en transmitir.

Jeffrey Engel, profesor de la Southern Methodist University de Dallas, estima que “el impacto de Kennedy sobre las generaciones actuales es mínimo”.

Si bien se puede decir que Kennedy puso en la agenda temas clave de los años 60 como las reformas sociales, fue su sucesor, Lyndon Johnson, quien las promulgó.

Kennedy permanecerá congelado en la historia, sin haber vivido el tiempo suficiente para ver sus logros relativizados por la perspectiva de los años.

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