3 de abril de 2016 - 00:00

Gustavo Fontana: “Una buena jugada es una experiencia estética”

En un mano a mano con Estilo, el director de la Orquesta Filarmónica de Mendoza habló sobre su gran pasión además de la batuta: la pelota.

Buenos Aires, 1977. Sobre las gradas de la cancha de Atlanta hay un niño de ocho años que intenta seguir la travesía de la pelota, especialmente cuando la maneja un jugador adolescente que ya está dando qué hablar. Lo sigue de acá para allá, clavándole la vista fascinada en los pies, que serpentean por toda la cancha.

Estaba acompañado por su papá, Luis Fontana, que también era jugador profesional, y en ese momento se acordaba de algo que le habían dicho poco antes: “Vamos a ir a ver a un pibito que la está rompiendo”. Claro, era Maradona.

“Tuve la fortuna de verlo jugar en Argentinos Juniors”, presume Gustavo Fontana, mientras espera su café en Mendoza, treinta y nueve años después.

Los recuerdos se le atraviesan entre palabra y palabra, porque a un director de orquesta rara vez lo citan para hablar de fútbol, y la charla lo obliga a ir en busca de cosas de las que no habla todos los días: cuando era niño él quería jugar a la pelota, como su papá. En su casa se respiraba fútbol, y parecía que también ése iba a ser su destino.

Pero ahora, aunque de vez en cuando va a ver a River con su hijo más chico, se la pasa lejos de las canchas. Y miren qué lejos: en lugar del césped, tiene que subir a podios, dibujar con una batuta figuras invisibles en el aire, y su oficio es llenar de nueva vida viejas partituras, la mayoría de más de un siglo.

“Yo había aprendido a jugar un poco, me encantaba, y quería dedicarme a eso. Aunque nunca fui muy bueno, le ponía garra. Si hubieras visto cómo corría y pateaba...”, comenta el maestro, que desde el año pasado dirige la Orquesta Filarmónica de Mendoza.

- ¿Cuándo dejaste de ver el fútbol como una posibilidad?

-El día que le pregunté a mi papá si yo jugaba bien, si creía que podía dedicarme a eso. Me contestó sin dudarlo: “No”.

- Lapidario…

- Sí, pero me dijo en seguida que lo mío era la música, y me apoyó siempre en eso. Por ejemplo, me acompañó todos los días, y durante siete años, a los ensayos del Coro de Niños del Teatro Colón, donde empecé a cantar. Después hizo lo mismo cuando empecé a tocar la trompeta y a dirigir.
Algún veterano del fútbol local quizás se acuerde de él: Luis Fontana jugaba en equipos de Primera B, y llegó a la cuarta especial de aquella época de River.

“El tema fue que, como había tantos jugadores en aquel tiempo, decidió dejar de jugar ahí y lo prestaron a la liga mendocina, en los ‘60. Y ahora, después de cuarenta años, la vida me trae de vuelta a estos lados”, reflexiona. Ahora tiene la cordillera de fondo todo el tiempo, y sus ojos parecen todavía los de un niño que se entusiasma cuando habla de su papá. Admiración profunda.

Gustavo ya no juega, quizás por falta de tiempo o por resignación, pero la pasión sigue intacta. El fútbol y la música son para a él como dos mundos paralelos pero parecidos, que de vez en cuando se cruzan. Es como si uno fuera la metáfora del otro: usa todo el tiempo el fútbol para explicar la música, y viceversa.

“La única diferencia es que en la música no se compite”, dice, y de hecho él describe su propio trabajo como el de un director técnico, que tiene que exprimir el máximo potencial de cada músico, algo que al sumarse con el conjunto deviene en el beneficio de todos. “Es un trabajo espiritual”, sintetiza.

Y cada vez que estudia una partitura, dice, es como si la tuviera “en custodia”, y lo único que se propone es serle fiel al compositor: no solo en las notas, también en el tiempo preciso y hasta en la indicación más mínima. “Por eso me revienta cuando ahora pasan la cámara súper lenta en el fútbol, ¿viste? Estéticamente es lindo, pero solo eso”, asocia.

- ¿Por qué?

- Y... si vos querés analizar la jugada no te sirve de nada. Te sirve para verla por partes, más detenidamente, pero la tenés que ver en tiempo real para saber cómo pasó.

-Y cuando ves una jugada, ¿te hacés una imagen musical del momento?

-¿Sabés que no? Sé que muchos lo hacen, y me encantaría poder tener esa sinestesia, porque cuando la pelota entra en el arco se genera algo que es como liberador, como el clímax de una sinfonía o el momento culminante de cualquier circunstancia vital.

- ¿Creés que el fútbol también es un arte?

- ¡Por supuesto! Creo que una buena jugada es una experiencia estética. ¡Un gol lindo debería valer doble! Uno ve que hay ritmo, que hay pausa, el manejo del cuerpo. Es como una danza.

Fontana se divide entre esta ciudad y Buenos Aires, donde viven sus tres hijos (de catorce, nueve y ocho años). Todos heredaron de alguna forma la música, pero el del medio también heredó la pasión de multitudes, y la pregunta es inevitable:

- Si alguna vez te pregunta si juega bien al fútbol, ¿qué le vas a responder?

- (risas) ¡Ha aprendido muchísimo! No es excelente, pero está en el camino, viste. Mi papá hacía trescientos jueguitos con el pie, todos seguidos, era un genio, ¡y yo no puedo hacer ni cuatro! Quizás heredó más lo mío.

“También se puede jugar al fútbol siendo Palermo -continúa-, no hace falta ser Maradona o Messi. Se necesitan todos en un equipo. Es importante un tipo que vaya al arco, un tipo que tenga fuerza y que cabecee, un tipo que corra muy bien. Cada uno tiene su lugar en el equipo y son irreemplazables. Es como querer cambiar un solo violín y poner otro, ¡ya la orquesta cambia!”.

Mahler en el Independencia

Con la 5º sinfonía de Gustav Mahler dará inicio oficial a su temporada la Orquesta Filarmónica de Mendoza. El sábado que viene, 9 de abril, Gustavo Fontana tendrá la “conducción espiritual” de esta obra en el teatro Independencia.

Con esta monumental pieza del repertorio la orquesta abrirá un ciclo ambicioso, que incluirá -por supuesto- un homenaje a Alberto Ginastera a los cien años de su nacimiento, un ciclo de sinfonías, una producción de zarzuela, ballet y ópera (probablemente “La Traviata”), los clásicos conciertos didácticos, una gira por los departamentos y, finalmente, una producción multimedia con la música de “Star Wars”, en el Arena Maipú.

Perfil

Gustavo Fontana nació en 1969, y desde niño estuvo familiarizado con la música: cantó en el Coro de Niños del Teatro Colón y luego estudió trompeta. En 1994 inició sus estudios de Dirección Orquestal con Cristóbal Soler Almudéver (España). Dos años después es becado por el Ministerio de Cultura y Educación de la Nación para perfeccionarse en la Juilliard School of Music de Nueva York.

Fue director titular de la Orquesta Sinfónica de Bahía Blanca y director artístico de la Banda Sinfónica de la Provincia de Córdoba y de la Ciudad de Buenos Aires.

Además de una intensa labor como docente en la Universidad de Buenos Aires y el Conservatorio Municipal “Manuel de Falla”, es invitado regularmente a dirigir en Uruguay, Brasil, Colombia, Venezuela, Costa Rica, Estados Unidos, Hong Kong, Bulgaria, España y Sudáfrica y en diversas orquestas de Argentina.

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