Grecia y sus acreedores tienen “una oportunidad” de ponerse de acuerdo esta semana para evitar un default de imprevisibles consecuencias para la región, luego de que Atenas presentara propuestas de reformas y ajustes alentadoras.
Grecia y sus acreedores tienen “una oportunidad” de ponerse de acuerdo esta semana para evitar un default de imprevisibles consecuencias para la región, luego de que Atenas presentara propuestas de reformas y ajustes alentadoras.
El plan de Atenas fue enviado ayer por la mañana, previo a una reunión de ministros de Finanzas de la Zona Euro organizada para preparar la cumbre extraordinaria que comenzó esta noche en Bruselas.
Pero “por el poco tiempo” que tuvieron las instituciones acreedoras -Unión Europea y Fondo Monetario Internacional- para analizarlas, y negociarlas con el gobierno griego, los ministros convinieron volver a reunirse esta semana. “Mi objetivo es tener un acuerdo de aquí al final de la semana. Trabajamos en ello día y noche”, declaró el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, al llegar a la cumbre extraordinaria de jefes de Estado de los 19 miembros de la Eurozona anoche.
“Hoy (por ayer) no habrá una decisión formal pero debe abrir el camino para un acuerdo lo antes posible”, señaló por su parte el presidente francés, François Hollande.
Esta cumbre extraordinaria “sólo puede ser consultiva”, dijo la canciller Angela Merkel asegurando que luego del Eurogrupo de este lunes “no hay una base para tomar una decisión”.
La reunión de ministros de Finanzas fue expeditiva. Duró menos de una hora y media.
El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, estimó a su término que las propuestas de Atenas son “una oportunidad para alcanzar un acuerdo esta semana”. “Es un paso al que damos la bienvenida y un paso en una dirección positiva. Creo también que es una oportunidad para alcanzar un acuerdo esta semana”, afirmó.
Para el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, estas son “las primeras propuestas reales”en varias semanas y pidió a los mandatarios, que se reúnen para dar un “impulso político” a las negociaciones que ya llevan cinco meses, evitar “el peor escenario, que significa un incontrolable y caótico” accidente.
Atenas debe pagar al FMI unos 1.500 millones de euros el 30 de junio, para lo que necesita el último tramo de 7.200 millones de euros del plan de rescate financiero que se le acordó en 2012. Para obtener esta partida tiene que presentar un plan de reformas y ajustes, avalados por sus acreedores.
Las propuestas fueron recibidas con optimistmo. La percepción de que un acuerdo está cerca generaba subidas por la tarde en las bolsas europeas, y euforia en la de Atenas que cerró se sesión de este lunes en alza del 9%.
Las "claves de un acuerdo"
"Por primera vez, hay compromisos firmados por el primer ministro griego", confió una fuente cercana a las discusiones.
Para el primer ministro griego Alexis Tsipras, las "claves de un acuerdo" con los acreedores se centran en que el superávit fiscal primario no sea "excesivo", que no se recorten las pensiones ni se suban las tarifas de electricidad y que se restablezca la "normalidad" del derecho laboral, según indicaron este lunes sus servicios.
No mencionó en cambio dos puntos presentados hasta ahora como indispensables para la parte griega: un plan de inversiones para recuperar el crecimiento económico, en un país devastado por seis años de recesión y que registra el desempleo más elevado de la UE, y un programa para reestructurar la deuda pública.
Temas sobre los que los mandatarios de la UE tienen que hacer algo. El secretario del Tesoro estadounidense, Jacob Lew, que este lunes se entrevistó por teléfono con Tsipras, estimó, citado en un comunicado, que “los dirigentes europeos deben estar listos para realizar su parte del trabajo en respuesta” a las propuestas griegas si eran “creíbles”.
Esto implica una ligera inflexión en las posiciones de los jefes de Estado de la Zona Euro. En las últimas declaraciones sobre el tema de la deuda griega Lew ponía presión exclusivamente sobre Atenas y se guardaba de referirse al papel de los europeos.
En Bruselas, Tsipras se reunió por la mañana con Juncker, Christine Lagarde, directora gerente del FMI, Benoit Coeuré, miembro del directorio del Banco Central Europeo (BCE), y Jeroen Dijsselbloem.
Anoche estaba prevista una reunión bilateral con el presidente del BCE, Mario Draghi, en medio de la inquietud por la situación de los bancos griegos, en cuyas ventanillas los retiros se aceleraron en los últimos días.
Ayer el BCE amplió por tercera vez desde el pasado miércoles la ayuda de emergencia a los bancos de Grecia, indicó una fuente bancaria griega. El monto de esta ampliación no fue precisado.
El dramático escenario de un 'default'
Los Bancos, eslabón débil
Ante la incertidumbre del futuro inmediato, los clientes de los bancos griegos han retirado en los últimos meses miles de millones de euros, lo que amenaza la supervivencia de las entidades.
Los bancos griegos sobreviven gracias a una línea de financiación de emergencia del Banco Central Europeo (BCE).
El escenario del default
A falta de una ley sobre suspensión de pagos de los Estados soberanos y de reglas claras en la zona euro, todo “default” por parte de Grecia abriría, necesariamente, un proceso muy confuso.
El calendario se acerca peligrosamente a la fecha tope del 30 de junio, cuando Atenas deberá abonar al FMI más de 1.500 millones de euros. Si no se efectúa el pago, la directora gerente del Fondo, Christine Lagarde, anunciará rápidamente que el Estado griego está en “default”. Poco después, el 20 de julio, hará otro tanto el BCE, al que Atenas debe otro pago ese mismo día.
Todo apunta a que el país no tiene ese dinero, de ahí la urgencia de desbloquear el último tramo de asistencia financiera, de unos 7.200 millones de euros y pendiente de desembolso desde hace casi un año.
Grecia no paga, ¿qué ocurre después?
Ningún tribunal pronunciará el eventual “default” de Grecia. Las agencias calificadoras, como Standard and Poor's y Fitch, han advertido que no se aplicaría su mecanismo, ya que la suspensión de pagos afectaría a acreedores públicos, tenedores de la mayor parte de la deuda griega.
Sin embargo, los bancos notarán el impacto de inmediato. Además de las retiradas de efectivo, el valor de los bonos del Tesoro griego, uno de sus activos fundamentales, se verá reducido a cero.
Una salida inevitable de la Zona Euro
Sin financiación del BCE ni de los inversores privados, el gobierno tratará de salvar los bancos recapitalizándolos con pagarés, apunta Holger Schmieding, economista de Berenberg Bank.
Esos títulos provisionales se emitirían en un principio a paridad con el euro, pero perderían rápidamente su valor. De aquí se derivaría una inflación galopante, una destrucción del ahorro, y un deterioro del nivel de vida. Una vez en marcha, esta moneda "paralela" se extendería al sector privado. Grecia se encontraría de facto fuera de la moneda común.
¿Y después del "grexit"
El gran riesgo está en un “contagio”, por el que los inversores empezarían a desconfiar de los llamados países “periféricos”, como Portugal o España.
La mayoría de los expertos cree que ese riesgo, aunque existe, es mucho menor, gracias a la unión bancaria y a que el sector privado, y en particular los bancos, ha reducido en buena medida su exposición a Grecia. El principal riesgo es político, ya que si Grecia sale, la zona euro aparecerá no como una unión sólida, sino como una unión monetaria de geometría variable y con una gobernanza débil.
Esto le daría argumentos a los euroescépticos de todo tipo, desde los que sueñan con una unión monetaria sin los Estados más vulnerables, hasta los que no paran de cargar contra las “imposiciones” de Berlín y Bruselas.