Tan cauto en sus apreciaciones sobre los mendocinos -a los que dice recién estar conociendo- como conmovido por el gesto de renuncia de Benedicto XVI, el arzobispo de Mendoza Carlos María Franzini (62) habló con
Tan cauto en sus apreciaciones sobre los mendocinos -a los que dice recién estar conociendo- como conmovido por el gesto de renuncia de Benedicto XVI, el arzobispo de Mendoza Carlos María Franzini (62) habló con
Los Andes
sobre la pobreza, el papa Francisco y sus primeras vivencias en su nuevo rol.
“El Papa Francisco es de muy bajo perfil, muy humilde, pero con clarísima capacidad de conducción. Es un hombre que sabe a dónde va y sabe lo que quiere. Nada en Bergoglio es porque sí. Todos los gestos tienen un mensaje detrás; hay que aprender a leerlos”, asegura el arzobispo que hasta el año pasado se desempeñó en Rafaela.
Ejemplifica: “Cuando Bergoglio sale al balcón el día que es nombrado y pide que recen por él, no son dichos de señora devota; hay un mensaje muy claro que cree en la fe del Pueblo de Dios”. Destaca: “Él habla de pobres y pobreza, porque él vive de una manera austera... Lo que estamos viendo de él, así es él. No es una sobreactuación o algo que está sacando de la galera ahora porque llegó a Papa y quiere llamar la atención”.
-¿Cómo ve el tema de la pobreza?
-Lo primero que me surge decir es que estamos ante un gran escándalo. En un país y una provincia -aún con sólo 4% irrigado- con tantas posibilidades, que haya tanta gente pobre es realmente un escándalo, un gran cuestionamiento, una interpelación a nuestra sociedad... Es una gran incoherencia y un gran desafío para toda la sociedad y para todos los que formamos parte de la sociedad cada uno desde su ámbito específico.
Como Iglesia tenemos -en primer lugar, por mandato evangélico y, en segundo lugar, por 20 siglos de experiencia- un largo camino de cercanía, de servicio, de compromiso por los pobres. Nunca es suficiente pero todo el trabajo, toda la presencia, nos permite tener un contacto.
-¿Qué mensaje daría usted a los pobres?
-El mismo. En primer lugar, creo que todos somos pobres en alguna medida. En segundo lugar, creo que a los pobres el mensaje de la Iglesia es una invitación a sentirse amados por un Dios que es padre de todos.
Un pobre es capaz de tomarse la mano con el hermano y juntos llevar adelante un proyecto; ya es menos pobre aunque materialmente siga teniendo carencias.
En este sentido, por lo general los pobres encaran el camino de la solidaridad, el camino del trabajo que dignifica como persona.
Creo que el mensaje es para todos. Dice el Evangelio que al que más se le ha dado, más se le pedirá ya sea en lo material, económico, del conocimiento. Me parece que cuanto más se ha recibido, más estamos obligados a dar.
-¿Por qué llama tanto la atención que el Papa Francisco promueva tanto la pobreza o tenga gestos de sencillez?
-Francisco ha cautivado y ha provocado un fenómeno absolutamente inusitado y, en mi caso, inesperado; porque no tenía la más mínima sospecha que podría ser elegido él. Son estas picardías que hace Dios para rompernos los esquemas.
Pero creo que hay que decir con verdad y con justicia también que el tema de la pobreza ha estado presente en el ministerio de los últimos Papas.
Cuando un Papa inicia su ministerio elabora una encíclica para definir por dónde imagina su misión. Benedicto XVI habló específicamente de este tema, de la necesidad de un compromiso activo y eficaz en favor de los más pobres y dijo que toda comunidad cristiana tiene que tener -no lo dice en estos términos Benedicto- tres patas: la fe vivida y proclamada en la catequesis, la fe celebrada en la liturgia y la fe en el servicio a los más pobres.
Juan Pablo II lo dijo solemnemente al inaugurar la Conferencia de Puebla y lo repitió en el Jubileo del año 2000: la opción por los pobres es una opción eminentemente cristológica.
Pablo VI tiene documentos importantísimos: Populorum Progressio, por recordar el más conocido. Juan XXIII convoca al Concilio Vaticano II -que estamos celebrando los 50 años- proponiendo una Iglesia más pobre y servidora de los pobres.
La frase de Francisco retoma algo ahora que hace más de 50 años se dijo. Y no quiero aburrirlos, pero hay más ejemplos aún.
Me parece que lo que ha impactado mucho es este mensaje de Francisco en el contexto de varios gestos, que nos muestran una figura como más desacartonada, por decir de alguna manera, que tiene que ver con la historia y la tradición de cada uno. También es importante hacer esta aclaración: ‘los Papas no nacen de un repollo’. Vienen de una historia, de un camino recorrido, de un itinerario y eso marca mucho.
-¿Cambia la mirada de la Iglesia el tema de que haya un Papa latinoamericano?
-Seguramente. Tener un pastor que viene del sur y del sur latinoamericano, con la larga tradición de fe arraigada en la vida y en la cultura de los pueblos latinoamericanos, sin duda cambia la mirada. Un Papa con experiencia latinoamericana nos va a marcar mucho. Y este estilo más desacartonado tiene que ver con esto. En general, los obispos de América Latina compartimos mucho la vida de la gente. En otras latitudes -en Europa sobre todo- el obispo tiene un perfil mucho más solemne.
-Por estos días, hay como una explosión de consenso...
-Que esa explosión que ha generado la elección de Francisco no sea una pura explosión de fervor ‘cholulo’ sino que sea la explosión de un pueblo que finalmente se convierta en hermano y no en enemigo, con el que a veces discutimos, tenemos situaciones diversas... Que cambie el punto de partida que éste no es mi enemigo, es mi hermano. Si el estilo lo logramos encarar en el orden personal, social, político... me parece que estamos dando un paso cualitativo adelante.
La historia argentina es patéticamente fratricida; está signada por esta cosa de unos contra otros. Y así nos va...
Ojalá pudiéramos descubrir si puede servir este entusiasmo que ha generado la elección de Francisco. Bendito sea porque creo que nos debemos un empeño por nuestra patria, donde podamos superar -yo diría- esta mutua desconfianza, descalificación...