Entre vivas a la reina y dos chaparrones, Isabel II visitó ayer un mercado de flores de París que a partir de ahora llevará su nombre, cerrando una visita de Estado a Francia de tres días.
Entre vivas a la reina y dos chaparrones, Isabel II visitó ayer un mercado de flores de París que a partir de ahora llevará su nombre, cerrando una visita de Estado a Francia de tres días.
A dos pasos de la Conserjería, donde otrora estuvo encarcelada María Antonieta, y cerca de la catedral de Notre Dame, la reina de Inglaterra descorrió la placa con la inscripción “Mercado de flores Reina Isabel II”. Le acompañaban la alcaldesa de París, la francoespañola Anne Hidalgo, y el presidente francés François Hollande.
Ataviada con un traje rosa pastel y un sombrero blanco adornado con un nudo del mismo color que la ropa, Isabel II fue acogida al grito de “Viva la Reina” por cientos de personas. “Cortaron la cabeza a nuestro rey pero ella es nuestra reina”, comentó entusiasmado Aymeric Julanicks, de unos 40 años.
La alcaldesa de París le transmitió “el agradecimiento” de los parisinos tanto a ella como al pueblo británico por su papel en la Segunda Guerra Mundial.
“Dentro de unas semanas celebraremos la liberación de París en la que los soldados británicos participaron de forma extremadamente importante”, recordó Hidalgo, un día después de la conmemoración del 70 aniversario del desembarco de Normandía.
“La reina de Inglaterra es querida en Francia porque es sencilla y accesible, y además adora a Francia”, afirmó Linda Messine, una jubilada, mientras la esperaba cerca del mercado de las flores.
Normalmente Francia no da nombre de lugares a personas vivas, pero el ayuntamiento de París ha hecho una excepción con la reina de Inglaterra, de 88 años, que siempre ha manifestado una gran amistad por este país.
Una iniciativa criticada por Danielle Simonnet, del Partido de la Izquierda, que recordó que “París todavía no ha honrado a figuras de la Revolución Francesa como Robespierre”.
Al son de una banda de jazz, Isabel II, escoltada por sus dos anfitriones y seguida por su esposo, el príncipe Felipe, conversó después con heridos de guerra franceses y británicos que participaron en un recorrido en bicicleta desde Bruselas para recaudar fondos para los veteranos de la Segunda Guerra Mundial. Y luego con un grupo de niños.
La lluvia acortó el acto y la reina entró en la limusina oficial, que la trasladó al aeropuerto, donde recibió una vez más honores militares.