Una multitud siguió con emoción la madrugada de ayer en la Plaza de Mayo de Buenos Aires, frente a la Catedral, la ceremonia de inauguración en el Vaticano del pontificado del Papa argentino Francisco, el primer pontífice latinoamericano.
Una multitud siguió con emoción la madrugada de ayer en la Plaza de Mayo de Buenos Aires, frente a la Catedral, la ceremonia de inauguración en el Vaticano del pontificado del Papa argentino Francisco, el primer pontífice latinoamericano.
“¡Que viva el Papa!”, gritaron los manifestantes congregados en el histórico paseo porteño cuando las imágenes transmitidas en directo a través de pantallas gigantes mostraron a Francisco dando la bendición al final de la ceremonia en Roma. Otro momento de algarabía se produjo cuando el pontífice recibió el anillo de pescador y el palio, los símbolos de la autoridad pontificia.
Celebraciones similares se realizaron en muchas otras ciudades del país, desde La Quiaca hasta Ushuaia.
Alrededor de 40.000 personas, según el Arzobispado, asistieron a la concentración de fieles en Capital tras haber permanecido en vigilia toda la noche en el histórico paseo frente a la Catedral Metropolitana y la Casa Rosada.
Los asistentes, la mayoría jóvenes, portaban banderas argentinas y vaticanas y otros tenían símbolos de San Lorenzo, del que es simpatizante el ex cardenal Jorge Bergoglio, mientras que también había manifestantes enarbolando pancartas con fotos del Sumo Pontífice.
Durante la mayor parte de la ceremonia, los fieles se mantuvieron en silencio, muchos de ellos sentados en la calle que separa al paseo de la Catedral metropolitana, donde Bergoglio, de 76 años, oficiaba misa cuando era Arzobispo de Buenos Aires.
"Sigue siendo Jorge"
“Francisco sigue siendo Jorge”, resumió a los periodistas tras la ceremonia su hermana María Elena Bergoglio al comentar el contacto directo del Papa ayer con los fieles en la Plaza de San Pedro.
“Los va a volver locos a los guardias, pero es su opción y a mí me gusta. No tenía miedo cuando se detenía y saludaba a los fieles”, añadió María Elena en la puerta de su casa de la ciudad de Ituzaingo, provincia de Buenos Aires.
La plaza de Mayo se fue colmando sobre el inicio de la ceremonia en el Vaticano, con fieles provenientes de parroquias de distintos distritos de Buenos Aires y el conurbano bonaerense.
Los asistentes se conmovieron cuando Francisco se dirigió de manera inesperada a los fieles que realizaban la vigilia en la catedral de Buenos Aires en espera de su inauguración en el Vaticano, y les pidió dejar de lado los “odios” y no temer a Dios, que “siempre perdona”. “Que no haya odios, peleas, dejen de lado la envidia”, pidió el Papa directamente a los fieles porteños reunidos en la Plaza de Mayo.
“No le saquen el cuero a nadie, dialoguen”, agregó, haciendo reír al auditorio con ese giro popular.
La larga espera desde la noche del lunes a la madrugada de ayer fue amenizada por bandas de rock, como la de “El Padre César y los pecadores”, liderada por el sacerdote César Scicchitano, amigo del flamante Papa, así como por el popular cantante Axel, quien lucía una casaca con los colores azul y rojo de San Lorenzo.
“Me pongo esta camiseta de San Lorenzo un ratito para después dársela al Papa cuando tenga oportunidad de verlo”, dijo el intérprete.
Los participantes en la ceremonia llevaron alimentos no perecederos que, según el Arzobispado, “superaron ampliamente las expectativas” ya que lo reunido “será suficiente para abastecer durante cuatro meses” a cuatro villas de emergencia del conurbano, las cuales recorría Bergoglio cuando desarrollaba su misión religiosa en Buenos Aires.