Banderas, vítores, emoción. Sea argentinos que residen en Italia, sea que vinieron especialmente, numerosos compatriotas del flamante Papa Francisco estuvieron presentes en la Plaza de San Pedro con motivo de la asunción del ex cardenal Jorge Bergoglio como Pontífice. Y se hicieron notar con su desbordante entusiasmo.
Los argentinos comenzaron a llegar muy temprano al Vaticano para tratar de estar lo más cerca posible del nuevo jefe de la Iglesia Católica. La presencia más destacada fue la de un grupo que portaba una enorme bandera de San Lorenzo, el club de los amores del nuevo Papa, y la cara de Bergoglio.
Además, en las primeras filas se ubicó un referente de los cartoneros de Buenos Aires, Sergio Sánchez, vestido con su típica ropa de trabajo. Sánchez promovió con Bergoglio diversas iniciativas contra el trabajo esclavo, entre ellas la misa anual en Plaza Constitución.
"El cardenal Bergoglio hizo mucho contra el trabajo esclavo y, si bien nos alegra mucho que ahora sea Papa, lo vamos a extrañar como compañero de lucha, pero estoy seguro de que lo sucederá alguien que seguirá haciendo más o menos lo mismo", dijo Sánchez.
También se ubicó en los primeros lugares un docente con el guardapolvo blanco, José Del Corral, de larga amistad con Bergoglio, que quiso testimoniar con su presencia su gratitud hacia el nuevo Papa por todo lo que hizo por la educación en la Ciudad.
A pesar de la distancia, muchos argentinos desoyeron el consejo de Francisco, que los invitó hace unos días a no viajar y guardar ese dinero para darlo a los pobres, y corrieron a tomar el primer vuelo a Roma.
Ana María Carvallo, de 39 años, trabaja en Cáritas de Buenos Aires y conoció a Jorge Mario Bergoglio en su etapa como primado de la capital.
"Es una alegría muy grande para Argentina, para América Latina y para una que compartió muchas cosas cotidianas con él, así que valió la pena este sacrificio económico y lo decidí de un día para otro", contó Carvallo, quien fue directamente desde el aeropuerto romano de Fiumicino al Vaticano.
De hecho, Francisco quiso tener un detalle con sus compatriotas congregados de madrugada en la Plaza de Mayo de la ciudad de Buenos Aires que siguieron la celebración a través de unas pantallas gigantes.
Al final de la ceremonia, muchos argentinos permanecieron en la plaza, acaso para prolongar lo que para ellos fue una fiesta inolvidable.