Cuando se acercaba el cambio de siglo, sus padres decidieron modificar su estilo de vida. Se mudaron de una casa de barrio en Godoy Cruz a una finca en Russell, Maipú, donde no había agua potable.
Cuando se acercaba el cambio de siglo, sus padres decidieron modificar su estilo de vida. Se mudaron de una casa de barrio en Godoy Cruz a una finca en Russell, Maipú, donde no había agua potable.
En sus planes estaba el sostenerse con la producción de cerezas y ciruelas, pero lograr eso les tomó bastante más tiempo del planeado.
En 2011, con su madre, Patricia, Facundo Dueñas (33) creó Frutta Roja Gourmet, un emprendimiento de conservas que hoy vende sus productos en todo el país y está desarrollando una propuesta turística.
-¿Cómo nació el proyecto?
-La idea de mis padres era darnos una mejor calidad de vida. En la finca, mi mamá empezó a elaborar conservas caseras con las frutas, verduras y aromáticas de la huerta. Y parientes y conocidos nos pedían para comprar, porque se ha perdido la tradición de hacerlas en la casa y lo que se consigue en el mercado se suele hacer con descarte. Después, un profesor de la Facultad de Ciencias Agrarias, Alejandro Gascón, me enseñó a preparar pasta de tomates secos y me contactó con una empresa que comercializa conservas. Fue el primer producto que empezamos a elaborar en escala, con formato de fábrica.

-¿Y cómo llegaron a la marca propia?
-Me animé a empezar a vender nosotros y el nombre Frutta Roja viene porque al principio vendíamos fruta fresca, cerezas y ciruelas de la finca, pero con valor agregado. Con mi madre armábamos bolsitas de celofán, con medio kilo y un kilo de cerezas, y le colocábamos un moñito. Las vendíamos en la plaza de Chacras y a la salida de las escuelas para defender un poco el precio, porque siempre el intermediario se queda con la mejor parte. Y yo también vendía la melesca de la ciruela, lo que queda en los frutales después de la cosecha. Agarraba la camioneta Peugeot 504 de mi papá y salía a repartir por un circuito de 100 verdulerías de Capital, Godoy Cruz y Guaymallén. Era un cajón bonito con ciruela seleccionada. El gourmet se sumó cuando empezamos a preparar otros productos.
-¿Qué productos elaboran hoy?
-A la receta de tomates secos la modifiqué, con materia prima de primera calidad y aceite de oliva virgen extra. No le agregué conservantes y la preparé a baño María, como lo hacían las abuelas. Esa fue la premisa. Después se me ocurrió hacer pasta de aceitunas, pero con menos salmuera y aceite de oliva. También sumamos cerezas en su jugo, exclusivo nuestro, que son frutas enteras con jugo pulposo de cerezas. Tenemos una línea de pastas de legumbres y el año pasado incorporamos emulsiones vegetales sin huevo, de zanahoria, espinaca, zapallo y remolacha.
En las ferias vimos que la gente estaba ávida de consumir productos nuevos y surgió la veta de tener novedades, para poder ofrecer cuando volvíamos a una feria al año siguiente. Se nos acercaban a preguntar qué teníamos de nuevo. Por eso estamos viendo de seguir con la innovación.
No podemos frenar porque ha sido una muy buena herramienta para mantenernos en el mercado.

-¿Cómo pasaron de un emprendimiento familiar a llegar a ferias nacionales?
-En 2011 hice la incubadora de empresas con la Municipalidad de Maipú. Fue una ayuda muy importante porque empecé a desarrollar un plan de negocios. a pedir préstamos y a participar en ferias. Después seguí con el IDC (Instituto de Desarrollo Comercial), con el financiamiento y la participación en ferias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Gracias a eso fuimos consiguiendo pequeños distribuidores en distintas partes del país. Hoy ya tenemos 7. Y también estamos elaborando productos para terceros, que le ponen su propia etiqueta.
-Más allá de la innovación continua en los productos, ¿modificaron en algo el proceso productivo?
-Empezamos en 2011 en el garaje. Hoy trabajamos en un galpón, asistidos por máquinas moledoras, picadoras y revolvedoras, y ollas más grandes para hacer el baño María. También hemos incorporado elementos de medición para asegurar el color, el sabor, la textura y la inocuidad del producto. Pero el proceso sigue siendo artesanal. Todo el envasado es manual y la materia prima se selecciona, se pela y se lava a mano.
-También incursionaron en el turismo...
-La finca hoy no es rentable, hay que hacer algo más. Es muy difícil poder vivir de un cultivo porque la rentabilidad de la hectárea ha caído muchísimo. Por eso, hace tres años construimos un galpón con la idea de hacer algo de turismo. Trabajamos más cómodos, porque el garaje había quedado chico, y tiene un entrepiso con una sala de degustación desde la que se ve la elaboración. Hicimos publicaciones en folletos que se reparten en los informadores turísticos y hoteles. Empezamos con una visita por la finca y después subimos a la sala para que prueben los productos.

Facundo Dueñas tenía 13 años cuando la familia se mudó a una finca en Russell, Maipú. Se recibió como ingeniero agrónomo en 2008 y mientras estudiaba comenzó a trabajar la tierra, primero con asesoramiento de vecinos y después con los conocimientos técnicos que iba adquiriendo en la Facultad de Ciencias Agrarias.
Una vez recibido, se dedicó al asesoramiento de fincas y a vender en forma directa la producción de la finca. Luego, durante dos años, tuvo un puesto en el Mercado Cooperativo de Guaymallén.
Hoy trabajan en Frutta Roja Facundo, su mamá Patricia, su esposa Florencia y su papá Jacinto.