Zaira Nara abrió las puertas del dormitorio principal de su nueva residencia en José Ignacio, un espacio de arquitectura depurada pensado para el descanso. La propuesta combina elementos del diseño contemporáneo con texturas artesanales, logrando un equilibrio visual donde la luz natural y la simplicidad estructural definen cada rincón de la estancia.
El ambiente destaca por una paleta cromática basada en blanco, beige, marrón y tonalidades tierra que generan continuidad visual. En el centro se ubica una cama de grandes dimensiones vestida con textil de lino, flanqueada por canastos de fibras naturales y objetos de líneas puras.
Texturas artesanales y un tapiz que reemplaza al respaldo tradicional
La pieza principal de la habitación es un tapiz artesanal colgado sobre la cama, integrado por figuras geométricas con acentos en terracota, azul, verde y ocre. Esta superficie textil reemplaza al respaldo convencional de madera o tapizado, actuando como el foco estético central del recinto.
Esta integración de fibras orgánicas, tonos neutros y acabados despojados responde a una estrategia arquitectónica orientada al confort térmico y sensorial: la ausencia de tabiques pesados y la selección de materiales porosos facilitan la difusión lumínica, disminuyen el estrés visual y estabilizan la temperatura interior frente al clima costero.
Hormigón visto y ventanales para integrar el paisaje exterior
La estructura de la vivienda, proyectada en una sola planta, incorpora un techo de hormigón a la vista que contrasta con las paredes blancas y el piso claro. Amplios ventanales perimetrales con cortinas blancas translúcidas permiten el ingreso continuo de sol sin perder privacidad.
La iluminación artificial se completa de forma funcional con spots empotrados discretos y lámparas minimalistas. De este modo, la arquitectura de volúmenes color arena y madera clara consolida una relación fluida entre el interior del dormitorio y el jardín de José Ignacio.