1 de noviembre de 2026 - 09:00

Nito Mestre: "Este show tiene que ver con mi vida"

A días de presentarse en Mendoza, el músico repasa su historia con Charly García, recuerda sus visitas a la provincia y explica por qué aquellas canciones siguen encontrando nuevos oyentes.

Con más de cinco décadas de trayectoria, Nito Mestre vuelve a Mendoza para presentar “Gira 26”, un espectáculo que recorre las canciones fundamentales de su historia musical. El sábado 7 de noviembre, a las 21.30, llegará al Cine Teatro Plaza de Godoy Cruz con un repertorio que reúne clásicos de Sui Generis, Porsuigieco, Los Desconocidos de Siempre y su carrera solista. En su show, el músico propone un encuentro con canciones que siguen atravesando generaciones. Esa vigencia también se expresa en sus recientes colaboraciones con artistas jóvenes y en sus nuevos proyectos discográficos.

Para qué diario es la entrevista, pregunta Nito en charla con Estilo a días de su presentación en Mendoza. Y cuando se entera que es para Los Andes, dice:

—Ah, el famoso diario, el más conocido. Recuerdo las primeras veces que fuimos por ahí, salir en Los Andes era como salir en Clarin acá. Sí salías en Los Andes eras más conocido.

—Es uno de los diarios más antiguos de Argentina…

—¿Y dónde lo leen? Hay un bar que tengo cerca de casa, se llama Varela Varelita, es superconocido. El clásico bar en el que te sentás en la barra. Se llena de gente joven. Y siempre hay dos diarios en la barra. Y eso me gusta, porque tiene lo suyo, te tomás un café leyendo el diario. Vos sabés que se está poniendo de moda un poco eso ahora también, como los vinilos.

—¡Vuelve el diario papel, señoras y señores!

—Sí, sí, falta que vuelva el pantalón Oxford y estamos todos… (risas)

—Ya que estamos charlando de ese pasado te pregunto: ¿qué recuerdos tenés de Mendoza de aquella época cuando venías con Charly y con Sui Generis?

—Ir a Mendoza más o menos parecía ir al extranjero, porque lo más lejos y distinto que había de la capital. Porque Mar de Plata la conocíamos de memoria, tiene mar y todo lo otro. Yo me quería ir porque mi papá era marplatense. Pero ir al otro lado, donde hay cordillera, las famosísimas acequias. Creo que una de las primeras cosas que me dijeron cuando vinimos fue "Guarda cuando estás caminando por la vereda que hay un pozo del lado de la calle. No te vas a meter al pozo y a pegar un porrazo." Y las veredas limpísimas, creo que las limpiaban con querosene o algo así. Los primeros recuerdos que se me vienen… La sensación de aire puro, otra. Aire extra puro.

Tengo también un recuerdo muy particular de un festival en Mendoza. Debe haber sido alrededor de 1980. Estábamos terminando de probar sonido en una cancha de fútbol y empezó a soplar el viento Zonda. ¡Fuertísimo! Los bafles, que en aquella época eran enormes, estaban colocados en dos hileras. El de arriba se cayó hacia el lado donde estaba el público. Por suerte todavía no había gente debajo. Empezó a correr todo el mundo, se vino la tormenta y nosotros también salimos disparando.

Yo tenía un teclado sintetizador nuevísimo, un Oberheim, que le había comprado a Jan Hammer. Lo tenía recién estrenado y ni siquiera con un estuche como la gente: lo llevaba envuelto en una frazada.

Cuando avisaron que se venía la tormenta, ya me estaba yendo del escenario, pero volví corriendo, agarré el teclado con la frazada y salí para buscar algún lugar techado. Lo que más me importaba era que se salvara ese instrumento. El teclado era el chiche nuevo de la familia. Se vino un tormentón, se suspendió todo y, menos mal, lo pude sacar. Ese momento me quedó grabado.

—¿Y cómo fue aquella última gira de Sui Generis, después de los conciertos de despedida en el Luna Park?

—Después de hacer Adiós Sui Generis con Charly en el Luna Park, seguimos con algunos shows en Rosario y Córdoba. En Córdoba, cuando terminamos de tocar, Charly me preguntó: “Che, Negro, ¿y si seguimos?”. Era como prolongar un poco aquella despedida. Yo le dije: “Pero, Charly, ¿te acordás de que hicimos Adiós Sui Generis?”. Y él insistía con que podíamos continuar. Incluso Mendoza era uno de los primeros lugares que teníamos en mente para seguir. Pero después pasó lo que pasó en Comodoro Rivadavia y Caleta Olivia. Esa historia terminó marcando el final definitivo.

—¿Qué pasó en Comodoro y Caleta Olivia?

—Después de los conciertos del Luna Park hicimos Rosario y Córdoba. A la semana siguiente teníamos dos shows contratados por la agencia que nos conseguía las presentaciones. Eran actuaciones bastante extrañas, porque no se trataba de grandes recitales. Uno era en Comodoro Rivadavia, creo que el 21 de septiembre. Nos llamaron para preguntarnos si queríamos participar como jurados en la elección de la reina del Día de la Primavera. Éramos pendejos y les decíamos que sí a todo. A veces, ante la duda, pensábamos que si decíamos que no podíamos quedar mal. Así que aceptamos y tocamos en un club.

Al día siguiente fuimos a Caleta Olivia, hacia el sur. Era un pueblo muy chiquito. Tocamos en un lugar que parecía un galpón. Habría unas 300 personas. Veníamos de tocar ante 14.000 personas en el Luna Park, pero éramos felices igual, porque nos encantaba tocar.

Terminó el show y Charly y yo nos fuimos en un Ford Falcon que nos prestaron unas chicas. Llegamos a Comodoro Rivadavia y, diez o quince minutos después, nos avisaron: “Volcó la camioneta con los equipos. Es un desastre”.

Cuando llegamos nos encontramos con una escena tremenda. El piano de Charly estaba destrozado, el Fender, los sintetizadores y los demás teclados habían quedado hechos pedazos. La batería de Juan Rodríguez estaba partida al medio. Mi guitarra Gibson se salvó y también el bajo de Rinaldo Rafanelli.

Después de tantas señales, nos preguntamos por qué íbamos a seguir. Con Charly dijimos: “Chau, chau, Negro. No agreguemos ni un segundo más. Nos va a pasar algo peor”. Siempre fuimos bastante intuitivos y nos guiábamos mucho por esas señales que aparecen en la vida. Ahí terminó Sui Generis.

—Viajemos al presente. ¿Cómo es el espectáculo que vas a presentar en Mendoza?

—Tiene bastante que ver con mi vida, aunque no voy a contar historias tan extensas como las que te acabo de contar. Es un recorrido por mi trayectoria, con los clásicos que tanto queremos, porque los quiero yo y los quiere el público.

Hay canciones de Sui Generis, por supuesto, pero también de Los Desconocidos de Siempre, de Porsuigieco y de mi carrera solista. Hay una cantidad enorme de material para elegir.

—Seguís teniendo en tu repertorio canciones como “Rasguña las piedras” o “Canción para mi muerte”. ¿Qué tienen esos temas para no perder vigencia?

—Creo que tocan un punto muy particular de la adolescencia. Hay algo que sucede en esa etapa de la vida que establece ciertos términos en común, tanto musicales como en las letras.

Pero también hay otras cosas. Con Charly siempre decimos que nosotros no somos solamente dos músicos que hicieron determinadas canciones. Hay algo que perdura en el tiempo: la amistad, una determinada ética para hacer las cosas, el intento de lograr lo mejor posible a través del trabajo. Todo eso está reflejado en la música. La imagen, la amistad, las voces, los temas, las letras, la época, la adolescencia...”.

—¿Esa conexión con las nuevas generaciones también te estimula a seguir componiendo?

—Por supuesto. Ahora estoy componiendo y voy a trabajar con Joaco Burgos, un joven tecladista que es bárbaro. Siempre lo nombro porque hicimos una sesión que está en YouTube, en Portal Sessions, como Joaco Burgos y Nito Mestre. Él tiene 23 años y yo 74, y cuando nos juntamos a cantar y tocar parecía que teníamos la misma edad.

—¿Te llevás bien con las nuevas tecnologías?

—Soy mitad analógico y mitad digital. Me gusta lo analógico, pero, gracias a Dios, las computadoras me atraparon hace unos 30 años. Me empezaron a gustar y me metí en ese mundo. No es algo nuevo para mí. Conservo la curiosidad que tienen los pibes. Me gusta jugar con la computadora, con las películas, con las fotos y grabar. Disfruto de todos los beneficios que trae, especialmente en materia de comunicación.

—Recién mencionabas a Charly. ¿Cómo es tu relación con él actualmente?

—Es muy buena. Lamentablemente no pude estar para su cumpleaños porque estaba en México, pero hablamos. Tenemos una relación de amistad muy cercana. Nos encontramos a cenar en septiembre, cuando fue el aniversario de la muerte de alguien muy querido para nosotros. Somos como hermanitos.

—¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?

—Estoy grabando. El año pasado salieron uno o dos temas, en realidad fueron tres, y uno de ellos lo voy a tocar en el show. Ya están en Spotify. También tuve un cambio de agencia: terminé con la anterior en junio y ahora estoy con Daniel Grinbank. Empezamos a hacer planes con él y con mi manager, Sebastián Pietra. Fue una renovación de ambiente, por decirlo de alguna manera.

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