16 de agosto de 2026 - 09:00

Natalio Faingold: "La única razón para hacer música era la música misma"

El músico recuperó y digitalizó la grabación que Altablanca realizó en 1977, cuando sus integrantes tenían menos de 20 años. El material, nunca editado, será presentado el jueves 20 de agosto en el Teatro Independencia.

Casi medio siglo después de haber sido grabado, un disco que parecía condenado a permanecer como una pieza fantasma de la historia musical mendocina finalmente podrá ser escuchado. Se trata de Altablanca 1977, el registro que la banda realizó cuando sus integrantes eran apenas adolescentes y que nunca llegó a editarse comercialmente. El material sobrevivió gracias a una de las dos copias en acetato que se hicieron de aquella sesión en el antiguo estudio Zanessi, en calle Montevideo.

La recuperación permite volver a escuchar a la primera formación de Altablanca, una de las bandas fundamentales del rock progresivo mendocino, cuando todavía transitaba una etapa eminentemente instrumental, atravesada por el tango moderno de Astor Piazzolla y las sonoridades de grupos progresivos británicos como Focus, Genesis y King Crimson.

Pero el rescate no devuelve solamente cuatro composiciones grabadas en 1977. Devuelve también una época en la que hacer música en Mendoza significaba crear al margen de la industria, en plena dictadura y bajo una vigilancia que podía convertir un recital en un acto de resistencia. Sobre aquella experiencia, la música, la libertad y las diferencias con la escena actual, Natalio Faingold habló esta semana con Estilo.

— ¿Cómo es el disco inédito de Altablanca que se va a escuchar por primera vez el jueves próximo en el Teatro Independencia?

—Es como un volver al pasado, pero pensando en el futuro, porque en el presente y en el futuro un poco fue el principio del movimiento de música en Mendoza. El disco se llama “Alta Blanca 1977”. Entramos a grabar e hicimos cuatro temas largos que entraban en un vinilo. Eso lo grabamos, y acordate que en esa época no existía ni el cassette ni el CD; la única forma de conservar esas grabaciones era en acetato, no en vinilo. Entonces se entregaban las grabaciones en acetato, y de esa sesión se entregaron dos: una la tenía yo y otra la tenía Oscar Sayavedra.

La mía se me dobló con el sol… Yo tenía 17 años. No sé, la habré dejado al sol o algo así. Y por suerte Oscar Sayavedra guardó la suya. Hace tiempo que veníamos hablando de esto. La conseguí hace unos cuatro o cinco meses, la digitalicé y la subí a las plataformas. Entonces se puede escuchar. El sonido que tiene es el de un disco de casi 50 años, así que tiene muchos ruidos, mucho "huevo frito" y esas cosas, pero la música está.

— ¿Y qué recordás de esa grabación? Supongo que al escucharla te debe haber movido muchos recuerdos y sensaciones.

—Sí, muchísimo. Mirá, lo que más me recuerda, adonde me lleva, es a un estado de pureza absoluta con respecto a la música, donde la industria no existía. Entonces la única razón para hacer música era la música misma. Me acuerdo de ensayar todos los días desde las 4 hasta las 9 de la noche. Trabajábamos muchísimo. Había una cosa muy graciosa: teníamos un despertador de esos antiguos, con la campanita, y cuando daban las 4 empezábamos a tocar; hacíamos un acorde fortísimo y seguíamos, porque no nos dejaban tocar a la siesta. Ya en esa época empezábamos a llenar teatros.

Quizás en la grabación eso no se siente tanto porque era nuestra primera experiencia entrando a un estudio. Yo tenía 17 años, todos teníamos menos de 20. Nunca lo habíamos hecho, entonces era algo totalmente nuevo, plasmar la música en una grabación. La grabación es impecable, los temas están impecablemente tocados, está muy bueno.

— ¿Y quiénes participaron en esa grabación?

—Mario Matar en la guitarra, Javier Segura en el bajo, Daniel Martín en la flauta y en un tema en guitarra, y yo tocaba la batería.

— ¿En ese momento eran nada más que los cuatro?

—Nada más que los cuatro, sí. Y totalmente instrumental. Después se fue desarrollando la idea de meterle letras y canciones, pero en ese momento era totalmente instrumental, con mucha influencia de tango moderno. Era una mezcla muy interesante, la verdad.

Y era una época muy violenta, muy difícil, porque nos teníamos que escapar de la policía, de los militares; se llevaban a todo el público preso. Y al mismo tiempo muy linda para nosotros.

— Había mucho idealismo y algo de eco del hipismo en Estados Unidos, del movimiento alternativo, de la música progresiva…

—Ahí lo nombraste, la música progresiva, de ahí viene. Yo no diría que entrábamos en el hipismo. Teníamos algunos fines de semana medio hippies, pero no estábamos dentro del hipismo: no se consumía ninguna droga, ni porro ni nada. Éramos muy chiquitos para la época. Entonces toda nuestra energía estaba puesta en la música. Y quizás después aparecieron otras cosas, por supuesto, pero en esa época no; era totalmente idealista con respecto a la música. No sé si idealista es la palabra, sino una época muy pura, eso es lo que te quiero decir. Una época muy pura de hacer música, de hacer arte, y al mismo tiempo teníamos una voz que era esa: la voz del arte por sobre todas las cosas, y en contra de todo lo demás.

— Supongo que tenían también grupos referenciales, ingleses o yanquis.

— Te digo: los referenciales eran Astor Piazzolla, Focus, Genesis, King Crimson. No entrábamos tanto en el rock tipo Led Zeppelin; lo escuchábamos, pero era más el movimiento progresivo británico. Pink Floyd también, sí. Pero al mismo tiempo, ahora que lo pienso, estábamos muy influenciados por el tango moderno que venía de la mano de Piazzolla. El primer tema del disco es justamente eso. Prácticamente una mezcla de Astor Piazzolla con Focus. Y con Genesis, ponele. Tampoco estaba muy razonada esa mezcla. No llegábamos a esos lugares por medio de la razón, sino por medio de lo que queríamos escuchar y lo que queríamos tocar. Eso es muy importante. No era que estábamos metidos en el movimiento latinoamericano de música, no, no. Nosotros llegábamos a hacer esa música sin preconceptos. Eso es muy importante: no había preconceptos para hacer música.

— ¿Y qué sensación te viene de contrastar aquella época con la de ahora, con los grupos mendocinos actuales, el manso indie, Usted Señalemelo?

—Yo creo, y estoy un poco improvisando, que todos están en el mismo lugar de ganas, en el momento justo de esta grabación. Pero pienso que ahora hay industria, hay una salida económica, o una industria atrás que la gente puede movilizar, sellos de música y todo eso. En esa época, si bien había sellos en Buenos Aires, lo que venía de Mendoza estaba totalmente fuera del circuito, porque el circuito estuvo cerrado para Mendoza durante mucho tiempo. Si no te mudabas a Buenos Aires, básicamente no existías.

—El mercado…

—Mendoza estaba totalmente al margen: en esa época era la música que tocábamos porque queríamos expresarnos y queríamos que saliera, y nos iba muy bien. Me acuerdo que ganábamos con los recitales, y éramos rechiquitos y se llenaban de gente. Pero no estábamos en ninguna industria.

Hay un montón de recuerdos muy lindos de ese tiempo, muy lindos. Después vino otra cosa y se pudrió todo, pero bueno, a veces las cosas duran lo que tienen que durar, ¿viste?

El amor, es una vieja medalla

“…Eran épocas muy... nos teníamos que escapar siempre, se llevaban a todo el público preso, básicamente. Ponían camiones y los padres tenían que ir a buscar a los hijos a la comisaría. Hubo un recital muy famoso, que fue el del Pulgarcito, en el que estacionaron unos 20 camiones militares y se llevaron absolutamente a todos, todos presos. Eran 400 personas las que estaban ahí. Y nosotros seguimos tocando, así que no nos frenó. Tampoco tenían razones para llevarnos presos, la única razón era que éramos libres. Ni siquiera estábamos metidos en la izquierda ni en la derecha ni en ningún lugar así. Éramos libres, y eso los ponía nerviosos.”

—Es que esos recitales funcionaban también como actos de resistencia.

—Y fijate que, como te dije hace un rato, cada vez que tocábamos y había detenidos, venía más gente. Cada vez venía más gente a los recitales, porque decían: "Ah, yo voy a ir igual". A mí no me van a decir que no. "A mí me llevaron preso la última vez, no importa."

—Y era como una medalla, eso…

—Ya lo tomábamos en chiste, aunque hubo situaciones terroríficas, sí, pero había una parte más lúdica también. Digamos que éramos la generación posterior a la de la guerrilla y todo eso. Éramos otra generación, a pesar de los pocos años de diferencia, estábamos en otro lugar. Un poco de paz y amor, ese era el mensaje.

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