6 de septiembre de 2026 - 09:00

Gustavo Bermúdez: "Es la obra con la que más me reí en la vida"

El actor debuta en Mendoza con La cena de los tontos, la comedia más vista del país, y aprovecha para hablar sin filtro del desinterés por la cultura, la salud y las rutas: "Descuidar lo nuestro no está bien", reflexiona.

Hay comedias de eficacia probada, que siempre están a mano cuando lo que se pretende es asegurarse la risa y la diversión del público. Un caso ejemplar es La cena de los tontos, que desde su estreno en marzo de 2025 en el Teatro El Nacional, viene sumando funciones a sala llena, ya superó los 200.000 espectadores y se convirtió, según sus propios productores, en el fenómeno teatral más convocante de los últimos años en la Argentina. Ahora, después de recorrer Uruguay, Rosario, Santa Fe y Entre Ríos, llega por primera vez a Mendoza: el sábado 13 de septiembre, a las 20.30, en el Cine Teatro Plaza de Godoy Cruz (Colón 27), con entradas disponibles tanto online como en la boletería del teatro.

Dirigida por Marcos Carnevale, la pieza está protagonizada por Martín Bossi, Gustavo Bermúdez y Laurita Fernández, con un elenco que completan, entre otros, Esteban Prol y Guillermo Arengo. Detrás de la producción general hay un equipo pesado: Adrián Suar, Guillermo Francella, Pablo Kompel, Federico Hoppe, Ezequiel Corbo, Luis Penna y Diego Djeredjian.

Ese último dato no es menor, y ayuda a entender por qué esta versión pesa distinto. Suar y Francella no llegan a La cena de los tontos como productores ocasionales: son, en rigor, quienes instalaron esta comedia en la Argentina hace un cuarto de siglo. En el año 2000 protagonizaron la primera versión local, que venía de ser un suceso arrollador en Francia, y con esa puesta construyeron uno de los hitos de la comedia teatral argentina de las últimas décadas. Que ahora vuelvan a poner el cuerpo —esta vez detrás de escena, como productores— a una nueva versión con otro elenco es, de algún modo, una forma de reafirmar aquel diagnóstico que tuvieron entonces: que ese texto, bien llevado a escena, es una máquina infalible de generar risa.

Porque el material tiene historia, y una historia sólida. La cena de los tontos es la versión argentina de Le Dîner de Cons, la obra que el dramaturgo francés Francis Veber estrenó en París en 1993 y que corrió durante más de 900 funciones antes de que él mismo la llevara al cine. La película, estrenada en abril de 1998 bajo el mismo título original —conocida entre nosotros como La cena de los idiotas—, con Jacques Villeret y Thierry Lhermitte a la cabeza, se convirtió en la película francesa más taquillera de ese año y ganó tres premios César. Su premisa, tan simple como despiadada, no envejeció un día: un grupo de amigos organiza cenas semanales en las que cada uno debe presentar como invitado a la persona más "tonta" que consiga encontrar, para burlarse de ella entre todos. La función, claro, no sale como estaba planeada.

Ese texto —traducido, adaptado y reversionado ya varias veces en distintos idiomas y países— es el que ahora, veintiséis años después del estreno de la película y con dos décadas de recorrido propio en la Argentina, vuelve a subirse a un escenario mendocino. Y lo hace de la mano de Gustavo Bermúdez, quien se sumó al elenco reemplazando a Mike Amigorena y encontró en esta comedia una experiencia que, según cuenta en la entrevista con Estilo, no había vivido antes ni como espectador ni como actor: la de un material capaz de garantizar, función tras función, la misma reacción desbordada del público.

Bermúdez llega a Mendoza en un momento particular de su carrera. Después de años ligado sobre todo a la ficción televisiva —protagonizó telenovelas como Nano, Celeste y Somos Familia, entre muchas otras— y de un parate prolongado en el teatro, encontró en esta comedia el material que, según admite, lo hizo volver a subirse a un escenario con gusto y con frecuencia. En esta charla, el actor habla de ese regreso, de lo que significa correrse del perfil de galán dramático con el que se lo asocia hace décadas, de la caída de la ficción en la televisión abierta argentina y de una mirada más amplia sobre el estado de la cultura y la producción audiovisual nacional.

—¿Cómo es La cena de los tontos, la obra que traen a Mendoza?

—Es una comedia. La vi hace muchos años cuando la hicieron Suar y Francella, y bueno, fue la obra con la que más me reí en la vida como espectador, sentado, viendo a mi amigo Adrián. Así que cuando se presentó esta oportunidad dije: "Bueno, la voy a hacer." Porque nunca vi un material con el que la gente se ría tanto. Me embarqué en este proyecto y la verdad que superó todas las expectativas, fue más aún de lo que yo había vivido como espectador y arriba del escenario, así que estoy totalmente sorprendido.

—Se divierten ustedes también actuando…

—La verdad que mucho, la gente se ríe como nunca vi y aplaude. Así que me está pasando una experiencia increíble. No sé si se va a volver a repetir en mi vida, porque es muy difícil tener un material de estas características. Me refiero a un libro escrito así.

— ¿Tiene relación con la obra de teatro y película francesa del 98, La cena de los idiotas?

—No la vi. Pero esta es una versión teatral nueva, para esta época, ¿no? Está modernizada. En esa época no existían ni los celulares. Así que está perfectamente adaptada y ha mejorado aún. Está espectacular. La verdad que la gente que la vaya a ver, como decía un amigo: si no le gusta, le doblamos el dinero. Risa y aplauso garantizado, creo que lo digo con total honestidad y sinceridad.

—¿En Buenos Aires han tenido muy buena respuesta de público?

—Sí, hicimos dos temporadas. Separadas por la temporada del teatro estival de Mar del Plata, y terminamos la segunda temporada de Buenos Aires y arrancamos por Uruguay, Rosario, ahora estamos en Santa Fe y Entre Ríos, y ya prontito en Mendoza, si Dios quiere. En pocos días estamos allá.

—¿Es la primera vez que traen esta obra a Mendoza?

—Exactamente, sí, la primera vez. Se van a volver locos. Y el asunto también es por visitar Mendoza, ¿no? Por visitar Mendoza, que es una provincia tan linda que quiero mucho.

—¿Has venido otras veces acá con obras de teatro?

—He ido más como turista que trabajando. Las veces que estuve en Mendoza fue más detrás del telón, pero en producción. Como actor es la primera vez que estoy en Mendoza.

— Antes de meterte con La cena de los tontos, llevabas mucho tiempo sin hacer teatro…

—Muchísimo, sí, muchísimo, porque me cuesta, la verdad, hacer teatro si no tengo un buen material. Porque hay que hacer la función, pero hay que hacerla con una frecuencia alta. Entonces, si no tenés un buen material, se pone muy difícil y cansador. Por eso estoy tan contento. Porque hacer esta obra, que es tan efectiva, hacerla en gira me da mucho placer.

— Además te saca un poco del tipo de actor que siempre has representado, más dramático, con el perfil de galán. ¿Qué significa para vos ese cambio?

—La verdad que lo estoy viviendo con mucha alegría, porque lo que pasa con el público es realmente fantástico, entonces lo disfruto. Por eso te digo, no creo que se me vuelva a repetir en mi vida una pieza así, tan efectiva, con tanto humor, y que la gente se divierta tanto en una función.

—¿Y cómo te llevás con el resto del elenco, cómo es la dinámica entre ustedes?

—Bien, muy bien. Divertido también. Así que estamos bien, arriba y abajo del escenario.

—¿Cómo está el tema con la televisión? Porque sos un actor de mucha televisión y de pronto ese universo se fue achicando...

—No se achicó, se redujo a cero. O sea, la televisión se redujo a cero.

—¿Y cómo vivís eso?

—Con mucha tristeza, pues no pasa en todos lados, pasa nada más que en la Argentina. En otros países se produce ficción para la televisión: Chile, Brasil, Colombia, se produce ficción para los canales. Y acá desapareció, lamentablemente.

— ¿Lo último que hiciste en televisión fue "Los Protectores"?

—Sí, pero eso fue para una plataforma, para Disney. En televisión abierta, lo último que hice fue en Telefe, y se llamaba "Somos Familia". En el 2014, 2013. Imaginate cómo se fue cayendo toda la ficción en la tele abierta.

— ¿Y este momento de las plataformas cómo lo vivís?

—Es lo que hay. O sea, me gustaría más que sea para tele abierta, que las ficciones las pueda ver todo el mundo, no como con las plataformas que hay que pagar. Eso sería lo que me gustaría, pero bueno, no es lo que está pasando y hay que adaptarse a las realidades.

— ¿Cuáles son las expectativas con el público mendocino?

—Que suceda lo mismo que viene sucediendo con esta obra. Ya con eso somos todos felices. Esa es la expectativa, sé que les va a gustar mucho y se van a divertir y reír muchísimo. Así que es un placer ir con una obra que ya está garantizada. Que la gente que va a pagar una entrada lo va a pasar increíble. A mí eso me da mucha tranquilidad por el respeto al público, y sé que nadie se va a desilusionar ni se va a ir con las manos vacías después de pagar una entrada. Y va a estar totalmente agradecido, como lo que viene pasando en todo el país. Así que es muy tranquilizador para uno que se sube arriba del escenario que eso esté asegurado.

—Volviendo al tema de las plataformas y la caída de la ficción. ¿Cuál es tu impresión sobre esta época en la que hay una avanzada contra la cultura, contra el teatro, contra la producción cinematográfica nacional?

—Yo no sé si es contra, es el desinterés. El desinterés por lo nuestro, eso es lo que yo siento, a nivel del país. Creo que estamos defendiendo muy poco lo nuestro, nuestra tierra, y eso nos involucra a todos, a los que estamos dentro. Eso es lo que siento. Y la cultura es una parte, y diría que no la más grande. Cuando empezás por salud y educación ya te das cuenta. La salud, las rutas, lo mínimo que estamos recogiendo del país, y te das cuenta de la falta de cuidado de lo nuestro.

— ¿Le ves alguna salida?

—Yo creo que Argentina siempre tiene salida. Los argentinos tenemos fuerza para renacer y reinventarnos, así que la esperanza es lo último que se pierde. Sobre todo por los chicos, por la gente joven. Hay que pelearla para que sepamos que descuidar lo nuestro no está bien.

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