En esta charla con Los Andes, Ortega habla de escribir por primera vez, de los sesgos de confirmación y de por qué la creatividad es, ante todo, una conexión improbable.
—El libro se lo debo a Rubén Valle (N. de la R.: secretario general de redacción de Los Andes). Él me invitó, junto con Pablo Dellazoppa (N. de la R.: gerente general de Los Andes), el año pasado a escribir en el diario. Eso provocó una rutina que yo no tenía, que fue empezar a escribir todas las semanas. Y al tiempo me dijo: "Che, ¿por qué no compilás después esos textos?". Allí apareció la editorial del Fernando G. Toledo, Libros de Piedra Infinita, y fue así, se fue dando escribiendo todas las semanas y de pronto nos encontramos con 30, 50 notas, y Fernando con su socio, Hernán Schillagi, dijeron: Hagámoslo". Y así surgió el libro. Fue una cuestión, primero de disciplina, segundo de empezar a pensar, a formalizar algunos pensamientos que uno tiene sobre la cultura, sobre la creatividad, sobre los medios. Le puse de título Conexiones improbables —o lo propusimos con Fernando y Hernán—, porque yo siempre digo que la creatividad es la conexión improbable de elementos de valor en un texto de incertidumbre. Entonces, mirá si existe la incertidumbre en estos tiempos. Y si la conexión es con algo probable que suceda, no hay creatividad. Esa es la idea.
—¿Es tu primera incursión en la escritura?
—Sí. Yo siempre trabajé más en la gestión, en la producción. Hace 20 años que también me dedico a pintar y a hacer cosas, también de manera profesional, desde el mundo del arte, el diseño y la pintura, mezclado con la producción audiovisual, que me encanta y con la que hemos hecho varias cosas interesantes. Así que te diría que es la parte que me faltaba de esta rama, formalizarla con cierta irreverencia. Con cierta irreverencia de no ser ni escritor ni periodista.
La diversidad, un sello de las industrias creativas
—Hacés muchas cosas: producción cinematográfica, gestión cultural, dibujo, pintura. ¿Cómo te las arreglás para coordinar todas esas actividades?
—Te diría que es el mundo de las industrias creativas. Y me sale, me gusta, lo disfruto. Y eso tiene que ver con esas conexiones improbables que te digo: tiene que ver con que hacer una película también implica un espacio de reflexión, o pintar una obra también implica saber qué pasa con la gestión. Y escribir, de alguna forma, también metodologiza estas situaciones que a veces parecen más azarosas, y que en el fondo tienen que terminar siendo parte de una disciplina. Me parece que ahí está la cosa.
—Al revisar las notas que escribiste a lo largo de todo este tiempo en Los Andes, ¿qué sensación tuviste? ¿Te parece que faltaron temas? ¿Cómo fue el proceso de selección?
—La selección la hicimos juntos con Hernán y con Fer Toledo. Fue una curaduría que hizo la editorial, que me sirvió muchísimo. Cuando veo la columna de hoy y veo la primera nota que hice el año pasado en marzo, digo: "Bueno, hay cierto desarrollo, aprendí bastante más". Entonces... no cruzamos el Rubicón, pero estoy aprendiendo cómo decir las cosas, o cómo hay una suerte de léxico que uno tiene que ir asimilando.
Conexiones improbables, con textos e ilustraciones de Marcelo Ortega fue publicado por Libros de Piedra Infinita, en la colección El Desaguadero que dirigen Hernán Schillagi y Fernando G. Toledo.
Ilustraciones del autor
—Además en el libro cada texto va acompañado de un dibujo, que es tuyo también…
—Exacto. Hay una serie de dibujos que hice sobre el mito de Sísifo. Y bueno, muchos de ellos los expuse, otros no. Entonces dije: "Bueno, ¿por qué no empiezo a usar, o a dibujar, cosas que a mí me inspire mi propia nota?". Entonces hay como un juego visual, donde las letras y el dibujo empiezan a funcionar. Y ese esquema también lo pusimos en el libro, con un texto de Norberto Chávez, que prologó un catálogo que yo había hecho. Norberto es arquitecto, diseñador y filósofo, docente, argentino, que vivió mucho tiempo en Barcelona. Murió hace poco. Fue un gran amigo, el padre de la imagen corporativa, un gran maestro. Y él hizo un texto sobre los dibujos en su momento, y como homenaje está puesto en el libro, al final del libro.
— ¿Y por qué te interesa el mito de Sísifo?
—Por esta cosa de que no sabemos dónde estamos, o que... subimos la piedra, la volvemos a hacer caer, y estamos así, como una cuestión de un permanente entusiasmo para no sé qué... Yo soy un entusiasta desde siempre. Entonces digo: "Sigamos". Y Camus dice una cosa así: “Veamos a Sísifo contento, a pesar de que esto sea rutinario”. Me fue inspirando, y este muñequito, este Sísifo que pinto, hace cosas ridículas, o se pregunta un montón de cosas —casi como lo que yo me estoy preguntando—. ¿Sabés qué me preocupa? Los sesgos de confirmación. Nos decimos lo mismo que queremos escuchar, leemos las cosas que nos gusta que nos digan. Es como la inteligencia artificial. Hay una tecnología chupamedias en la inteligencia artificial. Cuando vos le decís algo, responde: "Qué bien, Ariel, qué bien, Marcelo, lo que estás diciendo." Hay una obsecuencia. Entonces nos gusta que nos digan lo mismo, y me parece que la construcción de lo social de este ser contemporáneo exige dejar un poquito ese ego conformista.
Marcelo Ortega presenta su primer libro este jueves 10 de octubre de 2026, en el Museo Carlos Alonso.
—Pendulamos entre el mito de Sísifo y el de Narciso, entonces…
—Exactamente. Yo siempre digo que hay que hacer una administración general de egos, en la carnicería y en el laburo. A mí me interesa que nos divirtamos. No con una diversión pueril, ingenua y banal. Hay mucha superficialidad de un lado y excesiva intelectualidad del otro. Entonces, nos divertimos leyendo un libro, una película, pensando distinto que los amigos. Y sin dejar de ser amigos.
—Es fundamental el humor…
—Y el humor está ausente, o hay mucho del humor tineliano, ese humor cierto vacío. No es el de Les Luthiers. Entonces, creo que hay que recuperar eso: el humor inteligente, la ironía bien puesta, dejar lo banal o lo superficial para darle un poquito más de bola a cosas que requieren cierta profundidad, sin ser solemnes, académicos. Sin ser solemnes: esa es la palabra.
En pocas palabras
Conexiones improbables, de Marcelo Ortega, publicado por Libros de Piedra Infinita, será presentado el jueves 10 de septiembre, a las 19.30, en el Museo Carlos Alonso. Participarán de la presentación Rubén Valle y Wálter Gazzo. Invita: Los Andes.