La educación de los hijos es una prioridad para Gabriela Sari y Rulo Schijman. Su hija asiste a un prestigioso colegio privado que se enfoca tanto en el rendimiento académico como en el desarrollo emocional de sus estudiantes. La propuesta combina metodologías activas con las herramientas que exige el siglo XXI.
El colegio diseña un trayecto que acompaña todas las etapas de crecimiento, desde el nivel inicial hasta el secundario. En lugar de centrarse únicamente en la repetición de contenidos, el cuerpo docente trabaja bajo un esquema progresivo pensado para fomentar la autonomía de los alumnos en diferentes contextos del mundo real.
Tecnología y bilingüismo adaptados al aula moderna
La integración tecnológica no se limita a usar pantallas, sino que responde a un mecanismo pedagógico definido: digitalizar dinámicas de estudio para potenciar el pensamiento crítico. Al incorporar herramientas digitales de forma transversal en las materias cotidianas, los alumnos asimilan la tecnología como un medio de resolución de problemas y no solo de entretenimiento. Esto se complementa con un programa de inglés intensivo que se dicta desde los primeros años del ciclo escolar.
Para responder de manera equilibrada a estas exigencias cognitivas, la infraestructura de la escuela cuenta con laboratorios de ciencias, salas destinadas a la expresión artística, una biblioteca completa y múltiples sectores deportivos. Este diseño edilicio permite alternar el esfuerzo intelectual con actividades físicas y recreativas.
Compromiso comunitario y formación ética
Más allá del plano académico, la institución sostiene su modelo sobre un fuerte compromiso con el entorno social. A lo largo del año escolar, los estudiantes participan de manera activa en proyectos solidarios y actividades comunitarias directas. El objetivo detrás de esta práctica es trasladar el aprendizaje teórico del aula hacia un impacto real en la vida cotidiana de la comunidad, promoviendo la empatía y la responsabilidad ciudadana activa desde la infancia.