Un 7 de septiembre de 1996, a las 7 de la tarde, siete personas murieron en un accidente que conmocionó a la Argentina. Entre ellas estaba Gilda, una de las principales figuras de la música tropical.
Los sobrevivientes revelaron detalles desconocidos del choque en el que falleció Gilda, hace exactamente 30 años.
Un 7 de septiembre de 1996, a las 7 de la tarde, siete personas murieron en un accidente que conmocionó a la Argentina. Entre ellas estaba Gilda, una de las principales figuras de la música tropical.
El último viaje de la cantante había comenzado varias horas antes en Buenos Aires. Después de participar de un programa de televisión en Canal 2, Gilda decidió desviarse hasta Villa Devoto para buscar a su madre, Isabel Scioli, y a sus hijos Fabricio y Mariel.
El cambio no estaba previsto. Su madre tampoco solía acompañarla en las giras. Aquella vez fue diferente. Después del almuerzo, el grupo emprendió el viaje hacia Entre Ríos. Afuera lloviznaba y la mayoría de los pasajeros descansaba. Algunos estaban sentados y otros dormían en las camas cuchetas del colectivo.
El micro avanzaba a unos 70 kilómetros por hora por la Ruta Nacional 12. En el kilómetro 129 ocurrió el choque.
Por el sentido contrario circulaban dos camiones. El segundo intentó sobrepasar al primero, invadió el carril contrario y se encontró de frente con el colectivo que trasladaba a Gilda y a su grupo. El impacto fue frontal y de enorme violencia.
“Fue un choque importantísimo”, recuerda Ricardo Fuentes, uno de los sobrevivientes. El micro quedó atravesado sobre la ruta, con la trompa completamente destruida.
Fuentes era uno de los pocos que vio venir el camión. Estaba escuchando por radio el partido entre Boca y Lanús cuando levantó la mirada.
“Fui el único que vio el camión y supe que nos iba a chocar. Se cruzó de carril. Me acuerdo hasta del color del micro, que era anaranjado, y hasta del buzo del conductor: amarillo”.
Después del impacto quedó con un brazo atrapado debajo de los equipos de sonido y sufrió una fractura de peroné.
Daniel De la Cruz estaba durmiendo en una de las cuchetas. El impacto lo despertó y, aturdido y descalzo, logró salir por la parte delantera del colectivo.
Mario Riquelme quedó atrapado entre las cuchetas. “Todo se puso oscuro. Sentí una fuerte sensación de encierro. Se había caído todo el sonido arriba mío”, recuerda. Después de escuchar que habían chocado, logró apartar los equipos que lo aprisionaban y salir.
La situación de Fuentes fue particularmente dramática. Mientras esperaba ser rescatado, sintió que alguien le tomaba la mano. Era Fabricio, el hijo de Gilda, que tenía ocho años y había quedado atrapado entre los hierros. El niño tenía las dos piernas quebradas y llamaba a su madre.
Fuentes no podía sacarlo. También estaba atrapado debajo de los restos del vehículo el sonidista, al que conocían como Memo. “¿Qué hicimos? Esperamos”, recuerda.
Fuentes también alcanzó a ver a Gilda. Estaba sentada en su asiento, con la cabeza hacia abajo. En un primer momento, no parecía tener heridas visibles. Después supo que había muerto como consecuencia del impacto.
El accidente dejó siete víctimas fatales: Gilda; su hija Mariel; su madre, Isabel Scioli; el chofer Elvio Mazzucco; y los músicos Enrique “Quique” Tolosa, Gustavo Babini y Raúl Larrosa.
El choque también provocó un efecto dominó. Detrás del micro circulaban un Ford Falcon y un Fiat 147.
Los sobrevivientes fueron trasladados al hospital de Zárate, ubicado a unos 55 kilómetros del lugar del accidente. Allí continuaron las escenas de desconcierto y tensión. Según el relato de los sobrevivientes, el camionero brasileño, también trasladado al hospital, pedía comida y llegó a reclamar una pizza.
La tragedia puso fin a la vida de Gilda cuando tenía 34 años y atravesaba un momento de crecimiento de su carrera. Había comenzado como cantante tropical pocos años antes y ya había grabado cuatro discos de estudio. Corazón valiente, publicado en 1995, había consolidado su popularidad.
Después del accidente, su figura comenzó a adquirir una dimensión diferente. El lugar de la tragedia se transformó en santuario y sus seguidores comenzaron a atribuirle características milagrosas. El mito de Gilda creció con el paso de los años, mientras sus canciones continuaron circulando y alcanzaron nuevas generaciones.