El verano persiste, aunque proyecta su fin. Sigue vigente elegir nuestras lecturas de tiempo libre; y también mirar hacia atrás.
¿Qué pasa con la lectura en Argentina? Mientras la Ciudad de Buenos Aires promedia nueve libros anuales por habitante, en el interior la realidad es desértica. En regiones del NEA y NOA, el promedio apenas roza un ejemplar por año, y 73% de los niños carece de libros en su hogar.
El verano persiste, aunque proyecta su fin. Sigue vigente elegir nuestras lecturas de tiempo libre; y también mirar hacia atrás.
¿Qué pasa con la lectura en Argentina? Buscamos datos: tenemos dos estadísticas lectoras. Mientras la Ciudad de Buenos Aires promedia nueve libros anuales por habitante —impulsadas por la mayor densidad de librerías del mundo—, en el interior la realidad es desértica. En regiones del NEA y NOA, el promedio apenas roza un ejemplar por año, y 73% de los niños carece de libros en su hogar.
Esta brecha no es solo cultural: también es económica. El precio de los libros se nos escapa: con novedades que promedian los 45.000 pesos, el libro se convirtió en un bien de lujo. Si se le suma la escasez de librerías, o los costos de envío, descubrimos que, también para leer, una cosa es vivir en Capital y otra, el resto del país.
Argentina y Chile lideran la región, desafiando la crisis con un renovado interés juvenil por el papel: las juventudes siguen prefiriendo comprarse libros.
El desafío para 2026 es federalizar la llegada a los libros. Si es tan difícil o caro, la lectura de libros profundizará la desigualdad.
* María Laura Prelooker. Escritora.