Fiestas patrias

Un recuerdo sobre los festejos patrios de antaño en las escuelas donde a la sencillez de los actos se los combinaba con la euforia de la celebración histórica. Tiempos donde la patria era enseñada a amarla desde la más tierna edad.

Luciana Sabina ha publicado una muy interesante nota sobre los Festejos del 25 de Mayo de 1900, en base a la crónica del diario “Los Andes”. Sobre el tema quiero aportar algunos recuerdos, quien ha pasado los ochenta. Nací y me crie entre los viñedos de Rivadavia.

Inicié la escuela primaria en 1947 y la terminé en 1953. En una modestísima escuela de Santa María de Oro, la Nacional 87, Gobernación del Chubut. Por esos años en el lugar no creo que haya habido poco más de una docena de casas, sin luz ni agua corriente. Cuando inicié los estudios la escuela tenía sólo hasta cuarto grado, luego se agregaron los dos restantes, en la medida que íbamos avanzando en nuestros estudios. De cualquier, modo nunca fuimos más que un puñado de niños y niñas.

Pero el tema que quiero abordar es el de los Festejos Patrios. Por lo pronto era más que obligatorio que nunca la asistencia a los mismos. No se festejaba (desvaídamente) el día anterior, ni había “feriados puentes”, para promover el turismo, de los que tienen con qué, nosotros ignorábamos esas cosas. A Los festejos concurríamos acompañados por nuestros padres y abuelos, como lo hacían esos pocos vecinos. Nos mezclábamos, con gusto los descendientes de inmigrantes con los criollos, que eran mayoría.

Los festejos consistían (temprano) en el izamiento de la bandera, cuyo mástil estaba borde la calle frente al escuela. ¡Qué honor haber sido designados para esa ceremonia! Hace falta decir que nuestra indumentaria, en relación a la de hoy, era muy precaria y los fríos intensos.

Luego el chocolate, o el mate cocido según las circunstancias, acompañados por tortas fritas que aportaban la generosidad de algunas vecinas.

El director de la escuela, José Isidro Doña, hombre de clara y profunda elocuencia oratoria, pronunciaba un discurso que encendía el patriotismo de los presentes, convocaba a la concordia entre los vecinos, a la ayuda de los que podían, a los que no podían. Sus arengas estaban dirigidas al corazón y la mente, para que todos fuéramos mejores y lo fuese nuestro pequeño poblado.

El acto escolar terminaba con el Pericón Nacional, bailado por niñas y niños engalanados (en nuestra modestia) con las mejores prendas realizadas por nuestras madres y familiares.

Luego los paisanos, criollos llegados con su mejores caballos y prendas, realizaban sus saberes como la sortija y otros. Los jóvenes y niños, nuestros juegos como el palo enjabonado o las carreras de embolsados.

Así se construyó una Patria, hoy bastardeada y humillada por quienes deberían ser sus abanderados y defensores.

* José Esteban Onofri. DNI: 6.891.454.

LAS MAS LEIDAS