En el momento en que el árbitro tocó el silbato final y Boca se clasificó en el Mineirao a las semifinales de la Copa Libertadores, todos los argentinos comenzaron a visualizar lo que sería una posible final entre River y ?Boca.?
En el momento en que el árbitro tocó el silbato final y Boca se clasificó en el Mineirao a las semifinales de la Copa Libertadores, todos los argentinos comenzaron a visualizar lo que sería una posible final entre River y ?Boca.?
Un hecho que nunca ocurrió. Un partido que paralizaría el país. Algo mucho más que 180 minutos de fútbol. Y también un desafío para una sociedad que deberá demostrar si estará preparada para un encuentro de este tipo.
Ambos tendrían mucho por ganar y mucho por perder. Tal vez demasiado. En un país que siempre se caracterizó por ser exitista, nadie estará preparado para recibir la noticia de la derrota.
En el 2015, en un contexto diferente, el partido se suspendió en el entretiempo por un acto cobarde. Hinchas de Boca arrojaron gas pimienta a los jugadores de River y no se pudieron completar los 180 minutos.

Ahora, el partido decisivo en el Monumental. ¿Estamos preparados para que Boca de una vuelta allí? ¿Podría terminar el partido sin incidentes si el ganador es River? ¿Podrán convivir hinchas del Millonario y del Xeneize en las calles de Argentina tras el partido?