Bodegas compran menos uva y el precio del vino cayó 50% desde 2011

Un informe da cuenta de que en los últimos dos años los establecimientos vitivinícolas redujeron sus compras 5 por ciento y también alargaron los plazos de pago. No se espera una mejora inmediata.

Con la vendimia 2015 pisando los talones, es que nuevamente sale a flote cómo se comportará el precio de la uva, del vino y, en consecuencia, cómo se moverá el mercado.

Según el Informe Anual Vitivinícola de la División Vinos, del Banco Supervielle, en los últimos dos años cambió la manera de abastecerse de las bodegas, las cuales pasaron de comprar el 17% de la uva que procesan a un promedio que se ubica entre el 12% y el 11%.

El informe destaca que en los últimos 8 años los establecimientos usaban 60% de su materia prima y el resto se dividía entre uva y vino de traslado. En el caso de la uva, el porcentaje siempre rondaba el 17%. En los últimos dos años, este monto bajó al 12% y 11%. Lo que muestra una caída constante cercana al 5% en los últimos 2 años, en lo que respecta a compra a terceros.

Según Javier Merino, director de Área del Vino y responsable de los informes elaborados por la entidad bancaria, esto se debe a “que ante la caída de la demanda, lo que hicieron las bodegas fue procesar lo propio y no comprar a terceros”. Agrega que ese es uno de los principales motivos de la caída del precio.

A esta situación se suma que, ante el precio bajo, aquellos que vendían uva prefirieron elaborar vino para esperar mejores valores. Esto, a su vez, se vio reflejado también en el mercado de traslado y de ahí los bajos precios que se están observando.


Por otro lado, salta otro fenómeno y es cómo las bodegas se financian con los productores y cómo las cuotas para la paga de uva se han extendido.
 Mirando hacia atrás, en el 2008, el 50% de lo que las bodegas compraban lo financiaban y el resto lo pagaban de contado.

Sin embargo, a partir de ese año la forma de solventarse por parte de los establecimientos fue el financiamiento de uva y ese porcentaje fue subiendo hasta ubicarse en el 60%.

En el 2014 esta cifra escaló hasta el 68%. Esto significa que las bodegas no sólo no compraron menos uvas sino que tampoco estuvieron dispuestas a comprar al contado y, por el contrario, se financiaron a través de los productores primarios, utilizando el crédito de ellos, y no se endeudaron con bancos o entidades.

Para el consultor, otro problema es que en aquellos primeros años el plazo de financiación con el que se pagaba la uva rondaba entre cinco y seis cuotas. Hoy está entre 8 y 12, este último número -sobretodo- para las uvas finas.

La principal razón es que por la baja demanda que hubo y ante la pérdida de transacciones, los productores prefirieron estas modalidades de pago antes que perder la venta.

En este sentido, desde la División Vinos, explicaron que la tasa de interés implícita que hay en las operaciones de financiamiento, muestra en los últimos años una tasa negativa.

“Es como si se hubieran endeudado a tasas negativas”, remarcó Merino y agregó: “Todo esto es consecuencia de lo mismo, se destruyó el mercado y apretaron por donde pudieron. En este sentido, cuando se mira el mercado, no sólo hay que analizar el precio de la uva/vino sino también esta situación”.

Para desplegar lo que será el panorama 2015, el encargado de realizar los informes para el Banco Supervielle, indicó que todas las luces apuntan a una situación similar o igual. El año pasado hubo una cosecha con excedentes y esta viene por el mismo camino, teniendo en cuenta que del otro lado de la balanza no hay oferta.

“Si el año que viene tenemos una caída del PBI de Argentina del orden del 2% otra vez, automáticamente vamos a tener una baja en la demanda de vino del triple que ese 2%. Sucede que este año, con los números reflejados, la baja en la demanda de vinos fue del 16%, y si en 2015 la situación se repite, el mercado vitivinícola va a caer, como las ventas de autos, y otras cosas”, acentuó Merino.

Frente a esto, agregó que nuevamente el ajuste de las bodegas será por el productor primario. También es cierto que, por el lado de los productores, la entrega de uva de calidad para mantener ciertos niveles de vino también se va a resentir.

Por lo tanto, Merino indicó “que hemos llegado a un punto casi límite en esta situación. No hay capacidad de acumulación de riqueza por parte de los productores para aguantar hasta que la situación mejore”.

De este modo, la solución al panorama que va a presentarse es que los productores tendrán que salir a pedir asistencia financiera a las bodegas para mantener los viñedos y la calidad que se les exige. En este contexto, algunos la tendrán, mientras que otros se quedarán afuera.

“Algunas bodegas harán acuerdos con aquellos que más necesitan, aportando dinero para invertir en la calidad de los viñedos, sobre todo a aquellas que no les alcance con la producción propia”, señaló el economista.

Con respecto a la posibilidad del aumento del precio de la uva, el consultor indicó que esto no sucederá porque las bodegas apenas están generando 0,8% de rentabilidad antes de pagar sus impuestos, por lo que “no tienen resto para pagar más”, sintetizó Merino.


Una cosecha con excedentes y precios similares 
Era de prever y parece que todo indica que la cosecha 2015 será igual o hasta mayor que la 2014. Ante este panorama, nuevamente los excedentes marcan la huella de los precios estancados que se esperan para el próximo año.

Rogelio Rabino, enólogo de Kaiken Wines, estimó que “ante una cosecha que se avecina con mayor producción que la anterior y con un mercado de exportación a la baja, los precios se mantendrían o, a lo sumo, aumentarían alrededor de un 5%”.

“Es así -agregó- que en algunos casos, los productores abandonarán sus viñedos o los venderán. Pero lo que más he visto es un atraso en las labores por falta de caja. Si la situación no mejora los más pequeños desaparecerán”.

Por su parte, Carlos Crotta, director de la bodega Crotta, señaló que la cosecha, en muchos casos, se levantará. Sin embargo, al igual que su colega, coincidió que en la post cosecha es muy probable que muchas fincas se abandonen.

“Con estos precios tan deprimidos y cero rentables habrá que agudizar el ingenio todavía más para trabajar en equipo con productores para que, entre todos, salvemos a la industria de una agonía lenta y preocupante”, dijo el bodeguero.

Para graficar un poco más la realidad, Crotta explicó: “En las fincas, el costo del personal es de aproximadamente 70%. Se vienen haciendo los aumentos por ley y el vino no sube, entonces estamos condenados a cerrarlas para no trabajar a pérdida.

Los precios, indudablemente, se mantendrán bajos, salvo algunos varietales como cabernet, malbec y chardonnay que están más demandados en buena calidad”.

Guillermo Banfi, director de Bodega Sur de los Andes, agregó que los precios de la uva seguirán en niveles similares al año pasado afectando el margen de los viñateros dado el fuerte incremento en los costos. Por lo que, según Banfi, nada indica una realidad diferente a la que se vivió durante el 2014.

Frente a este panorama es que Rabino indicó que la solución es macroeconómica. “Por ejemplo, un dólar más competitivo, controlar la inflación, fomentar las exportaciones de vino y, sobre todo, bajar la presión fiscal sobre la industria. Mientras que a nivel microeconómico hay que ajustar los costos, eficientizar las labores y  mecanizar las tareas”, sentenció Rabino.

Desde Kaikén, este profesional contó que apuestan a la sustentabilidad de la cadena. Por este motivo, es que “premiamos a los productores que nos entregan calidad de uva pagando precios sobre la media de mercado. También ayudamos con adelantos para la cosecha o para la logística de la misma”.


Bodegas en situación crítica
Las bodegas no pueden ajustar en el costo de los fletes o el costo de personal, por lo que lo hacen en el precio de la uva. Para Merino, la forma para que esta situación se revierta es que la cosecha sea escasa, situación que no ha pasado".

Contrario al fenómeno del 2012, cuando explotó el precio, propiciado principalmente por un aumento de la demanda -el famoso trade down- y una escasa cosecha. En los últimos tres años la demanda cayó  y las vendimias han sido buenas.

En promedio, las uvas del Valle de Uco que este año estuvieron en el orden de los $ 400 el quintal, deberían, según el estudio de la División Vinos, ubicarse en $ 600. Las de la zona alta de Luján y Maipú, que este año se pagaron $ 328, deberían cotizarse en $ 500, promedio.

En conclusión, para Merino, de 2011 a 2014, la caída del precio del vino fue del 50%.

“Igualmente, está comparado con un valor que también estaba desubicado y no era del todo real, por lo que se explica anteriormente”, dijo y agregó que -al analizarlo- el precio está 25% por debajo de lo que puede ser un precio a largo plazo y rentable.

Por hectárea de malbec el productor sólo gana $ 2.000

El varietal malbec tuvo en Mendoza el menor ingreso neto por hectárea de la década, 26% es la caída de facturación 2014 en valores reales de las uvas finas y semifinas.

Esto lleva a que la facturación real por hectárea fuera de 25 mil pesos, muy por debajo del equilibrio financiero. Tengamos en cuenta que la superficie se expandió con un valor promedio de más de 35 mil pesos por hectárea.

Este año, la facturación por hectárea del malbec fue de 43 mil pesos, mientras que el costo se ubicó al orden de los 41 mil pesos. De este modo, la ganancia del productor fue de sólo 2.000 pesos, sólo el 5%.

“Si a esto le restas los impuestos, la ganancia queda cercana al ingreso neto que estamos viendo en las bodegas, que dio 0,8% y a nivel de producción primaria de malbec, te está dando 5%. No hay ningún valor histórico más bajo que este. Por lo que el valor razonable debería ser cercano a los 50-60 mil pesos”, dijo el analista .

“Cuando esto mismo, se analiza en otras variedades, la facturación es prácticamente cero o negativo”, sentenció el economista.

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