La canciller alemana, Angela Merkel, ha adoptado una línea inflexible en las negociaciones para salvar a Grecia, al punto de arriesgarse a que el país salga de la Zona Euro, lo que firmaría también su propio fracaso, según los analistas. Durante la cumbre europea de Bruselas del martes, el “Grexit” quedó como una opción plausible en la mesa. Sólo el gobierno griego de Alexis Tsipras parece poder evitarlo cediendo a las exigencias de reformas de sus acreedores (Unión Europea, BCE y FMI).
Tras el rotundo rechazo de los griegos, en el referéndum del domingo, a las propuestas de los acreedores, la canciller alemana cerró la puerta a cualquier negociación sobre una reestructuración de la deuda griega, principal reivindicación de Tsipras a cambio de reformas. Pero la apuesta es arriesgada.
“El mantenimiento de Grecia en la Zona Euro es un elemento central de su política de crisis de los últimos cinco años”, que consistía en una solidaridad con los países en dificultad a cambio de medidas de austeridad, recuerda Julian Rappold, experto del Instituto Alemán de Política Exterior en Berlín.
“Una salida de Grecia de la Zona Euro significaría un fracaso de la política llevada a cabo hasta ahora” y la canciller “entraría en la historia como la que expulsó a Grecia”, subraya.
Las consecuencias de esta eventualidad son difícilmente previsibles. Es cierto que Berlín considera que el riesgo de un efecto dominó para los otros países europeos es bajo, debido al refuerzo desde 2012 de las estructuras de la moneda única. También se dice que Grecia es “un caso único”.
Pero todos reconocen que existe un riesgo para la propia supervivencia del euro, herencia política del canciller de la Reunificación Helmut Kohl que Merkel no desea dilapidar.
Berlín corre el riesgo de dañar su relación con aliados como Francia y Estados Unidos que presionan para evitar este “escenario negro”.