2 de abril de 2016 - 00:00

El destino, ese sonido colosal

El viernes 8 de abril la Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional de Cuyo iniciará un nuevo ciclo, que abrirá con un clásico de clásicos: la “Quinta Sinfonía” de Beethoven.

Dicen que caminaba por algún campo vienés y escuchó el canto de un pájaro. Entonces la inspiración le bajó, bien a tono con el romanticismo de la época, y configuró las notas en su cabeza. Esto lo cuenta Antony Hopkins (el compositor inglés, no el actor) en su libro sobre las sinfonías de Beethoven, y se remonta al testimonio de un alumno suyo, Carl Czerny (a quien los pianistas conocen muy bien). 
Apacible e idílico. Así es como a muchos nos gustaría imaginar al genio de Bonn al momento de componer, como cazando las melodías en su cabeza.  
Pero hay otro mito más que rodea el archiconocido inicio del primer movimiento de la Quinta Sinfonía. Una versión más poética, dramática, y la dio quien fuera su secretario y uno de sus primeros biógrafos, Anton Felix Schindler.

“¡Así el destino toca a la puerta!”, le habría dicho el propio Beethoven un día, señalándole el “ta-ta-ta-tá”: intenso, tempestuoso y colosal. Atrapante como una fuerza centrífuga.

Pajarito o destino, saber dónde estaba y en qué se inspiró Beethoven es algo que provoca sendas discusiones de eruditos, aunque quizás nunca sabremos la verdad (los mitos suelen gustarnos más que ella).

La cuestión es que, si bien hoy es una de las obras de la música clásica más populares de todos los tiempos, en su estreno pasó casi inadvertida. 
Imagínense: esa tarde vienesa, la del 22 de diciembre de 1808, el propio Ludwig van Beethoven (de casi 40 años y ya con principios de sordera) la dirigió junto a una seguidilla de obras suyas. Todas vieron la luz por primera vez, y algunas son hoy muy famosas.

En una maratónica sesión de cuatro horas también estrenó, entre otras piezas menores, la Sexta Sinfonía, el Concierto para piano N°4 (interpretado por él mismo) y la “Fantasía Coral”. Dicen que la orquesta sonó fatal, y que las cuatro horas agobiaron al público que, por otra parte, y aclimatado al frío invierno europeo, permaneció impertérrito. Louis Spohr, otro compositor, opinó en su momento que la obra era (miren qué ingenioso) “¡una orgía de estruendo y vulgaridad!”.

Pero vinieron tiempos más justos. El público reconoció los méritos de esta obra, y el resto de la historia ya la sabemos: la célebre “Quinta” de Beethoven viajó incluso al espacio, en 1977. Dicen que el Voyager llegará dentro de 40 mil años a la estrella más cercana. Quizás algún día nos represente ante culturas extrañas, como un ejemplo de lo que puede crear el ser humano.

Para calentar los oídos

El viernes que viene, 8 de abril, la Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional de Cuyo iniciará su segundo ciclo de la temporada. Esta vez, desde las 21.30 en la Nave Universitaria sonará la “Música que sorprendió al mundo” (tal es el título del ciclo).

Como no podía ser de otra forma, la “Quinta Sinfonía” de Beethoven será la protagonista ese día, bajo la batuta de Rodolfo Saglimbeni. Las entradas, de $80 y $60, estarán disponibles en la boletería desde el martes, de 10 a 14 y de 18.30 a 20.

Al día siguiente, el sábado 9 de abril, otra “Quinta” famosa cautivará al público local. La Orquesta Filarmónica de Mendoza, dirigida por Gustavo Fontana, inaugurará oficialmente su temporada 2016 (sus actuaciones anteriores estuvieron enmarcadas en festivales), con la monumental “5° Sinfonía” de Gustav Mahler.

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