El Año Ginastera ya comenzó en nuestro país: hace unos días, el Colón inauguró su temporada con una notable producción de "Beatrix Cenci", la última ópera del compositor, del que se cumplen 100 años de nacimiento.
El Año Ginastera ya comenzó en nuestro país: hace unos días, el Colón inauguró su temporada con una notable producción de "Beatrix Cenci", la última ópera del compositor, del que se cumplen 100 años de nacimiento.
En el marco de nuestro festival Música Clásica por los Caminos del Vino, los homenajes también quisieron alinearse hacia este importante aniversario (es el compositor más relevante de la música académica nacional). Las limitaciones reales no tardaron en atenuar cualquier gran expectativa: las partituras tienen que arrendarse con tiempo, son caras y a eso se sumó otro hecho, muy elemental: ¡son pocos los músicos que lo interpretan!
Recién en los últimos años su música se ganó un espacio dentro del canon y, además, interpretarla exige una notable destreza.
Aunque sus obras más conocidas son las de su primer período de composición (a la que él mismo llamó nacionalismo objetivo), la evolución de su lenguaje devino en obras extremadamente difíciles: hay una distancia grande entre sus primeras obras (como el famoso "Malambo" del ballet "Estancia") y sus composiciones más maduras, en las que hiló, eventualmente, series dodecafónicas, volviéndose hermético para el gran público.
Con la notable ausencia de una ginasteriana mendocina reconocida en el mundo entero, como lo es Dora de Marinis, el homenaje en esta edición del festival se concentrará en pocos conciertos: en Casa Bianchi, el jueves 24 en San Rafael con el dúo de piano y voz de Mariana Rodríguez y Emanuel Fernández, y en el Teatro Independencia en dos oportunidades, con los pianistas Jorge Mansilla y Julián Salcedo Elías, el martes 22 y el concierto de clausura, el domingo 27 con Lázaro Méndolas junto al Cuarteto Ludwig.