Son varias las personas que en Mendoza han perdido la vida por la caída de árboles en mal estado. Los Andes, como otros medios, han contabilizado cinco muertos en un año y medio por forestales que perdieron la estabilidad, con motivo del viento Zonda que se produce en nuestro territorio, generalmente en esta época del año.
El último y dramático caso ocurrió el sábado 1 de agosto, en la ruta nacional 143, en la localidad de Pareditas, a la altura del paraje Paso de las Carretas, (San Carlos), donde falleció un matrimonio en su cuarta década de vida y una hija de 15 años y otra pasajera del rodado resultaron con lesiones de gravedad.
La Justicia deberá establecer qué provocó la pérdida de la verticalidad del ejemplar y si presentaba señales previas de deterioro, inclinación, enfermedad, daño en sus raíces, falta de mantenimiento o riesgo en su estructura.
Demasiado tarde para los esposos que fallecieron en el lugar. Esas circunstancias se debieron haber determinado antes del fuerte ventarrón que se abatió sobre grandes extensiones de terreno.
Habitantes de San Carlos declararon que desde hace tiempo habían advertido sobre el estado de varios ejemplares ubicados a la vera de la Ruta 143. Aseguran que en distintas oportunidades solicitaron tareas de mantenimiento y extracción de árboles que presentaban signos de deterioro, especialmente en sectores donde el viento suele golpear con mayor intensidad. Esos reclamos volvieron a cobrar fuerza tras el accidente.
Lo mismo ocurrió en Guaymallén donde también se formularon pedidos por el mal estado de algunos árboles.
Las reparticiones que se ocupan del arbolado público son varias, con especial determinación los municipios y la Dirección de Biodiversidad y Ecoparque (exDirección de Recursos Naturales Renovables), y, por supuesto las direcciones nacional y provincial de Vialidad (DNV y DPV).
Todos estos organismos saben dónde están los ejemplares que representan un peligro para la comunidad, para los habitantes y subsidiariamente, y con menor importancia, para los bienes de los particulares y del erario estatal. Principalmente, los municipios que tienen delegadas funciones de control, poda, erradicación y reposición de ejemplares.
El viento Zonda de comienzo de mes podría eventualmente repetirse durante las próximas jornadas antes de la llegada de la primavera, y en esas circunstancias volverán a reproducirse los riesgos.
Es poco probable que en tan poco tiempo se solucionen todos los problemas con el arbolado, pero las reparticiones de control y sostenimiento de esa riqueza natural de la provincia tienen que abandonar los criterios de no asumir las responsabilidades y ponerse a actuar. Y ponerse a actuar significa determinar de una vez y para siempre cuáles son los árboles que no están bien biológicamente y comenzar con el reemplazo de los mismos por ejemplares jóvenes y sanos.
Va a costar mucho, pero hay que empezar. Además de regar a los forestales del patrimonio público y privado, concluir con la impermeabilización de las acequias y refundar los muy necesarios viveros provinciales y municipales.