Cada 10 de abril, en la Argentina se celebra el Día del Investigador Científico, al conmemorarse el nacimiento de Bernardo Houssay, primer argentino en ganar un Premio Nobel, el de Medicina, en 1947. Su contribución fue revolucionaria en materia de salud, al estudiar la hipófisis y su impacto en la comprensión de enfermedades como la diabetes.
De eso se trata el trabajo de investigadoras e investigadores: resolver problemas concretos, desarrollando innovaciones en salud, tecnología y producción que mejoran directamente la calidad de vida de las personas.
Pero, el momento actual de los representantes de la ciencia argentina, se desempeñen en la gran usina de conocimientos que es el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) o en las universidades nacionales o privadas, no es el mejor.
Sería imposible concentrar en varios libros todos los avances que los investigadores han conseguido en los últimos veinte o treinta años, especialmente en el campo de la salud, pero también en otras áreas.
Las investigaciones científicas y los centros de investigación subsisten, pero con muchas dificultades, que no se dan en otros países de la región, o de Europa y Estados Unidos.
Grandes científicos, investigadores y organismos como el Conicet reiteran hasta el cansancio sobre una crisis crítica en el sector, caracterizada por un fuerte desfinanciamiento, recortes salariales, paralización de proyectos y el inicio de un "éxodo” de jóvenes investigadores hacia otros puntos del planeta, aunque no pocos directamente desertan.
La Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, entidad señera, marca su más profunda preocupación por la situación de las diversas instituciones del sistema nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) que costó décadas construir.
“Actualmente, todas las instituciones del sistema CTI argentino -dice la institución- están bajo ataque. La abrupta disminución del financiamiento de la actividad, la proyección decreciente del número de investigadores, profesionales, técnicos y becarios, y el deterioro en el mantenimiento de equipamiento e infraestructura han roto la cadena de producción y aprendizaje científico-tecnológico, lo que traerá graves consecuencias a futuro”.
El biólogo molecular argentino Alberto Kornblihtt confronta directamente con la administración nacional. “La política del gobierno de Javier Milei hacia el sistema de ciencia y técnica es de aniquilación por ahogamiento presupuestario. El poder adquisitivo de salarios y becas cayó en 40%, los subsidios de la agencia fueron cancelados, aun los aprobados académicamente, y los ingresos a la carrera del investigador y de personal de apoyo, reducidos y se efectivizan en cuenta gotas”, comenta ante la consulta de este diario.
Así como el Gobierno nacional aprobó el fallo de un juzgado norteamericano que eximió a la Argentina de pagar 16 mil millones de dólares por la privatización de YPF, las autoridades del país deberían repensar su posición sobre el sistema de ciencia y tecnología, que es un socio esencial para delinear el futuro de nuestra patria, en el contexto de un mundo globalizado y competitivo por recursos y saberes.