Se cumple un nuevo aniversario de la gesta de mayo de 1810 y con tan importante efeméride se renueva la admiración y reconocimiento a través del tiempo a aquellos patriotas que desde el Cabildo de Buenos Aires iniciaron el proceso de emancipación que se completaría seis años después en Tucumán con la declaración de la independencia.
Aquellos patriotas de 1810 darían el punto de partida a la dura pero constante gestación de un país que cada argentino comenzó a querer, a través de décadas, en un duro trayecto que entremezcló rencores y luchas hasta lograr la anhelada pacificación y organización nacional.
Y junto a los hombres del Cabildo porteño de entonces sonaba con fuerza el firme sentimiento de libertad de los habitantes de la Buenos Aires, la por entonces sencilla capital del Virreinato del Río de la Plata, que ya se imaginaba como la precursora de un proceso independentista de trascendencia. Aquella muchedumbre porteña reunida y participativa fue la que alentó a sus representantes a definir el enorme proceso que se gestaba como primer gobierno patrio.
Se puede coincidir en que el trayecto patrio iniciado en 1810 y coronado recién en la organización nacional de 1853 debió soportar durísimos momentos, que en gran medida dejaron en el camino enfrentamientos y víctimas producto de la falta de acuerdos y el afán caudillista y protagónico de muchos.
Y el siglo XX tampoco fue fácil para los argentinos como consecuencia de una inestabilidad política que derivó en frecuentes interrupciones democráticas que nos retrasaron como país de cara al mundo y generaron más discordias y enfrentamientos.
Pese a todo, llegamos a este festejo de los 215 años de aquella gesta patriótica transitando un ya consolidado tiempo democrático de más de 40 años sin interrupciones, pero con serios cuestionamientos a una dirigencia política en gran medida inmersa en mezquindades y miradas de corto plazo que anidaron en la mayoría de los espacios partidarios.
La actual conducción del Estado, puesta en marcha el 10 de diciembre de 2023, llegó con un respaldo popular basado en el rechazo a aquella dirigencia desgastada. Recibió un voto de confianza al cambio de rumbo prometido e implementado y que en gran medida necesitaba una Argentina jaqueada por los desaciertos económicos y una cuota elevadísima de corrupción e impunidad, con el riesgo de socavar los cimientos de sus instituciones.
Pero no todo debe quedar en el tan necesario equilibrio económico y fiscal y en la eliminación de gastos improductivos en el Estado. Es obligación de quienes nos conducen mantener en alto la calidad institucional del país, basada en el respeto al disenso y a las alternancias, el equilibrio y la división de poderes, la garantía de los derechos individuales y la libertad de expresión. Para ello la búsqueda de acuerdos políticos resulta fundamental, más allá de lógicos obstáculos.
Como hemos expresado con anterioridad en este mismo espacio, hay que anhelar que la luz de mayo de 1810 ilumine el derrotero de los hombres públicos de la Argentina de hoy.