En política internacional no existe nada más recomendable que la solución de diferencias y conflictos a través de la vía diplomática. Además, la función de quienes ejercen la representación de una nación se orienta a proteger y asesorar a ciudadanos connacionales que ocasionalmente requieren algún tipo de asistencia.
Es por ello que sorprendió que el embajador argentino en España haya tenido que salir a declarar públicamente que no existe conflicto alguno entre aquel país y el nuestro luego de la final del Mundial de Fútbol recientemente disputada en Estados Unidos.
El diplomático, Wenceslao Bunge Saravia, desmintió ante la prensa que haya una campaña contra la Argentina luego del partido que enfrentó a las selecciones de los dos países. Y dio a entender que en el fervor de los festejos de los españoles puede haberse deslizado alguna alusión de tipo deportivo con respecto al equipo argentino que de ningún modo puede ser considerada como ofensa. En pocas palabras, lo que en nuestro país llamamos folclore del fútbol.
“Somos dos países hermanos. Y lo dije antes de la final: sueño con diez finales como esta”, remarcó el embajador de nuestro país en Madrid con la intención de cerrar las especulaciones surgidas a raíz del partido jugado en Nueva Jersey.
El mensaje es desde todo punto de vista correcto, acorde a la investidura de una figura diplomática, y de un tono a la medida de lo que dio origen a la turbulencia, la final de un campeonato deportivo, cuando la polémica se había trasladado en contra de Argentina a figuras del espectáculo y hasta de las letras.
Se debe tener en cuenta, por otra parte, que argentinos y españoles comparten una pasión por el fútbol muy especial, con el agregado de que son varios los jugadores nacidos en nuestro país que juegan y triunfan en tierras españolas. Y que Lionel Messi transitó gran parte de su exitoso rumbo futbolístico en aquel país representando a Barcelona.
Además, las consideraciones efectuadas por el embajador Bunge Saravia también deberían ser valoradas en nuestro ámbito oficial, ya que en medio de tanta turbulencia no faltaron consideraciones públicas de ideólogos y militantes libertarios que imaginaron sumar el incipiente descontrol a la épica batalla cultural con la que pretenden iniciar una nueva época en la historia argentina.
Y, por añadidura, un ejemplo a tener en cuenta por otros funcionarios que suelen acudir a imprudencias, como la vicegobernadora mendocina, Hebe Casado, que encendió tensión con Francia por aludir a una cuestión racial para referirse al seleccionado de ese país en el Mundial. Generando, además, un innecesario pedido de juicio político en su contra.