Durante los próximos dos años, cien escuelas públicas de Mendoza comenzarán a aprovisionarse de energía a través de paneles solares. Un avance muy destacado en el ahorro de energía eléctrica y la protección del ambiente que progresivamente se debería aplicar con más intensidad en la construcción de las viviendas de los habitantes que procuran un techo propio.
La energía solar es aquella que se obtiene a partir del sol en forma de radiación electromagnética (luz, calor y rayos ultravioleta). Mediante la instalación de paneles solares o colectores, se puede utilizar para obtener energía térmica (sistema fototérmico) o para generar electricidad (sistema fotovoltaico).
La Dirección General de Escuelas (DGE), dependiente del Ministerio de Educación, tomó la decisión de instalar esa nueva tecnología, en un centenar de edificios escolares, a la espera de lograr un sistema más sustentable y un ahorro significativo de recursos económicos.
Además de la generación energética para el consumo de los establecimientos, los paneles serán ejemplos de demostración del empleo de energías limpias a los alumnos, sus familias, los docentes, las cooperadoras escolares y los entornos barriales.
La escuela secundaria “Mario Pérez Elizalde”, del barrio Soeva II, Godoy Cruz, es el primer establecimiento educativo que tiene un patio solar con 33 paneles solares, inaugurado en abril de 2024.
Los paneles solares generan electricidad de forma limpia y renovable. Por ello, tienen un impacto ambiental positivo al reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, la contaminación del aire y favorecer la preservación de recursos naturales.
Los paneles permiten proveer energía para el edificio y, cuando no hay actividad, como en los fines de semana o vacaciones, el exceso de energía va a la red general y genera crédito extra en kilowatts. De todos modos, el establecimiento puede utilizar el remanente para más actividades y seguir invirtiendo en educación.
La instalación, en el caso descrito, genera entre 60 y 70 kW de energía limpia por día aproximadamente. Una comprobación que se hizo hace un tiempo determinó que el funcionamiento de los paneles de la escuela Pérez Elizalde redujeron en 397,2 kilogramos de dióxido de carbono (fórmula química CO2).
Además de reducir el consumo energético y la huella de carbono, el proyecto busca promover la educación ambiental y el compromiso con la sustentabilidad entre las nuevas generaciones de estudiantes.
Alrededor del mundo, arquitectos, proyectistas y otros profesionales preocupados por neutralizar los efectos dañinos del cambio climático se encuentran ante el reto de integrar de la mejor manera posible este tipo de sistemas de ahorro energético, desde el inicio del diseño de las edificaciones y teniendo en cuenta diversas variables como la orientación e inclinación de los módulos, el control de la temperatura de trabajo de las células y su correcta ventilación, la limpieza de las superficies de los módulos evitando grandes pérdidas y también el sombreado.
Por eso en Mendoza, que ya utiliza las energías limpias en empresas y edificios públicos, resultará muy auspicioso que se aumente la construcción de viviendas familiares con la intervención de estos sistemas. Tal vez su colocación inicial sea un poco más onerosa que disponer de la energía convencional, pero los beneficios y los ahorros futuros en el costo de la energía justificarán la instalación.