Güemes y su gran aporte a la independencia

Güemes permitió, con la notable acción “gauchesca” que lideró, que la causa revolucionaria gestada a partir del 25 de mayo de 1810 tuviera su gran recompensa con la constitución del congreso independentista de Tucumán, en 1816.

Martín Miguel de Güemes. (Web)
Martín Miguel de Güemes. (Web)

A 203 años de su muerte, es justo reconocer al general Martín Miguel de Güemes como un héroe del proceso independentista. Su aporte se basó en la enorme resistencia militar que condujo para frenar a las fuerzas realistas en el norte de nuestro territorio.

La imposición del feriado nacional en su memoria, dispuesta por decreto presidencial en 2016, invita cada año a repasar el valor de su figura, que muchos argentinos antes desconocían, pero que se encontraba siempre vigente para los analistas y estudiosos del pasado fundacional de nuestro país. Es hoy considerado con una justa definición: un soldado de carrera, formado e instruido en técnicas y tácticas para la batalla, que pasó a la historia como un general gaucho

Historiadores coinciden que con su valentía y autoridad, Güemes permitió, con la notable acción “gauchesca” que lideró, que la causa revolucionaria gestada a partir del 25 de mayo de 1810 tuviera su gran recompensa con la constitución del congreso independentista de Tucumán, en 1816.

Uno de sus mayores reconocimientos en vida y en ejercicio de su impronta militar lo obtuvo nada menos que del general José de San Martín, quien lo designó jefe del ejército de observación de las operaciones al Alto Perú y también de la expedición a Lima. Y el historiador político y militar Adolfo Saldías fue en el encargado de dejar testimonio de la gran admiración que por Güemes sentía otro grande de nuestra historia, Manuel Belgrano. San Martín y Belgrano fueron coetáneos con los que el valeroso salteño compartió estrategias y batallas para enfrentar a los realistas, según lo que destacan grandes estudiosos de nuestra rica historia.

Este justo reconocimiento a su protagonismo e impronta llevado a cabo en las últimas décadas sirvió para colocar en su verdadero sitial a quien era solo mencionado como un valeroso gaucho patriota. Por el contrario, Güemes no fue un improvisado en los campos de batalla, sino que se perfeccionó como militar, vocación que siempre tuvo. Fue su gran vocación, su carrera de vida. Lo suyo adquirió notoriedad, por ejemplo, durante la heroica defensa de Buenos Aires ante el avance invasor de los ingleses, en 1806 y 1807, preparación para la enorme función que le tocaría asumir pocos años después.

En su trayectoria, ya en los tiempos revolucionarios apuntaló su valor con distintas designaciones y destinos que siempre se basaron en su reconocida valentía y en su notable capacidad como estratega y hombre de mando, merecedor de respeto por parte de sus subordinados.

Obviamente, su función más importante para la consolidación del proceso emancipador se produjo en el Norte, donde su distinción guerrera encontró respeto y acatamiento por parte de un gauchaje adicto y fiel que se convirtió en su mejor tropa militar.

El 17 de junio de 1821, Güemes murió luego de convalecer durante una semana a raíz de una herida de bala recibida en combate. El silencio y el dolor de quienes seguramente fueron testigos de su deceso es recompensado en estos tiempos a través del justo reconocimiento que la Argentina le tributa cada año.

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