El Mercosur ante la relación Argentina-Brasil

Se sabe que de ambos lados hay esfuerzo y optimismo con respecto al mantenimiento del bloque de manera activa. Los diplomáticos de Argentina y de Brasil buscan, desde las segundas líneas que ocupan, compensar los efectos de una relación tensa (volátil para muchos) entre Milei y Lula, los respectivos presidentes.

Pocas veces como en estos momentos los puntos de vista ideológicos parecen haber influido tanto en el funcionamiento del Mercosur. La distancia existente entre las miradas estratégicas de los gobiernos de Argentina y Brasil hace que muchos observadores teman un futuro incierto para el bloque, básicamente si se tiene en cuenta que ambos países son, en la práctica, el motor del mismo.

Por otra parte, el fuerte y explícito alineamiento de la presidencia de Javier Milei con Estados Unidos, principalmente a partir de la asunción de Donald Trump, ha dejado de lado, por lo menos públicamente, el vínculo con el país vecino. Y no ha tenido casi gravitación la asunción de la Presidencia Pro Tempore del Mercosur, en diciembre último y por seis meses, por parte del titular del Poder Ejecutivo argentino. Ya desde su discurso de asunción, Milei disparó contra las ideas fundacionales de los países miembros: “El Mercosur nació con la idea de profundizar nuestros lazos comerciales y terminó convirtiéndose en una prisión”, sentenció aquella vez.

Al margen de lo que piensan y llevan a cabo las partes ejecutivas de los respectivos gobiernos, a nivel diplomático se sabe que de ambos lados hay esfuerzo y optimismo con respecto al mantenimiento del bloque de manera activa.

Bien se ha informado por parte de medios periodísticos de los dos países que los diplomáticos de Argentina y de Brasil buscan, desde las segundas líneas que ocupan, compensar los efectos de una relación tensa (volátil para muchos) entre los respectivos presidentes.

Recuerdan los entendidos que toda relación entre naciones incluye tópicos que la parte diplomática debe tener en cuenta en momentos de relaciones tensas en el más alto nivel, como ocurre en estos tiempos en nuestra región. Esto permite, a su vez, que los empresarios de uno y otro lado continúen con sus negocios en forma normal.

Y también desde las dos cancillerías han advertido con buenos augurios el acuerdo entre ambos países por el gas. Debe recordarse que durante la última cumbre del G20, el año pasado en Río de Janeiro, Argentina y Brasil sellaron un memorándum de entendimiento que permitirá exportar gas de la zona de Vaca Muerta al vecino país.

Y otro gesto muy valorado y demostrativo del mutuo respeto se dio cuando el gobierno brasileño dispuso hacerse cargo de la Embajada de Argentina en Caracas tras la expulsión de los diplomáticos argentinos dispuesta por la dictadura de Nicolás Maduro. Con más razón encontrándose allí refugiados varios opositores venezolanos al régimen chavista.

Sin ninguna duda, una controversia de difícil resolución porque, por otra parte, se mezcla en el eventual conflicto la relación existente entre el bloque regional y la Unión Europea, un campo siempre interesante en lo comercial y al que a la Argentina generalmente le costó explorar para llegar a resultados satisfactorios en lo económico.

En lo que respecta a la Argentina, expertos consideran que una eventual salida del bloque, si así lo pretendiese el actual gobierno, no resultaría de sencillo trámite ya que se requeriría un procedimiento de corte institucional, con una consecuente “batalla política” que el Gobierno no estaría en condiciones de encarar por el momento.

Por lo tanto, es de esperar que los reparos que tenga cada administración nacional se pueda considerar en el marco del mutuo respeto que impone la existencia de un bloque comercial que, por añadidura, contribuye al fortalecimiento de las instituciones en la región.

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