Celebrar todos los años en esta fecha el Día de la Bandera significa recordar y honrar a uno de los grandes patriotas de los tiempos fundacionales de la Argentina.
Manuel Belgrano es recordado por su gran patriotismo y su extraordinario rol en la independencia argentina. Hoy lo homenajeamos junto a su gesto de crear un emblema, la bandera argentina, para el fervor de las tropas y el pueblo. Por otro lado, su desprendimiento y sacrificio son un ejemplo para los dirigentes actuales.
Celebrar todos los años en esta fecha el Día de la Bandera significa recordar y honrar a uno de los grandes patriotas de los tiempos fundacionales de la Argentina.
La figura de Manuel Belgrano, que falleció un 20 de junio hace 206 años, trascenderá siempre por su apego al proceso revolucionario de mayo de 1810 y su permanencia en el camino que condujo a la independencia, que incluyó una participación en el campo de batalla notable y muy meritoria si se tiene en cuenta su formación jurídica e intelectual.
Es que la necesidad de participar en la consolidación de la patria llevó a Belgrano a sumarse al terreno militar, convirtiéndose, en base a su inteligencia y patriotismo, en un valiente y eficaz estratega.
Y este día conmemora uno de sus tantos gestos de fervor patrio: la decisión de otorgarles a las tropas que lucharían por la independencia un emblema que las distinguiera de sus adversarios ocasionales. “Siendo preciso enarbolar y no teniéndola, la mandé hacer blanca y celeste conforme los colores de la escarapela nacional”, fue el mensaje explicativo de Belgrano al Triunvirato para justificar su decisión de crear una bandera nacional.
Es valedero reiterar que de su genio y figura surgió el apuntalamiento de las gestas libertadoras de la región. Y también estrategias para que en el campo de batalla las tropas de la nueva nación consiguieran los triunfos que se necesitaban para fortalecer la gran meta de soberanía. Por ello su forzoso destino como hombre de armas lo colocó en la historia argentina.
Este patriota entendió que su origen porteño y polifacético y su acomodada posición civil de nada servirían si nuestra región continuaba bajo el mando de intereses externos. Dedujo que sus ideas de progreso nunca serían viables mientras la administración colonial española se mantuviera radicada en estas tierras. Esa mirada permite comprender su participación previa en la Revolución de Mayo.
El ejemplar y silencioso desprendimiento paulatino de sus bienes para aportarlos a la campaña independentista condujo a Manuel Belgrano a un triste e injusto final. De regreso en Buenos Aires, falleció enfermo y sumergido en la pobreza. Fue la más clara demostración del patriotismo que lo caracterizó y que la Argentina le reconoce a través de los años.
Es un ejemplo a imitar en el cotidiano recorrido de la vida institucional de nuestro país, muchas veces pisoteada grotescamente por disputas e intereses personales o sectoriales que relegan el interés por el bien común que debe priorizar todo buen dirigente.
El respeto y la admiración por figuras indiscutibles, como Manuel Belgrano, no sólo deben ponerse de manifiesto una vez al año; deberían marcar el cotidiano andar de quienes tienen la enorme misión de velar por los intereses de los argentinos.