Sofía Ruiz Cavanagh es enóloga y, antes de los 30, ya ocupaba un cargo gerencial en uno de los grupos bodegueros más grandes de la Argentina. Dejó ese puesto para crear WineOps, la plataforma que creó primero como un marketplace de enoturismo y gastronomía que funciona sobre un software de gestión que usan las bodegas. Relanzó la página a fines de 2019 y pocos meses después la pandemia frenó por completo la actividad.
En un nuevo programa de Valor Agregado, el ciclo de Los Andes con los hacedores de Mendoza, habló de lo que muestran los datos sobre el turista del vino, de los mitos que rodean a la actividad y de los planes de la empresa, que ahora suma inteligencia artificial.
- En WineObs tienen un observatorio con datos sobre los turistas. ¿Qué importancia tiene hoy caracterizar a ese visitante para el negocio del enoturismo en Mendoza?
- Para mí es fundamental. Por eso nosotros, dentro de la empresa, tenemos el observatorio, que de hecho es un servicio que les brindamos a todas las empresas que trabajan con nosotros. Allí se les dan métricas internas por el solo uso de nuestro servicio y de la agenda, donde básicamente cargan a qué hora viene cada uno.
Toda esa información se va tabulando y se generan reportes automáticos. Entonces la bodega no solo tiene su reporte interno sin esfuerzo, porque no tiene que sentarse a procesar información, sino que además le damos un reporte de toda la muestra del mercado que trabaja con nosotros. Entonces vos podés comparar tu operación respecto de todas las bodegas que trabajan con WineObs. Hoy, por suerte, la muestra es muy grande y muy representativa. Con esa información pueden tomar decisiones estratégicas basadas en datos y no basadas en sensaciones o en supuestos.
- Hay una discusión clásica, en las redes y dentro de la industria: Mendoza es cara y eso termina alejando al turista. ¿Cuánto hay de cierto según sus datos?
- Lo que pasa es que hay un sesgo enorme. Número uno, qué es caro y qué es barato para cada uno. Y número dos, yo siempre digo: el que busca, encuentra. ¿Vos querés buscar una experiencia para hacer en familia? Obviamente no te va a salir lo mismo que ir a comer un pancho al parque o a la Arístides, porque ya estás en otra locación.
Pero si querés gastar un poquito más y tener una buena experiencia que puedas hacer en familia, te aseguro que las puedes encontrar, porque hay un montón de bodegas que tienen propuestas. El punto es quedarme en la cabeza con la sensación de la bodega más cara, cuya experiencia está diseñada para un turismo internacional.
Yo personalmente no lo puedo hacer, te digo: somos cuatro, familia tipo. Obviamente, si pienso en eso, sí lo voy a encontrar caro. Pero también hay un montón de bodegas que te ofrecen propuestas descontracturadas, con jardines para que los niños estén bien, con lugares bien delimitados, hasta con jueguitos para niños. Entonces es cuestión de buscar.
- Cada vez que se habla de la caída del enoturismo aparece el turista brasileño. ¿Cuánto pesa realmente en el total?
- Depende del año, pero aproximadamente 20, 25 por ciento. Obviamente va cambiando de acuerdo con el año, la brecha cambiaria y un montón de factores macro que hacen que nos elijan más o menos también respecto de otros destinos.
- ¿Y qué pasa con los jóvenes? ¿Van a las bodegas?
-Los datos que nosotros tenemos son súper interesantes. Yo siempre digo que hay que hablarle al millennial, porque el año pasado terminó representando casi el 15% del público. Entonces es 15% millennials y 25% brasileros.
Está bien que no es lo mismo, porque uno es país de origen y otro es rango etario, pero digo. Ese millennial que viene, por lo general, es nacional y es un público más joven; nos viene bien al mundo del vino. Ese público es el que nos va a ayudar a romper con esta imagen del vino de lujo, de que no es para mí y demás, porque es un público mucho más descontracturado.
Entonces hay que empezar a pensar experiencias para ese público, que no paga lo mismo que el brasilero, que no busca la misma experiencia o que incluso no va a los mismos destinos. El brasilero va mucho a Valle de Uco y el millennial va más a Luján.
Toda esa información es enorme para analizar. Hay que sentarse a mirarla y crear esas experiencias específicas para cada segmento.
- ¿Cómo imaginás a WineObs en el futuro, con el fuerte ingreso de la inteligencia artificial?
- Mirá, nosotros estamos con un cambio enorme a nivel empresa respecto de lo que veníamos haciendo y lo que queremos hacer en el futuro. Yo, como amante del vino, obviamente empecé en el mundo del vino; por eso WineObs era un poco la obsesión por el vino.
Pero hoy queremos ampliar ese abanico de experiencias, porque entendemos que, para el turista que viene, el llamador es el vino, pero no es lo único que hace. Entonces estamos buscando ampliar los servicios que incorporamos en nuestra plataforma de gastronomía. Ya tenemos restaurantes fuera de bodega.
Nuestro gran objetivo para el año que viene es abarcar todo el mapa gastronómico de Mendoza, porque eso lo resolvimos con el vino. Pero, como te digo, hoy venís a Mendoza y pensás en la alta gastronomía. Entonces, ¿dónde resolvés toda esta información, dónde encontrás qué hay? Gastronomía, servicios fuera de bodega, experiencias de montaña, de naturaleza, en lo que Mendoza es maravillosa.
Hay un montón de experiencias de trekking y demás. Estamos con ese proyecto y, por otro lado, también queremos incorporar toda la cadena comercial al mundo digital.