Un informe reciente destacó a Argentina como la gran excepción entre los principales productores agrícolas del mundo expuestos a los efectos del fenómeno climático de El Niño.
Un análisis internacional proyecta un crecimiento de 4 millones de toneladas en la cosecha argentina de soja, en contraste con las pérdidas estimadas para Brasil y otros países.
Un informe reciente destacó a Argentina como la gran excepción entre los principales productores agrícolas del mundo expuestos a los efectos del fenómeno climático de El Niño.
Mientras las condiciones climáticas amenazan con reducir los volúmenes de las cosechas en distintas regiones del mundo, la firma estadounidense S&P Global indicó que la cosecha argentina de soja se incrementó en 4 millones de toneladas, proyectando un volumen total de 55 millones de toneladas.
El comportamiento favorable para el agro argentino también se extiende al maíz, cultivo para el cual se estima una mejora de alrededor del 3%, en contraposición a Brasil, donde se calcula una retracción cercana al 7%.
Con estas cifras, el país garantiza perspectivas positivas para sus dos principales cultivos agrícolas extensivos dentro de las zonas monitoreadas.
Este repunte local contrasta de forma directa con el panorama de Brasil, donde las estimaciones oficiales de soja ya sufrieron un recorte inicial de 6 millones de toneladas, situándose en 177 millones de toneladas.
Sin embargo, el impacto adverso para el gigante sudamericano podría profundizarse: un modelo que contempla la severidad de El Niño en combinación con una menor aplicación de fertilizantes fosfatados proyecta una cosecha reducida a 168 millones de toneladas.
A su vez, el modelo de S&P Global calcula un 65% de probabilidad de que la recolección brasileña se ubique en una franja de entre 160 y 170 millones de toneladas, un rango inferior a las estimaciones previas que alteraría la oferta global.
Pese a esto, el análisis advierte que la recuperación de la producción argentina no bastará para compensar integralmente las pérdidas de los campos brasileños.
Asimismo, la situación difiere marcadamente de la de otros grandes competidores mundiales. Según el informe, Australia afronta un riesgo de caída del 21% en su producción de trigo, mientras que los efectos sobre los cultivos que se mantienen productivos durante varios años se harían sentir a más largo plazo.
En el caso del aceite de palma, cuyas pérdidas comenzarán a visibilizarse a partir de marzo de 2027 debido a su ciclo de desarrollo de 22 a 24 meses, se prevén disminuciones de 5,8 millones de toneladas en Indonesia y 2,5 millones de toneladas en Malasia. A estos factores se suma que la baja aplicación de fertilizantes debilita la resistencia de las plantas ante el estrés ambiental.