El vino y el mosto permanecieron en rojo durante agosto de 2026 en el Semáforo de Economías Regionales de Coninagro, un indicador que refleja los problemas de rentabilidad que atraviesan distintos sectores productivos. En el relevamiento, nueve actividades quedaron en rojo, cinco en amarillo y otras cinco en verde.
La principal novedad del mes fue la mejora de la actividad papera, que pasó de amarillo a verde. El informe mostró un escenario heterogéneo para las economías regionales, con sectores que consiguieron mejorar sus precios y márgenes, mientras otros continúan afectados por el aumento de los costos y la falta de recuperación de los ingresos que reciben los productores.
En el grupo más comprometido, junto con el vino y el mosto, se encuentran la yerba mate, el arroz, las hortalizas, el algodón, la leche, la mandioca, la actividad forestal y los cítricos dulces. En la mayoría de estos rubros, el principal problema está relacionado con el componente de negocio: los precios que perciben los productores permanecen prácticamente estancados o aumentan por debajo de la inflación, mientras los costos continúan creciendo.
Esta combinación reduce los márgenes reales y deteriora la rentabilidad. Además, la persistencia de la brecha entre precios y costos puede afectar las decisiones de producción y repercutir sobre el desempeño de los demás componentes de cada actividad. Las causas, sin embargo, no son iguales en todos los sectores.
En algunos casos, la presión proviene de una demanda débil, asociada con cambios en los hábitos de consumo, una menor capacidad de compra o dificultades en otros eslabones de la cadena comercial. En otros, el problema está relacionado con una oferta abundante, que presiona los precios a la baja, o con una estructura de costos creciente que reduce los ingresos disponibles para sostener la actividad.
Las diferencias entre los sectores productivos
El Semáforo de Economías Regionales evalúa tres componentes: negocio, productivo y mercado. El primero considera la evolución mensual e interanual de los precios y los costos; el segundo mide la superficie implantada o el stock, según corresponda, y los niveles de producción; mientras que el tercero analiza las exportaciones, las importaciones y el consumo interno.
La clasificación en rojo refleja las dificultades que se concentran principalmente en la rentabilidad. En cambio, las actividades en verde presentan condiciones más favorables. En agosto, ese grupo estuvo integrado por bovinos, ovinos, granos, miel y papa.
En estos sectores, los precios evolucionaron por encima de la inflación, lo que permitió mejorar los valores relativos y los márgenes de los productores. A su vez, el comportamiento de los mercados y la dinámica productiva acompañaron, en términos generales, la evolución de la actividad. Según el análisis, una demanda más firme constituye uno de los principales factores que explican la mejora de los precios y la valorización de las producciones.
En una situación intermedia quedaron el tabaco, las peras y manzanas, las aves, los porcinos y el maní. Estas actividades permanecieron en amarillo debido a una combinación de factores: precios que todavía no recuperan completamente su poder adquisitivo frente a la inflación, costos elevados y una demanda con escaso dinamismo.
Si bien en estos sectores no se observa un deterioro generalizado de los indicadores, tampoco aparecen condiciones suficientes para consolidar una recuperación sostenida de los márgenes y de la actividad.
La papa mejoró por el ajuste de la oferta
El cambio más significativo del relevamiento fue el paso de la papa de amarillo a verde, impulsado por una mejora sostenida de su componente de negocio. Durante agosto, el precio de este producto aumentó un 19% mensual. De esta manera, acumuló una suba del 151% en el último cuatrimestre y del 329% interanual.
La recuperación está vinculada con un reacomodamiento de la oferta. Durante la campaña anterior se había alcanzado un récord de producción, que generó una elevada disponibilidad de papa y provocó una fuerte caída de los precios.
En la nueva campaña, en cambio, la superficie implantada se redujo un 12%, una contracción que contribuyó a recomponer el equilibrio entre oferta y demanda y favoreció la recuperación de los valores que reciben los productores.