16 de agosto de 2026 - 08:15

Salarios rezagados: el ingreso no se recupera y golpea al empleo formal

Los salarios no repunta y las expectativas son magras hacia lo que queda el año. Menos consumo y más empleo informal entre las consecuencias que preocupan.

Esta semana se conoció la noticia de que cerró la fábrica en la que Unilever elaboraba las materias primas para las sopas Knorr que vendía, que estaba ubicada en Guaymallén. El lunes 11, 60 personas se quedaron sin empleo y, aunque serán indemnizadas bajo los parámetros de la ley, la situación se replica en otras áreas. Sucursales de supermercados que se achican o se van (Libertad y Carrefour las más recientes), entidades bancarias con el mismo destino, locales comerciales, fábricas que deciden no producir más e importar lo que venden.

Más allá de los ejemplos y casos concretos–que muchos contraponen con la creación de empresas en sectores mineros o petroleros- una de las principales temas que desvelan de los argentinos se relaciona con el empleo y los sueldos. Según la encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés de julio, las principales preocupaciones ciudadanas son: La falta de trabajo (38%), la corrupción (38%) y los bajos salarios (35%). Los dos últimos ítems crecieron 4 y 5 puntos, respectivamente mientras que la inflación cayó al 17%.

El XVI Foro de Compensaciones y Beneficios organizado por Gestión Capital Humano que se realizó el jueves 13 en el Hotel Hilton habló de salarios, inflación, empleo, consumo, inteligencia artificial, nuevas relaciones laborales, beneficios y tendencias que han comenzado a transformar la gestión de personas. Ese mismo día, por otra parte, se conoció que el dato de inflación de julio fue de 2,1% a nivel nacional y de 1,9% en Mendoza.

En este contexto, la directora de la consultora y organizadora del Foro, la economista Paula Pía Ariet, expresó con respecto a los sueldos que hay que separar los distintos universos salariales. Y explicó que, según el Indec, hasta mayo el índice de salarios acumuló un aumento del 15,2%, mientras que la inflación de los primeros cinco meses fue cercana al 14,6%. En el promedio general aparece una recuperación muy pequeña, pero está fuertemente impulsada por el salario informal, que ajusta tarde y con mucha volatilidad.

Sobre este punto, el economista del Centro de Economía y Finanzas de Mendoza (CEFI), Nicolás Aroma, opinó que el dato sobre los ingresos no declarados genera dudas ya que se trata de datos muy difíciles de cotejar. Por lo general, en tanto, los sueldos “en negro” suelen tener aumentos que van por detrás de los que están en blanco al tiempo que son inferiores que los que están registrados. En líneas generales, también son salarios más bajos.

En este marco, Ariet señaló que al mirar el empleo privado registrado, la situación es más ajustada. “En mayo, el salario privado formal creció a 29,3% interanual, por debajo de la inflación interanual de ese momento”, precisó la profesional. Agregó que en el relevamiento que realiza su consultora del personal fuera de convenio, las empresas otorgaron -en promedio- un 13,5% de incremento durante el primer semestre.

El empleo industrial presenta complicaciones

El empleo industrial presenta complicaciones

Esto frente a una inflación acumulada del 16,8%. Es decir, que cerraron el semestre 3,3 puntos porcentuales por debajo, lo que es aproximadamente un 2,8% de pérdida en términos reales. Una de las conclusiones que se escucharon en el Foro, que estuvo atravesado por la idea de que “cada sueldo es una inversión” es que no existe un salario homogéneo a la hora de medir. De este modo, hay trabajadores que empataron o recuperaron algo, mientras que otros continúan perdiendo. “El promedio esconde una dispersión muy grande entre registrados, informales, empleados públicos, convenios y personal fuera de convenio”, sintetizó Ariet.

En línea, Aroma sumó que el incremento salarial ha sido heterogéneo y que si bien algunos sectores pueden alcanzar la inflación en algún mes, lo cierto es que no se llega a compensar la caída previa. “Y es ahí donde se nota la brecha que se ve no solo en la caída del consumo sino también en los altos niveles de endeudamiento”, comentó Aroma. Así, hay una diferencia entre recuperar frente a la inflación del último mes y recuperar todo lo perdido durante varios años.

Recuperación lenta y perspectivas moderadas

De este modo, un salario puede crecer levemente por encima del IPC durante dos o tres meses y aun así continuar lejos del poder adquisitivo que tenía anteriormente. “Diría que la situación dejó de empeorar al ritmo que lo hacía, pero todavía no se reconstruyó del todo el poder de compra. Eso explica por qué los indicadores mejoran más rápido que la percepción de las personas”, sintetizó Ariet. La especialista expresó que más allá de la heterogeneidad en los sueldos, no se puede hablar de una recuperación.

Lo que sí se ve es una desaceleración de la pérdida y, en determinados grupos, una recomposición parcial. “Si tomamos una perspectiva más larga, el salario real todavía se encuentra por debajo de sus máximos anteriores”, advirtió la profesional. En el análisis de Gestión Capital Humano, el sueldo real de 2025 seguía aproximadamente un 23% por debajo del máximo alcanzado en 2017.

Para lo que resta del año, Ariet detalló que las empresas están siendo muy prudentes. “Nuestro relevamiento proyecta un ajuste salarial promedio cercano al 27% para todo 2026, frente a una inflación esperada del 28,4%”, ejemplificó. Si ese escenario se cumple, la pérdida anual sería relativamente pequeña, pero tampoco habría una recuperación real relevante. Además, el 58% de las empresas consultadas manifestó que no prevé realizar acciones adicionales más allá de los ajustes definidos.

Entre las que sí lo harán, aparece con fuerza la revisión trimestral, porque las compañías no quieren comprometer aumentos largos en un contexto que todavía presenta incertidumbre. “Veo un segundo semestre con aumentos más frecuentes, pero moderados y muy selectivos”, puntualizó Ariet. Las empresas van a cuidar el presupuesto y, al mismo tiempo, tratarán de evitar que las posiciones críticas queden demasiado atrasadas frente al mercado.

“El desafío ya no será dar el mismo porcentaje a todos sino decidir dónde existe mayor riesgo de pérdida de talento, qué posiciones sostienen resultados y en qué casos el atraso salarial puede ser más costoso que el aumento”, comentó Ariet. Esto dado que durante mucho tiempo las empresas analizaron la nómina solamente como un costo. Pero cuando una organización necesita ajustar, congelar incorporaciones o revisar salarios, mirar únicamente cuánto gana cada persona puede conducir a decisiones equivocadas. En palabras de la economista, antes de decidir un aumento o una reestructuración, es clave saber qué capacidades sostienen los resultados, qué posiciones son críticas y cuánto costaría perderlas.

Menos salario, peores empleos

El salario en baja se encuentra en estrecha relación con un empleo más precario, el aumento de la informalidad y una mayor cantidad de personas que demandan un segundo trabajo para llegar a fin de mes. A la situación específica argentina que se encuentra en pleno cambio de matriz y sectores que impulsan el crecimiento (que demandan poco empleo), existe un contexto global que acompaña. “Hoy hay una menor demanda de trabajo por el crecimiento de la inteligencia artificial y no hay ninguna política asignada a la vista”, comentó el Nicolás Aroma.

De hecho, según observó, todavía se mantienen y repiten discursos o formas que no han dado resultado luego de concretada la reforma laboral. Con una posibilidad de caída de costos judiciales y otros cambios, diversos sectores han salido a insistir con una reforma impositiva. En este marco, el economista del CEFI destacó que si no hay crecimiento será difícil la mejora salarial y del empleo. Por otra parte, desmintió que los sueldos bajos incentiven inversiones.

La prueba está en que los capitales eligen zonas con salarios altos como CABA, Córdoba y la Patagonia en lugar de invertir en regiones con impuestos más bajos y sueldos en la misma línea como pueden ser algunas provincias del Norte. “Se pueden bajar costos laborales, pero sin la pata de la demanda nadie va a invertir ni tomar personas”, reflexionó Aroma. Agregó: “Hasta ahora el ajuste lo ha pagado el sector privado y el empleo privado registrado que viene en baja”.

En consonancia, Paula Ariet señaló que el mercado laboral es probablemente el punto más delicado de la situación actual y es donde se ve una “señal negativa”, sobre todo en el formal. La desocupación fue del 7,8% en el primer trimestre de 2026 y si bien se mantuvo prácticamente estable en la comparación interanual, aumentó frente al trimestre anterior. Desde su punto de vista, el problema más importante no está solamente en la cantidad de empleo, sino en su calidad.

La informalidad llegó al 44,2% de los ocupados, 2,2 puntos más que un año atrás”, precisó. Y agregó que también aumentó la subocupación hasta el 11,1%. Es decir, hay personas que consiguen algún tipo de trabajo, pero suele ser informal, inestable o con menos horas de las que necesitan. Con relación al trabajo registrado, la referente de Gestión Capital Humano comentó que en marzo había aproximadamente 96.700 puestos menos que un año antes, una caída del 1,5%.

Ariet aclaró que el deterioro no es homogéneo ya que industria, construcción, transporte y servicios profesionales muestran pérdidas importantes. En tanto, sectores como minería, energía, agro y algunos servicios presentan mejores perspectivas. “La economía puede crecer sin generar empleo suficiente ya que parte de esa mejora está concentrada en actividades productivas que no siempre son intensivas en mano de obra”, expresó la especialista.

Osvaldo Giordano, economista y presidente del Ieral de la Fundación Mediterránea, expresó a través de un trabajo de opinión que en la actualidad se plantea la pertinencia de revisar prioridades. “Mientras los logros en materia de estabilización se consolidan y queda atrás buena parte de la tormenta macroeconómica, crece la demanda por atender el objetivo de generar empleos de calidad”, subrayó. Agregó que la inflación bajó desde el 25% mensual en diciembre de 2023 a menos del 2%, con tendencia descendente.

En sentido contrario, entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, el empleo privado registrado se redujo en 235 mil puestos de trabajo. La necesidad de prestar mayor atención al desafío de dinamizar el empleo se presenta cada vez más clara, según el Ieral que aclaró que no resulta sencillo dilucidar cómo lograrlo. En línea con lo planteado por Aroma, desde el Ieral expresaron que hay que generar las condiciones para que el crecimiento del PBI sea más alto y más parejo entre sectores es una condición necesaria para dinamizar el empleo; entre otras políticas como reforma previsional y el crédito.

Trabajo formal “mata” al informal

Un estudio de la consultora Focus Market le puso números a la diferencia que hay entre trabajar en blanco y no hacerlo. Para ello, realizó un informa acerca de la cantidad de horas que hay que trabajar para adquirir distintos productos con uno u otro empleo en las distintas provincias argentinas. “La cantidad de horas de trabajo necesarias para adquirir un mismo bien o servicio varía significativamente debido a una combinación de factores económicos estructurales”, se explicó en el informe que buscó evaluar el poder adquisitivo real y las disparidades económicas territoriales más allá de los precios nominales.

El informe dirigido por Damián Di Pace también diferenció cuánto tiempo hay que trabajar para comprar determinados bienes en el sector formal y en el informal. Medir el poder adquisitivo en horas y no en pesos o dólares construye una referencia más estable, según se consignó. “Un par de zapatillas cuesta lo mismo en Resistencia que en Palermo. Lo que cambia, es cuánto hay que trabajar para pagarlo. Esa variación deja de ser una cifra abstracta y se convierte en algo concreto: una porción de tiempo de vida”, señaló Di Pace.

Fuente: Focus Market.

Fuente: Focus Market.

En este marco, “el trabajador informal extiende su jornada a 10 horas diarias durante 6 días a la semana — 260 horas mensuales contra las 173 del trabajador registrado”. Así, quienes están en la informalidad trabajan un 50% más de horas y necesitan más tiempo para comprar los mismos bienes. “Es la consecuencia directa de cobrar menos por cada hora trabajada”, sintetizaron desde Focus Market.

El patrón se replica en todos los bienes relevados. Cada vez, el empleado informal trabaja más horas por día, más días por semana — y aun así queda más lejos de los bienes. “La informalidad no es solo un problema de derechos laborales: es una trampa que alarga el tiempo que una persona debe dedicar de su vida para acceder a lo mismo que otro, con el mismo esfuerzo físico, cobra en menos horas”, definió Di Pace.

La comparación entre escenarios lo confirma número a número. Sol para consignar uno de los ejemplos, en La Rioja, el trabajador formal necesita 895 horas para comprar un iPhone; el informal, 1.342. La diferencia es de 447 horas — casi dos meses adicionales de trabajo para el mismo teléfono, en la misma provincia. En Chaco, el formal llega al iPhone en 796 horas; el informal necesita 1.193. En Tierra del Fuego, el mejor escenario del país, la brecha es menor pero no desaparece: 317 horas para el formal contra 476 para el informal.

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