31 de octubre de 2026 - 07:00

Mauricio Lorca: "En Argentina no sobran hectáreas, faltan ventas"

El enólogo y empresario advirtió sobre la pérdida de rentabilidad de los viñedos, cuestionó la falta de financiamiento y sostuvo que la crisis amenaza inversiones realizadas durante décadas.

Mauricio Lorca considera que la vitivinicultura argentina atraviesa una contradicción: mientras el país produce los mejores vinos de su historia, la falta de rentabilidad amenaza la continuidad de productores y bodegas. Con una trayectoria que incluye proyectos vitivinícolas en Mendoza y España, el enólogo advierte que el sector corre el riesgo de perder inversiones que llevaron décadas construir.

En dentro del ciclo de entrevistas Valor Agregado de Los Andes, Lorca analizó el impacto de la caída del consumo, cuestiona la falta de herramientas financieras para sostener la producción y compara las condiciones de trabajo de las bodegas argentinas con las europeas. También anticipa una recuperación gradual de las exportaciones y señala a Latinoamérica como el mercado con mayor potencial para el vino argentino.

- ¿Cuál es tu visión sobre la situación actual de la vitivinicultura argentina?

- Es bastante contradictoria en algunos aspectos. Yo creo que la Argentina hoy está produciendo los mejores vinos de la historia, en términos de calidad. Hemos experimentado un proceso de transformación gigante en los últimos 20 años y, honestamente, entiendo que Argentina tiene un nombre y un espacio en el mercado. Si bien no es tan grande a nivel internacional, es respetado. Con lo cual, en eso lo veo muy positivo.

Argentina, por sus propios problemas económicos y todo lo que generan los cambios, los vértigos que te generan estos gobiernos, que viene uno, te lleva a un lugar, viene el otro, te pone en otro lugar, y son tan extremos que estamos sufriendo un montón como sector. Eso, de alguna manera, nos va a complicar un poco. Hay que ver cómo salimos al final.

- Hay quienes sostienen que en Argentina sobran hectáreas de viñedos y que la producción debería reducirse para mejorar la situación de los productores. ¿Coincidís?

- En Argentina, en realidad, no sobran hectáreas, faltan ventas. Si vos analizás lo que está pasando hoy en el mercado interno, hoy no hay consumo, pero no es que no hay consumo de vino, no hay consumo de nada. Todas las actividades industriales están sufriendo muchísimo.

Nosotros no dejamos de ser una actividad industrial, de alguna manera un poco más artística, porque tenemos la pasión, tenemos un montón de cosas que involucran el terruño, el tipo de uva, pero no dejamos de ser un proceso industrial que tiene un valor agregado desde la producción primaria.

Después hay un análisis que yo hago que me parece superimportante: ¿cuánto dinero ya hay invertido en viñedos? Reinvertir eso en un país como la Argentina, donde prácticamente no existe el crédito para una industria como esta, ni las tasas ni los plazos, es una pena abandonar hectáreas, porque no las vamos a poder recomponer.

- ¿Cómo estás viendo la situación de los productores del Valle de Uco, donde se elaboran algunos de los mejores vinos argentinos?

- El Valle de Uco es de las mejores zonas del mundo. Podemos afirmar eso porque realmente los vinos son sobresalientes. Lo veo complicado porque no hay rentabilidad. Cuando no hay rentabilidad, no podés invertir, no podés reinvertir, cambiar un palo, el alambre, arreglar el pozo, el tendido eléctrico o cambiar un tractor.

Entonces, se te empieza a venir la producción, empieza a ser muy ineficiente, los costos aumentan en detrimento de la producción. Te sube el costo operativo y te baja el rendimiento, tenés como la doble imposición.

- ¿También se están perdiendo viñedos en esas zonas de alta calidad?

- Definitivamente, eso está pasando. Hay gente que sigue soportando porque no vive de ese negocio, entonces han decidido mantener el viñedo. Pero a 1.500 o 2.000 dólares por hectárea de pérdida operativa anual, vos pensás, una finca de 50 hectáreas son 75.000 o 100.000 dólares de pérdida operativa. No hablemos de amortizaciones, no hablemos de nada más. Con lo cual empiezan a abandonar, porque dicen: che, hagamos menos, hagamos menos, hagamos menos. Y eso va en detrimento de la producción al final. Esto va a pasar, está pasando, de hecho.

- ¿Cómo se sale de este círculo?

- Vendiendo más y con condiciones favorables. Yo creo que el enfoque que le ha dado el Gobierno nacional a la economía argentina está bien de alguna manera. Está bueno que cambien las condiciones, que veamos que la economía sea más real, que no tengamos tanta inflación, que no tengamos tantas devaluaciones. Todos necesitamos una cierta estabilidad, pero ha sido un apretón demasiado fuerte, en muy poco tiempo. Afectó el consumo y, obviamente, está afectando la producción primaria.

Yo lo he dicho en muchas reuniones del sector: se están cayendo los productores, pero se van a empezar a caer las bodegas. Porque llega un momento que la variable de ajuste, que fue el productor, ya no la tenés, porque desaparece, y vos tenés que producir la uva. Entonces vos mismo sos tu variable de ajuste.

- ¿Qué herramientas podrían ayudar a sostener la actividad?

- Yo creo que hay una manera de resolver algo que sería importante: cómo aguantar el stock. Porque deshacerse del stock, tanto en uvas, hectáreas, como hablamos, y litros de vino, para mí es un error garrafal en una industria que cosecha una vez por año.

Se podría financiar eso con un crédito a largo plazo, con una tasa razonable, que te permita soportar el stock y no malvender. Hubo una herramienta del Banco de Vinos en algún momento, no sé qué pasó con eso. Para mí está desactivado ahora.

- ¿Por qué Argentina no logra crecer de manera sostenida en los mercados internacionales?

- En la pandemia se exportó muchísimo y los clientes sobreestimaron el consumo de vino pospandemia. Ese sobrestock que quedó en el mercado costó mucho licuarlo. Tengo mucho contacto con mucha gente y recién ahora están saliendo del problema.

Yo creo que la recomposición la vamos a empezar a ver a partir del año que viene. En el caso particular nuestro, estoy viendo que nuestra demanda de a poco va mejorando y va creciendo un poquito. No va a ser exponencial el crecimiento.

Convengamos que Argentina entró y salió del mercado muchas veces por las mismas condiciones macroeconómicas. Todo eso hizo que las bodegas que tenían un determinado espacio de mercado se retiraran porque ya no era negocio.

Si Milei logra llegar al otro lado del río, no lo sé todavía, probablemente encontremos una estabilidad que nos proyecte de otra manera hacia el mercado internacional. Pero la realidad es que ni siquiera eso lo tenemos garantizado, porque no sabemos cuál es el plan.

- ¿Qué mercados muestran mayores oportunidades para el vino argentino?

- Nosotros siempre tuvimos como mercados objetivos Inglaterra, Estados Unidos, muy fuerte. Después se habló mucho de China y, para mí, nos olvidamos de Latinoamérica.

Yo creo que el futuro de la Argentina está en Latinoamérica. Los latinoamericanos aman la Argentina, les gusta visitar la Argentina, tenemos afinidad gastronómica, tenemos afinidad de idiomas, tenemos proximidad en vuelos, en conectividad.

Podemos ver Europa, Inglaterra, Estados Unidos, son mercados importantes, pero para mí el futuro de la Argentina está en Latinoamérica con mucha diferencia.

Las diferencias con España

- También elaborás vinos en España. ¿Qué diferencias encontraste respecto de Argentina?

- Lo que más aprendí es cuán lejos estamos de poder trabajar de una manera organizada, con visión de largo plazo, con un sistema financiero acorde para una industria como la nuestra.

El sistema financiero en España tiene muchas ayudas, eso es real, pero son ayudas muy bien dadas y muy bien direccionadas. La Unión Europea decide, por ejemplo, fomentar el trabajo en las zonas rurales. Entonces, si necesitás comprar una embotelladora que cuesta 50.000 euros, podés conseguir un subsidio del 40% de esa inversión. Ahora, ellos te piden que des trabajo a una persona más, que hagas algunas cosas para mejorar el ecosistema del lugar.

Nosotros armamos un proyecto de inversión de 120.000 euros. El banco preguntó: “¿Cómo lo va a amortizar?”. En 12 años. “Listo, te voy a dar el crédito en 12 años. ¿Cuándo empieza a producir?”. Dentro de tres. “Ok, tres años de carencia”. Cero estrés financiero.

Por eso te decía que para no perder stock ni de vino, ni de hectáreas, ni de uva, necesitás un esquema financiero de ese perfil, que te reperfile la deuda en un período acorde a este sector, con una tasa acorde a este sector.

- ¿Qué riesgo implica perder las inversiones realizadas en las últimas décadas?

- Vamos a perder muchísimo capital. Son millones de dólares que están invertidos en capacidades que encima son buenas, no es que son ranchos viejos o elefantes blancos, son buenas instalaciones para hacer buenos vinos.

Después se plantó mucho viñedo del 2000 en adelante, nuevo viñedo con nuevos pensamientos, con otra tecnología, riego por goteo. ¿Lo vamos a perder ahora? Veinte años más tarde, cuando estos viñedos están entregando la mejor calidad que pueden entregar.

Nosotros llevamos 25, 30, 40, 50 años, y mi hijo continúa. Ojalá la bodega esté en 100. Y los gobiernos están cuatro. Por una política desacertada o poco empática para un sector, o para varios sectores, vamos a perder lo que lleva 50, 60 años construir.

- ¿Cómo se están preparando para la próxima temporada?

- La verdad que lo estamos sosteniendo, estamos haciendo funcionar a la bodega, con altibajos, con algunos problemas. Por suerte, los bancos nos ven bien, con lo cual el sistema financiero nos está apoyando.

Estamos preparando los viñedos, trabajando con los agrónomos, preparándonos para un año que aparentemente viene más lluvioso. Entendemos que nuestro futuro es seguir trabajando y queremos seguir haciendo esto. Si somos muy buenos haciendo una actividad, tenemos que tratar de maximizarla y sostenernos ahí.

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