Los jóvenes de la nueva generación rural han elegido enfrentar la crisis, la falta de financiamiento para quedarse en la tierra de la familia. No solo quedarse sino también aportar, mejorarla y dar lo mejor de sí con las herramientas que poseen y que aprenden. La nueva entrega de Fuerza Productiva, el audiovisual de Los Andes que visibiliza las historias de asociativismo y cooperativas, esta vez eligió contar nuevos modos de apostar por el campo y agregar valor.
Con la conducción de la periodista Diana Chiani y Nicolás Vicchi, gerente general de Acovi, el programa reunió a dos jóvenes que representan distintas experiencias, pero comparten una misma elección: construir un proyecto productivo en Mendoza.
Los invitados fueron Milagros McDonnell, administradora de empresas de 25 años, al frente de Finca La Cristina y de la marca de pistachos Anushka. También estuvo Fabio Zamora, enólogo de 31 años y creador del proyecto vitivinícola Cabrita Negro, en San Rafael.
Paciencia y largo plazo
Milagros McDonnell decidió regresar a la base familiar para desarrollar un proyecto de producción de pistachos e incorporar aceite de oliva virgen extra. A sus 25 años, eligió involucrarse en una actividad que, por sus propios tiempos, se encuentra lejos de la inmediatez que suele caracterizar a las nuevas generaciones.
En su caso, la apuesta pasa por transformar la producción primaria, agregar valor y construir una marca. También por continuar un legado familiar vinculado a la tierra y a la actividad agrícola. “No se trata de dejar la planta 15 años, volver y ser millonario, no funciona así”, comentó la joven.
Durante el programa, McDonnell planteó además las dificultades que enfrentan las pequeñas fincas frente a una estructura de exigencias burocráticas que, según explicó, muchas veces resulta difícil de afrontar para emprendimientos de menor escala. A esto se suma el desafío de sostener una actividad que requiere tiempo, inversión y planificación antes de obtener resultados.
Su experiencia también permitió poner en discusión la idea de que emigrar al exterior constituye necesariamente un camino más sencillo para los jóvenes. Frente a esa alternativa, su decisión fue quedarse y desarrollar una oportunidad en Mendoza.
Del garaje familiar a una bodega propia
La historia de Fabio Zamora tiene otro punto de partida, pero una lógica similar. Con 31 años, el enólogo sanrafaelino decidió poner en marcha su propio proyecto vitivinícola mientras continúa trabajando dentro del sistema cooperativo. Para comenzar, convirtió el garaje de su casa en una pequeña bodega.
Un tanque usado, la vieja prensa de su abuelo y los espacios disponibles en la vivienda fueron parte de los primeros recursos para poner en marcha Cabrita Negro. Incluso los autos tuvieron que quedar afuera para hacer lugar a la producción. El proyecto creció a partir de la reinversión de las ganancias, en un proceso que refleja una de las principales dificultades que atraviesan los pequeños productores: la falta de financiamiento productivo a tasas razonables.
Fabio también puso sobre la mesa el costo que tiene para un emprendimiento productivo crecer sin acceso al crédito. En actividades como la vitivinicultura, donde las inversiones requieren tiempo para madurar, la disponibilidad de financiamiento puede marcar la diferencia entre avanzar, postergar proyectos o directamente abandonar.
Agregar valor
Las historias de McDonnell y Zamora muestran dos caminos distintos dentro de una misma generación. Una apuesta por los pistachos y el aceite de oliva; la otra, por la elaboración de vinos. En ambos casos, sin embargo, aparece una decisión común: permanecer en Mendoza y transformar recursos familiares en nuevos proyectos productivos.
La elección de quedarse no implica desconocer las dificultades. Por el contrario, ambos casos están atravesados por los problemas que enfrenta el sector: la falta de crédito, los costos, las exigencias burocráticas y los largos plazos que demanda la producción agropecuaria.
Pero también muestran una mirada diferente sobre el campo y las actividades tradicionales. Para estos jóvenes, continuar con la producción familiar no significa simplemente conservar lo existente, sino buscar nuevas alternativas, incorporar valor, desarrollar marcas y construir proyectos propios.