29 de septiembre de 2026 - 07:30

Fuerza Productiva: cómo integrarse permite bajar costos y agregar valor

El programa de Los Andes reunió tres experiencias mendocinas de asociatividad para ganar escala, mejorar procesos y abrir mercados.

En la quinta entrega de Fuerza Productiva se planteó los modos en que la asociatividad agrega valor y escala al tiempo que mejora la competitividad de las partes. Asociarse no siempre resulta sencillo, pero en la mayoría de los casos es efectivo.

El audiovisual de diario Los Andes, que habla sobre cooperativas y cómo este modelo suma posibilidades, es conducido por Nicolás Vicchi, gerente de la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas (Acovi), y la periodista de la sección Economía Diana Chiani.

En sectores donde predominan productores y empresas independientes, coordinar decisiones, compartir información y establecer objetivos comunes es un desafío que vale la pena. La integración aporta herramientas para mejorar la previsibilidad, acceder a la tecnología, reducir costos y fortalecer la posición frente al mercado.

En este marco, la entrega de Fuerza Productiva reunió las experiencias de José Pierantonelli, de la Asociación Tomate 2000; Manuel Viera, de la Asociación de Frutos Secos de Mendoza; y de Facundo Quirós, de la Cámara de Cerezas de Mendoza. Desde diferentes actividades productivas, los invitados relataron en primera persona que asociarse no implica perder autonomía sino ganar fuerza al unir problemáticas y soluciones.

Tomate 2000 y la clave de la previsibilidad

La experiencia de la Asociación Tomate 2000, representada por José Pierantonelli, permitió abordar un modelo de integración en el que participan productores, industria, servicios e instituciones. Uno de los conceptos centrales en esta modalidad es el de clúster, entendido como una forma de articulación entre distintos actores vinculados con una actividad productiva.

En este esquema, la integración permitió avanzar sobre aspectos como la trazabilidad, las buenas prácticas, la asistencia técnica y el acceso a financiamiento. La coordinación también sirvió para generar mayor previsibilidad y que el productor a través de contratos de largo plazo y una organización que permite aprovechar economías de escala.

“La integración permite tener previsibilidad y trabajar con economía de escala”, destacó Pierantonelli entre otras ideas clave. La lógica es que determinadas funciones puedan realizarse con una escala que difícilmente podría alcanzar un productor por sí solo. No solo en los contextos desafiantes como el actual sino como un modo de aportar claridad a los productores de tomate para industria.

El desafío de asociarse

El segundo caso corresponde a Manuel Viera, de la Asociación de Frutos Secos de Mendoza, quien puso el foco en una de las dificultades centrales del asociativismo que es la participación. La creación de organizaciones sectoriales no garantiza por sí misma que los productores se involucren de manera activa.

Para el referente, existe una dificultad concreta para involucrarse y sostener espacios colectivos más allá de los beneficios que se obtienen. “Nos cuesta asociarnos porque tenemos una crisis de participación”, comentó Viera. Agregó que dicha dificultad también alcanza a las dirigencias en líneas generales.

La participación no es un tema menor sino una condición necesaria para que las organizaciones puedan representar intereses comunes, generar información, brindar asistencia y construir una agenda para un sector que atraviesa una creciente demanda. El caso de los frutos secos –la estrella del sector por su mejor situación global- permitió poner sobre la mesa otro desafío: evitar que los ciclos de expansión de una actividad generen desequilibrios cuando el crecimiento de la producción no está acompañado por una planificación suficiente.

Cerezas y la necesidad de actualizarse

La experiencia de la Cámara de Cerezas de Mendoza, representada por Facundo Quirós, introdujo otro aspecto de la integración: la necesidad de coordinar esfuerzos para mejorar la calidad y aprovechar oportunidades de mercado. En este caso, la discusión pasa por la inversión, la tecnología, la fruticultura de precisión y la rentabilidad.

Mendoza cuenta con una ventaja vinculada con su posibilidad de producir temprano, una característica que puede resultar relevante para acceder a determinados mercados dado que se sale antes. Pero esa oportunidad requiere inversiones y una estrategia orientada a la calidad. “El cliente está dispuesto a pagar por una fruta premium y hay que dársela”, señaló Quirós.

En esa misma línea, la experiencia chilena suele ser una referencia para Mendoza y la cereza no es la excepción. “Los chilenos están a la vanguardia de la producción”, planteó el dirigente al analizar el desarrollo de la actividad. Si bien Mendoza no se queda atrás con la calidad, la posibilidad de integrarse es una herramienta para incorporar tecnología, establecer estándares de calidad y generar condiciones para competir en mercados más exigentes.

Las tres experiencias muestran diferentes dimensiones de un mismo desafío. Asociarse puede permitir compartir información, mejorar procesos, acceder a servicios y tecnología y generar una escala que reduzca costos o facilite el acceso a capacidades que individualmente serían difíciles de sostener.

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