Lo que nació a mediados de 2001 como un recurso extremo para hacer frente a la escasez de liquidez y al colapso económico hoy se ha transformado en un codiciado documento material de la historia argentina.
A más de dos décadas de su emisión en la Provincia de Buenos Aires, la cuasimoneda bonaerense resurge en el mercado numismático.
Lo que nació a mediados de 2001 como un recurso extremo para hacer frente a la escasez de liquidez y al colapso económico hoy se ha transformado en un codiciado documento material de la historia argentina.
Creado oficialmente el 19 de julio de 2001 mediante la Ley 12.727 bajo la gobernación de Carlos Ruckauf, el Bono de Cancelación de Obligaciones de la Provincia de Buenos Aires, popularmente conocido como Patacón, fue concebido para abonar salarios de empleados públicos, proveedores y contratistas.
Pese a ofrecer un rendimiento anual del 7 % y carecer de curso legal nacional, el estallido del "corralito" impulsó su uso masivo en comercios y servicios cotidianos. Más de dos décadas después del fin de su poder cancelatorio a fines de 2003 y de su rescate definitivo en 2006, la cuasimoneda vive una segunda vida en el circuito notafílico.
El caso más llamativo registrado en comercios especializados corresponde a un patacón de 100 pesos, serie A (catálogo Col. 225), en estado AU (casi sin circular), publicado en la tienda El Griego72 Numismática por un valor solicitado de USD 350.
En el coleccionismo de billetes, el valor comercial no responde a la nostalgia sino a estándares técnicos rigurosos de preservación. La clasificación UNC (Uncirculated o sin circular) se reserva para piezas impecables, sin dobleces ni desgaste, las cuales concentran los precios más elevados, mientras que el grado AU (About Uncirculated) distingue a ejemplares con señales mínimas de manipulación.
Para una emisión tan abundante como la del Patacón, las marcas de uso frecuente reducen de forma marcada el interés comercial. En las denominaciones bajas (1, 2 y 5 pesos), las piezas usadas en condición F o VF suelen oscilar entre $2.000 y $5.000, mientras que las unidades impecables en estado UNC alcanzan franjas de $8.000 a $18.000.
A modo de referencia orientativa en tiendas especializadas como Binumis, un billete de 1 peso VF cotiza en $4.200, uno de 5 pesos VF en $8.500, y un ejemplar de 2 pesos en condición AUNC asciende a $17.000.
El salto de cotización se vuelve más evidente en las denominaciones mayores y ante la presencia de particularidades de imprenta o tiradas acotadas. Los billetes de 10, 20, 50 y 100 pesos concentran los valores más altos cuando conservan un óptimo estado.
Un patacón de 10 pesos de 2001 en estado VF se ubica en $13.600, mientras que piezas de 20 pesos en calidad AUNC y 50 pesos en VF se han publicado en $59.500 y $42.500, respectivamente. Además, las variantes de impresión despiertan un alto interés entre los coleccionistas: un billete de 10 pesos serie B sin tinta OVI (ópticamente variable) en calidad UNC se ofrece en $25.500, valorando la escasez de este elemento de seguridad siempre que sea una anomalía auténtica.
Asimismo, la Serie A, emitida en 2001 por aproximadamente $614,7 millones, resulta sustancialmente más acotada que la Serie B, lanzada en 2002 por unos $2.703 millones, lo que otorga una prima a los ejemplares de la primera serie bien conservados.
Frente a la aparición de publicaciones en plataformas de comercio electrónico que solicitan hasta $700.000 por un patacón, los especialistas aconsejan actuar con cautela. Dichas cifras obedecen a pretensiones aisladas de vendedores que no reflejan operaciones reales ni el valor efectivo de mercado.
Para establecer una referencia confiable, los expertos recomiendan examinar ambas caras del billete, revisar sus márgenes, pliegues y medidas de seguridad, y cotejar valores con casas numismáticas consolidadas y subastas.