4 de diciembre de 2016 - 00:00

Dos personalidades en la transición

Los escépticos de Trump tienen la esperanza de que cuando llegue a la presidencia el empresario impetuoso revelará un lado serio. Sus partidarios, quieren que mantenga el desenfado que sacudió a Washington. Hasta ahora, con el verdadero estilo Trump, el presidente electo está haciendo ambos roles.

Trump ha calmado algunas inquietudes del establishment republicano con muchos de sus nombramientos al Gabinete, incluso el del respetado general retirado James Mattis para encabezar el Pentágono y al legislador de Georgia y cirujano ortopedista Tom Price para el Departamento de Salud y Servicios Humanos.

Ha dado indicios de que está abierto a cambiar algunas de sus políticas más controvertidas, entre ellas su rechazo al cambio climático y el apoyo a la tortura. Ha elogiado al presidente Barack Obama y en general ha sido respetuoso con la que fue su rival de campaña Hillary Clinton.

Sin embargo, Trump también se ha negado a abandonar los mítines estridentes y las acusaciones temerarias en Twitter que definieron su campaña presidencial. Sigue haciendo declaraciones sin fundamento ni evidencia, aseverando por ejemplo que millones de personas votaron ilegalmente en las elecciones. Ha dado al proceso de elección del Gabinete -normalmente serio- un toque de drama televisivo.

A pesar de su reputación de decir las cosas directas, Trump se alimenta de una profunda necesidad de agradar, de acuerdo con gente que lo conoce de hace mucho tiempo. Él frecuentemente modera su tono y trata de complacer a su audiencia diciéndoles cosas que quieren escuchar.

No obstante, también parece estar sumamente consciente de que los entusiastas partidarios que lo impulsaron a la Casa Blanca están observando atentamente para ver si va a olvidar sus promesas de sacudir el sistema político.

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