"Anatoli, ven por aquí, hay muchos”. Los bomberos avanzan lentamente entre los trigales del este de Ucrania marcando con un palo con un trapo blanco atado en un extremo los lugares con restos humanos de los pasajeros del vuelo MH17 de Malaysia Airlines.
Los restos del avión se esparcieron en varios kilómetros cuadrados en la campiña, en los alrededores del pueblo de Grabove, en el este de Ucrania, cerca de la línea del frente entre separatistas pro rusos y fuerzas gubernamentales.
Pero más de 12 horas después de la catástrofe, decenas de cuerpos y de restos humanos siguen desperdigados por la zona.
Un juego de cartas y una guía turística recuerdan que muchas familias se iban de vacaciones. Un brazo sobresale de un asiento volcado en un hoyo. Cerca, los socorristas han juntado las maletas y bolsas de viaje sobre un talud.
A unos cientos de metros de allí, en otro punto de impacto, un ala cargada de querosén calcinó completamente un campo.
También se ven dos reactores retorcidos, un trozo del tren de aterrizaje y pedazos del fuselaje con hileras de ventanillas.
La devastación es total, el metal se fundió y volvió a solidificarse en forma de charco. Aquí, casi no se ven restos humanos entre las ruinas ennegrecidas por el incendio.
A lo lejos, los perros están encerrados. Los pocos combatientes separatistas que se encuentran en el lugar se proponen disparar a cualquier animal que se acerque a los restos humanos.
Los insurgentes, conscientes de que se les responsabiliza de la catástrofe, desmienten tener nada que ver con ella y se han comprometido a proteger la zona y facilitar el acceso a los investigadores.
Los separatistas pro rusos también propusieron una tregua con fines humanitarios, pero este viernes por la mañana aún se escuchaban explosiones muy esporádicas en el sector. Según los socorristas, se ha encontrado una caja negra.
Los habitantes de la aldea cercana al lugar de la catástrofe no se han acercado, todavía conmocionados por lo ocurrido.
“¡Se da cuenta! Es como si un edificio de tres plantas estuviera a punto de caérsenos encima”, dice Pavel, un granjero de 45 años que todavía no se lo cree.
“Estoy conmocionado, no lo olvidaré nunca, estuvimos a punto de morir. ¿Nota como huele a muerte?”, pregunta mientras señala con el brazo un gran trozo de fuselaje a unos cientos de metros de su casa.
Unos hombres del ministerio de Situaciones de Emergencia pasan por allí con un nuevo fajo de palos bajo el brazo.“No los encontraremos nunca a todos, están en un perímetro de 25 kilómetros”, susurra un oficial de los bomberos a uno de sus hombres.
Perdió familia en los 2 vuelos
La australiana Kaylene Mann sufrió las dos tragedias aéreas de Malaysia Airlines en carne propia. En el avión desaparecido en marzo viajaban su hermano y su cuñada; ahora en el que fue derribado en Ucrania murió su hijastra. “Trajo todo de nuevo. Es como si nos rasgara las entrañas de nuevo”, manifestó con incredulidad Greg Burrows, el hermano de Kaylene.
En la primera tragedia, la mujer sufrió las pérdidas de su hermano Rod y de su cuñada María, que viajaban a bordo del vuelo 370 cuando desapareció en marzo. Ayer se enteró de que su hijastra, Maree Rizk, murió junto con otros 297 personas en el Vuelo 17. La hijastra viajaba junto con su esposo Albert, ambos de Melbourne y regresaban a Australia después de unas vacaciones de cuatro semanas en Europa. A pesar de la doble tragedia, el hermano de Kaylene dijo que no guarda resentimientos contra Malaysia Airlines. “Nadie podía predecir que iban a ser derribados. Eso estaba fuera de sus manos”.
Condiciones para investigar
Estados Unidos fijó las condiciones que serían necesarias para la investigación del aparente derribo el jueves de un avión malasio en la zona en conflicto en Ucrania, al exigir una pesquisa "creíble” y que se preserven los restos del siniestro en el lugar.
En una llamada telefónica al presidente de Ucrania, Petro Poroshenko, y al primer ministro de Malasia, Najib Razak, el mandatario estadounidense Barack Obama advirtió contra cualquier desaparición de pruebas en el lugar del siniestro.
La Casa Blanca informó que Obama le dijo al primer ministro holandés, Mark Rutte, que “está dispuesto a contribuir con asistencia inmediata” para que se realice “una investigación internacional rápida, completa, creíble y sin trabas”.
Ambos estuvieron de acuerdo en la necesidad de garantizar “acceso inmediato al sitio del incidente para facilitar la recuperación de los restos y conducir una investigación exhaustiva”.
El secretario de Estado estadounidense, John Kerry, reforzó el pedido de una investigación internacional “creíble” y se dijo “horrorizado” por el derribo de la nave de la aerolínea malasia, que aún está investigando la misteriosa desaparición de otro avión en marzo.
La gravedad del drama y su carácter inesperado (los precedentes de aviones derribados al sobrevolar una zona de conflicto son raros) tienen una primera consecuencia: demuestran que “lo que ocurre en Ucrania es en efecto una guerra, que no estamos en un contexto de conflicto local”, estima Camille Grand, director de la Fundación de Investigación Estratégica (FRS).