La alianza que sellaron esta semana la ex candidata presidencial brasileña, la ecologista Marina Silva, y el Partido Socialista Brasileño (PSB) no logró arrebatar el liderazgo que mantiene la presidenta Dilma Rousseff en las encuestas de intención de voto para la elecciones de 2014, que la ubican hoy como virtual triunfadora con el 42% de preferencias.
El sondeo, publicado tras la conformación de la alianza de centroizquierda es encabezado por Rousseff con el 42%, seguida por el senador Aecio Neves (21%), del Partido de la Socialdemocracia (PSDB), principal fuerza de oposición, liderada por el ex mandatario Fernando Henrique Cardoso.
En el tercer lugar de las preferencias se ubica, con 15% de adhesiones, el gobernador del estado de Pernambuco, Eduardo Campos, del PSB, hoy aliado de Silva, ex ministra de Rousseff, quien quedó tercera en la elección que llevó a la Presidencia a la actual mandataria.
La alianza Campos-Silva causó sorpresa en el ámbito político, e incluso motivó a Rousseff analizar el tema en una larga reunión que mantuvo esta semana en Brasilia con su principal consejero, el ex mandatario Luiz Lula da Silva.
La encuesta de Datafolha indica que la nueva alianza, que en principio tendría como candidato presidencial a Eduardo Campos, no logró arrebatar el favoritismo de Rousseff, quien probablemente se presentará como candidata del gobernante Partido de los Trabajadores en las elecciones de octubre 2014.
En ese sentido Rousseff aseguró ayer que no piensa en las elecciones del año que viene porque tiene la obligación de gobernar. "Tengo la obligación de cuidar del gobierno, es una obligación no sólo moral, también es política y ética con mi pueblo. Si me quedo pensando en las elecciones del año que viene no gobierno" declaró, tras conocerse las encuestas.
Un primer análisis de esos números confirma la recuperación de la popularidad de la Presidenta luego de la debacle sufrida por su imagen debido a las multitudinarias, e inéditas, manifestaciones de junio en decenas de capitales cuando hubo demandas contra la Copa del Mundo, el transporte, la corrupción y la salud, entre otros reclamos.
Ningún político resultó ileso ante el efecto destructivo que sobre sus imágenes tuvieron las marchas en las que también hubo una diseminada expresión de hastío hacia la dirigencia.
La excepción a esa regla fue Silva, cuya imagen no sólo siguió creciendo, sino que fue una de las más apreciadas por los cientos de miles de inconformes volcados a las calles de San Pablo, Río de Janeiro, Brasilia y otras grandes ciudades.
Según la simulación de Datafolha, en un eventual pelea electoral con Silva como candidata, Rousseff obtendría el 39 por ciento de los votos válidos.