La defección esta semana en Estados Unidos de Niloofar Rahmani, primera mujer piloto de Afganistán y apodada la “Top Gun afgana”, provocó un intenso debate en el país sobre la inseguridad y los derechos de las mujeres.
La defección esta semana en Estados Unidos de Niloofar Rahmani, primera mujer piloto de Afganistán y apodada la “Top Gun afgana”, provocó un intenso debate en el país sobre la inseguridad y los derechos de las mujeres.
La mujer de 25 años debía regresar a su país el sábado, tras una formación de 15 meses con el ejército del aire estadounidense. Pero, la víspera de su partida, declaró que no viajaría a Afganistán porque temía por su seguridad, y dijo que iba a solicitar asilo político en Estados Unidos.
Su decisión ha suscitado numerosas críticas en su país y también muchos mensajes de apoyo.
“Lo que dijo en Estados Unidos fue irresponsable e inesperado. Iba a ser un modelo para los jóvenes afganos”, declaró un portavoz del ministerio de Defensa, Mohamed Radmanesh. “Traicionó a su país. Es una vergüenza”.
Rahmani simbolizó la esperanza para millones de mujeres afganas cuando se convirtió en la primera mujer piloto de Afganistán, un país muy conservador.
El Departamento de Estado norteamericano le dio entonces su premio internacional a las “mujeres valientes”. Pero la celebridad ha conllevado numerosas amenazas de muerte por parte de los radicales islamistas afganos y el desdén de muchos colegas masculinos.
La joven, entrevistada el año pasado, confesó que siempre llevaba una pistola encima para protegerse y que nunca vestía su uniforme fuera de la base militar para no llamar la atención.
Para ella ha sido “muy difícil” tomar la decisión de pedir asilo en Estados Unidos, explicó su abogada Kimberly Motley. “Niloofar y su familia recibieron amenazas brutales que, por desgracia, confirmaron que su seguridad estaría muy amenaza si volvía a Afganistán”, agregó.
“La verdadera traición a Afganistán procede de quienes amenazan su vida y la de su familia, y de quienes siguen oprimiendo a las mujeres”, opinó la letrada.